Uno de los filetes de aire (el derecho en la figura)
ataca á la arena, y el otro se reúne al primero para arrastrarla,
así removida, al tubo que la conduce sobre el carril bajo la rueda.
Cuando son varias las ruedas acopladas, la arena no obra sobre las que están
delante del tubo del arenero; con el arenero Gresham, no parece tampoco poder
actuar mucho sobre las ruedas que siguen á la tocada por el chorro
de arena. Duplícanse algunas veces los aparatos areneros sobre las
máquinas de tres y cuatro ejes acoplados. Muchas locomotoras, y aun
las máquinas-ténder, no llevan tubos sino en la parte delantera,
lo que hace que la marcha, atrás se haga difícil. Cuando el
marchar hacia atrás es frecuente, la adición de tubos dando
arena detrás de la rueda motora es necesaria., (fig. 91). Debe evitarse
e! proyectar arena sobre las agujas, ya que su intromisión entre lengüetas
ó espadines es perjudicial á su maniobra. (2).
63. Lavado de los carriles. —
Sobre un rail bien mojado, la adherencia es próximamente la misma
que sobre un rail seco: basta pues lavar un carril á gran chorro para,
que cese de ser resbaladizo. Sobre ciertas líneas de fuertes rampas,
donde el gran consumo de arena exige un desescombro frecuente de los túneles
y aumenta el desgaste de los railes y de los aros, se ha provisto á
las locomotoras de aparatos para lavar los carriles: unos tubos insistiendo
delante de la locomotora envían sobre los railes el agua tomada al
ténder y lanzada por un filo de vapor.
64. Esfuerzos de tracción
de la locomotora. —
Las condiciones de adherencia imponen un límite variable á
la fuerza de tracción de una locomotora; la fuerza de tracción
es producida por el vapor, y no traspasa de ciertos valores. Hay que evitar
toda confusión entre estos dos límites del esfuerzo de tracción;
si el esfuerzo que puede producir el vapor excede del que la adherencia permite
utilizar en ciertos momentos, es posible el reducir este esfuerzo; puede también
mejorarse la adherencia con ayuda de la arena, ó de otro modo, esta
se mejora espontáneamente en ciertos días, y en determinadas
estaciones del año. Pero si es el esfuerzo motor el que es débil,
por grande que sea, la adherencia, no hay más remedio: no podrá
traspasarse este esfuerzo.
En otros términos, podemos llegar á un triste caso, no sin
pena, es verdad, cuando la adherencia del motor es insuficiente, pero es imposible
remediar esta debilidad. (3)
Desde que se construyen máquinas potentes, reduciendo en lo posible,
el peso de las piezas, ocurre con frecuencia que la adherencia es floja con
relación á la potencia: por tal razón se ha recargado,
de intento, el peso de las locomotoras, sin otro motivo. Sobre líneas
planas, donde las máquinas de mercancías remolcan trenes pesando
700, 800 y más toneladas, la, adición de algunas toneladas á
la máquina no se hace sensible, si se las compara, á la carga
total. Pero sobre las líneas de montaña, con rampas de 20,
y de 40 mm. por metro, el peso que puede arrastrarse no es muy grande: si
este peso desciende á 80 ó 100 toneladas, algunas toneladas
de mas cargadas á la máquina, que reducen un tanto la carga
útil del tren, no son indiferentes: hay que mirarse mucho en eso de
sobrecargar expresamente las locomotoras, para mejorar la adherencia. Es conveniente
buscando esta adherencia, llevar en lo posible el peso al motor, principalmente
suprimiendo los tenders separados.
El esfuerzo de tracción, que ordinariamente está indicado
sobre el cuadro de las dimensiones de las locomotoras, está calculado
como sigue. Si el vapor, tomado á la mayor presión que deba
soportar la caldera, empuja el pistón en su total carrera, sin ninguna
retención de expansión, comunicando su otra cara con los conductos
del escape, obtendrase el mayor trabajo posible por cada golpe del pistón.
Este trabajo es igual á la fuerza que empuja el pistón multiplicada
por su carrera; con un pistón de 45 cm. de diámetro, cuya superficie
sea de 1.590 cm.
2, y una caldera timbrada á 10 kg. esta
fuerza llega á 15.900 kg. Si la carrera es de 0,6 m., el trabajo será
15.900 x 0,6 ó 9.550 kilográmetros; para una vuelta total de
ruedas, como hay dos cilindros y cada, pistón hace una excursión
doble, el trabajo motor será cuatro veces mayor.
Por otra parte, el trabajo ejercido por la locomotora, para una vuelta,
de ruedas, es igual al esfuerzo de tracción medio aplicado entre las
ruedas y el rail, multiplicado por el camino recorrido en el tiempo en que
las ruedas dan una vuelta entera: este camino es igual á la circunferencia
de una rueda; siendo el diámetro de esta rueda, por ejemplo, de 1,400
m., la, circunferencia es aproximadamente de 4,400 m.
Si las fricciones ú otras resistencias no causasen ninguna pérdida
en las transmisiones del trabajo de los pistones (émbolos) á
las ruedas motoras, el trabajo del esfuerzo de tracción durante una
vuelta de ruedas sería igual al del vapor sobre los émbolos,
á 4 veces 9.550, ó sea, 38.200 kilográmetros en el ejemplo.
Este trabajo conocido es el producto del esfuerzo de tracción medio
por la longitud recorrida, 4,400 m: el esfuerzo de tracción es pues,
38.200 dividido por 4,400, ó 8.700 kg. próximamente.
Es esto lo que expresa la fórmula:
que, se reduce á

, en donde
p es la presión efectiva del vapor en kg. por cm.
