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Una cantonada la desert Article publicat al diari “Avui” el 31/05/01 per Joan Agut
Lluís-Josep
Comeron, finalista del premi Josep Pla 2001, fou saludat per algun comentarista
de premsa com a un "jubilat en flor", un young sixtie, que,
depassada la seixantena, feia el seu debut en les lletres catalanes. Segons
l'esmentat comentarista -Xavier Bru de Sala-, el fet d'aparèixer
a una determinada edat "els compensa de l'absència total de
manies, compromisos i càlcul de paràmetres generacionals
o de qualsevol altre tipus. Escriuen, doncs, des d'una total, sorprenent
i envejable llibertat". VERSEMBLANÇA
D'EPISODI REAL No cal dir
que, tot i ser la seva primera novel·la, Lluís-Josep Comeron
no cau en cap dels paranys dels autors principiants no hi ha aspectes
autobiogràfics disfressats, ni ingenuïtats gratuïtes,
ni didactismes dissimulats. L'obra té la versemblança d'un
episodi real, perfectament creïble, en què les passions i
els deliris de l'ésser humà constitueixen els fonaments
i el perfil de la trama. I no solament això, perquè l'autor
es permet una incursió al surrealisme, que inicialment pot desconcertar
els lectors però que el desenvolupament de l'acció justifica
posteriorment. El fet que Lluís-Josep Comeron relati la cruel realitat
d'un personatge perdedor no priva que en destaqui molts aspectes positius
i divertits que es contraposen, en un joc de clarobscurs, per a donar
una imatge humaníssima de Joan Aldir, en Pipergin, de malnom, que
es resisteix fins al darrer moment a retre les armes de l'artista teatral
que sempre ha somiat representar els grans papers de la tragèdia
moderna.
Una cantonada al desert Un tipo que ronda los cincuenta apura su suerte en un cabaret. Lo dejó todo para ser un gran actor y ahora malvive en papeles de esperpento y trabajando para el doblaje. Para acallar su aflicción, declama en plena calle, en un periplo desgraciado hasta la cama de una señora gorda e insatisfecha que le estruja en ausencia de su marido. Joan Aldir, además, empina el codo: vino blanco, tinto, coñac y, a partir de medianoche, pipermint con ginebra (de ahí el mote: Pipergin). Cuando más negro parece su destino, Aldir regresa a su pueblo para actuar en una serie de televisión y mediar con las autoridades locales que recelan del proyecto. Recuerdo un episodio de "La dimensió desconeguda" en el que un tipo se colaba por una de aquellas fisuras espacio-temporales tan frecuentes en los años cincuenta. Volvía a su ciudad, entraba en un bar: el sabor de los helados era exactamente igual que treinta años antes y además costaban lo mismo. En la novela de Comerón, el recuerdo duele, el pasado no es ninguna ganga. Pero esos recuerdos dolorosos obligan al personaje a remontar y enfrentarse con la vida. En Vilaplana, Aldir seduce a una chica y consigue dinero de un colega. Comerón le concede una oportunidad: volverá a Barcelona y creará su propia compañía, contratará a un director de prestigio y hará un Cyrano. La última parte de la novela echa por tierra estas ilusiones y nos devuelve a la situación inicial, pero después de una serie de aventuras que invitan a reflexionar sobre la vocación, el talento y las ocasiones perdidas. En un panorama de absurdo vital y ficciones desquiciadas, Una cantonada al desert expresa una visión del mundo moderada, que tranquiliza el ánimo. De una situación extrema Comerón saca una novela bien proporcionada, con diálogos aprovechables, personajes secundarios con vida propia (actrices flebíticas, sastres enriquecidos y curas sin fe), que arropan al protagonista y mantienen el interés del relato. La novela combina diversos registros en dosis suficientes, sin abusar: descripciones socarronas o sarcásticas, diálogos y recitados -con sus correspondientes lapsus-, imágenes cinematográficas: un monólogo ante un auditorio inexistente, un barrido entre botellas de vino medio vacías, un libro que solito va pasando las páginas y se cierra de golpe. La experiencia de Lluís-Josep Comerón como guionista y director de cine se nota para bien. Con Una cantonada al desert uno tiene la sensación de estar leyendo algo que nunca había leído antes. Quizás no es uno de esos libros excepcionales, que se quedan con nosotros para siempre, pero sí una primera novela prometedora, llena de talento y humanidad. Una de las mejores de esta temporada.
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