2,
d el diámetro del cilindro en centímetros,
c
la carrera del pistón en metros, á contar cuatro veces por vuelta
de ruedas,
D el diámetro de las ruedas motoras, en metros.
En realidad, no puede desarrollarse un tan grande esfuerzo de tracción,
puesto que el vapor no trabaja nunca á plena presión durante
toda la carrera del pistón, y por que los frotamientos de que se ha
hecho más arriba mérito, son inevitables. Estímase que,
con las actuales disposiciones de las locomotoras no puede recogerse sino
al rededor de las dos terceras partes, ó 0,65 del trabajo calculado:
es este, el que indica la fórmula

. Esta reducción se estima al límite, y se dá el caso
de que las locomotoras desarrollan un esfuerzo superior.
Esta tracción es la que ejercen las ruedas motoras, y sirve no solamente
para tirar del tren, sino que á producir el avance de la locomotora
misma: el esfuerzo sobre el gancho de tracción de atrás que
anota, el dinamómetro, es pues menor. Por fin, la acción motora
de los pistones sobre las ruedas no es constante durante una vuelta, lo cual
no turba la igualdad del trabajo expresado, pero hay riesgo de que se produzca,
el patinage en ciertas posiciones de los pistones.
El esfuerzo de tracción, así calculado, no puede desarrollarse
por la locomotora durante mucho tiempo, á menos que no marche muy lentamente,
ya que la caldera no produciría todo el vapor necesario, que es desde
luego mal utilizado cuando no se detiene en los cilindros.
Para sacar todo el partido posible de las máquinas, importa darlas
las cargas del mayor peso remolcable: estas cargas dependen, para una máquina
dada, dé la velocidad de marcha, de las rampas y de las curvas, y del
estado atmosférico, que actúa sobre la, adherencia, así
como sobre las resistencias del tren. Y es en definitiva la vaporización
de la caldera la que impone un límite á la carga; no obstante,
á pequeña velocidad, las condiciones de la adherencia, pueden
algunas veces obligar á reducirla; ésta reducción es
muchas veces necesaria, para, no maltratar los enganches, que no pueden soportar
con seguridad sino un esfuerzo limitado a determinado número de toneladas.
Cuando las rampas no son largas, el ímpetu del tren permite franquearlas
más fácilmente. Las curvas causan una resistencia, que puede
asimilarse á la de las rampas de un cierto número de milímetros
por metro. En cuanto al efecto, muy variable, de las condiciones atmosféricas,
tiénense en cuenta, de una manera general, fijando las cargas para
invierno y para verano, y por medio de reducciones temporales ó excepcionales.
Sobre los caminos de hierro de París á Lyon y al Mediterráneo,
se ha calculado, para cada sección, una rampa ficticia que representa
el efecto de los declives reales y de las curvas; la sección es supuesta
presentando estas rampas ficticias en alineación recta, sobre toda
su longitud. Como los trenes mas rápidos pueden con facilidad suma
franquear por impulso ciertas rampas, resulta que la rampa ficticia tiene
menor valor para esta clase de trenes. Entiéndase bien que aquella
tiene dos distintos valores para cada sentido del trayecto. El cuadro adjunto,
dá como ejemplo, las rampas ficticias para las tres secciones de la
línea de París á Tonnerre. Estas rampas se indican en
milímetros y fracciones de milímetro por metro. Las velocidades
son las velocidades medias de marcha en la sección.
Velocidad en kilómetros
por hora
|
20
|
30
|
40
|
50 á 60
|
París á Montereau
|
3
|
2,7
|
2,4
|
2,25
|
Montereau á Laroche
|
2,5
|
2,3
|
2,1
|
2
|
Laroche á Tonnerre
|
2,75
|
2,55
|
2,35
|
2,25
|
Tonnerre á Laroche
|
3
|
2,7
|
2,4
|
2,25
|
Laroche á Montereau
|
2
|
1,6
|
1,2
|
0,8 á 0,5
|
Montereau á París
|
1
|
0,8
|
0.6
|
0,5
|
Cuadros especiales anexos á los itinerarios, dán para cada
serie de máquinas las cargas á remolcar para las diferentes
velocidades sobre las diversas rampas ficticias. Las cargas se calculan aproximativamente
en toneladas.
¡
(1) Para memoria solamente, citaré dos casos de casi
ausencia absoluta de adherencia. Durante el seco verano de 1884 en las estepas
del Guadarrama, cayó tal nube de langosta que nubló el sol en
un área de bastantes kilómetros. No hubo tren, circulando de
día que no perdiese por patinage 2 y mas horas. No bastaba arena, ni
escobas en los quita-piedras. La capa sobre el carril, cuyo olor al aplastarse
era insoportable, excedía de 10 cm. A la bajada fueron muchos los trenes
que rebasaron durante un mes las estaciones de Las Navas, Santa María
y Robledo. - N. del T.
(2) Felicítense de la introducción de estos
preciosos aparatos los que cada día habían de cargar el arenero,
de la pesada arena húmeda: los que en cada estación de las largas
pendientes del Pirineo, del Guadarrama y de Asturias, habían de cargar
con el cubo é ir á buscarla; los qne atravesaron los túneles
de la Cañada, Gainchurrizqueta de Ormaiztegui y Zumárraga,
con los de Pajares, expuesta la vida para que colase en alguna cantidad por
los tubos, y aquellos otros que subieron á pié desde Quintanilla
de las Torres á Barruelo en un día de agua-nieve para que no
se parase el tren, pala en mano, rebuscando entre el balasto algo que interponer
para recobrar la adherencia.
En lo qne respecta á carecer de tubos para la marcha atrás,
solo citaré un hecho que es una lección. La estación
de Olesa, línea de Z. á B. (Norte) está entre dos rampas
adversas como