Cronologia
Los presocráticos. (Guthrie).
Com són les coses?
Els pitagòrics (Manuals varis)
Heràclit i Parmènides
(Manuals varis): Què vol
dir que les coses SÓN?
Cronologia
-1600
Inici de la cultura micènica
-1230
Invasió dòria. Destrucció de les ciutats micèniques
-1190
Guerra de Troia
-800
Formació de les polis. Les monarquies van deixant pas a les
aristocràcies. Homer: Il•líada i Odissea
-776
Primera Olimpíada
-775
Primera colonització grega
-753
Fundació de Roma
-700
Les aristocràcies van deixant pas a les tiranies. Hegemonia de Milet
(Jònia). Hesíode: Teogonia i Els treballs i els dies.
-630
Primeres monedes gregues
-594
Reformes de Soló a Atenes.
-560
Tirania de Pisístrat a Atenes. Regnat de Cirus a Pèrsia.
-546
Comença el domini persa sobre Jònia. Cirus destrueix Colofó.
-540
Fundació d’Elea.
-525
Naixement del tràgic Èsquil
-518
Naixement del poeta Píndar
-510
Reformes democràtiques de Clístenes a Atenes.
-500
Rebel•lió de les ciutats jòniques contra els perses.
-490
Primera guerra mèdica: Marató.
-485
Inici de la construcció de l’Acròpoli
-484
Naixement de l’historiador Heròdot
-480
Segona guerra mèdica: pas de les Termòpiles i batalla de Salamina
-479
Batalla de Platea
-477
Atenes forma la Lliga Dèlica. Alliberament de les ciutats jòniques
-462
Reformes de Pèricles.
La pràctica del
comerç marítim i la fundació de colònies en llocs tan allunyats com
Sicília o la península Ibèrica permet a les ciutats gregues de l’Àsia
Menor, com ara Milet o Faselis, convertir-se en veritables emporis de
riquesa i prosperitat. La classe dels mercaders, dominant en aquestes
ciutats, imposa un caràcter pràctic i “racional” a les decisions
polítiques, aspecte que es tradueix en la pràctica d’un pensament més
lliure i flexible, amb interessos molt diferents del pensament religiós,
rígidament codificat en els mites.
LOS PRESOCRÁTICOS
W. K. Guthrie
Escribir una historia de la filosofía griega es describir el período de
formación de nuestro propio pensamiento, la elaboración del sistema que
lo sustentó hasta por lo menos la última parte del siglo XIX.
Axiomas en el pensamiento griego son la suposición de la escuela más
primitiva de Mileto, de que la realidad es algo único, el principio de
que lo semejante tiende hacia lo semejante o actúa sobre lo semejante,
así como la convicción, de la primacía y la perfección de la forma y el
movimiento circulares, lo cual influyó en la astronomía hasta la época
de Kepler.
Jonia, en el borde oeste de Asia Menor, en el siglo VI aC
En sus intentos por dar satisfacción a este anhelo intelectual de
conocimiento, no excluyeron en modo alguno la posibilidad de una
intervención divina, sino que lograron una concepción de la misma muy
distinta del politeísmo imperante en la sociedad griega contemporánea.
Ellos creían que el mundo surgió de una unidad primigenia y que esa
sustancia única continuaba siendo la base permanente de todo su ser,
aunque entonces se mostrase en formas y manifestaciones diferentes. Los
cambios eran posibles gracias a un movimiento perpetuo de la materia
primaria, debido no a ningún agente externo, sino tan sólo a la
capacidad de movimiento inherente a su propia esencia.
Los comienzos de la filosofía en Grecia
¿Qué entendemos por concepción de la filosofía griega? Ésta se produjo
cuando empezó a cobrar forma en las mentes de los hombres la convicción
de que el caos aparente de los acontecimientos tiene que ocultar un
orden subyacente, y que este orden es el producto de fuerzas
impersonales. Para la mente de un hombre prefilosófico, no hay especial
dificultad en dar una explicación de la naturaleza aparentemente
fortuita de casi todo lo que acontece en el mundo. Él es consciente de
que es un ser impulsivo y emotivo, que actúa no sólo movido por la razón
sino también por los deseos, el amor, el odio, el optimismo, los celos y
la venganza.
¿No es natural que trate de explicar el mundo que lo rodea del mismo
modo? Se considera, pues, a sí mismo a merced de fuerza superiores e
incomprensibles, que, en ocasiones, parecen tener poca consideración con
a lógica o la justicia.
Una vez llegado el momento de abandonar las formas de pensamiento
mitológicas y teológicas, su desarrollo se vio facilitado por el hecho
de que, ni aquí, ni en ninguna otra ciudad-estado griega, las exigencias
de una forma de sociedad teocrática impedían la libertad de pensamiento,
como sucedía en los países orientales vecinos.
Pero fue la curiosidad, y no el pensamiento de domar las fuerzas de la
naturaleza con la finalidad de conseguir el bienestar o la destrucción
humanos, lo que les impulsó a intentar por primera vez una
simplificación grandiosa de los fenómenos naturales, lo cual constituye
su principal título de gloria.
Los pueblos egipcios y mesopotámicos, dentro de lo que estamos
informados, no tuvieron interés por la ciencia en sí misma, sino sólo en
la medida en que sirviera a una finalidad práctica.
Estos pueblos, pues, vecinos y, en algunas cosas, maestros de los
griegos, se contentaron con desarrollar, mediante ensayos y errores, una
técnica que surtí efecto. Ellos siguieron usándola y no sintieron
interés pro plantearse la cuestión de por qué surtía efecto, sin duda
porque el ámbito de las causas continuaba gobernado por el dogma
religioso, en lugar de abrirse al libre debate de la razón. En esto
reside la diferencia fundamental entre ellos y los griegos. El griego
preguntó: “¿Por qué?”, y este interés por las causas le indujo
inmediatamente a otra pregunta: la pregunta sobre la generalización.
- El descubrimiento de la forma.
- La abstracción.
- El lógos. Un lógos completo es una descripción que, al mismo
tiempo, explica. Junto a forma o estructura, razón o proporción, lógos
puede significar, según su contexto, explicación, definición y
aclaración. Como dijo Aristóteles, la única definición completa es
aquella que incluye la declaración de la causa.
LOS MILESIOS
La filosofía y la ciencia surgen de la valiente profesión de fe de que
el capricho no es la base de los fenómenos, sino un orden subyacente, y
que la explicación de la naturaleza debe buscarse dentro de la misma
naturaleza.
Tales
Predicción del eclipse. Contemporáneo de Solón en Atenas. El
eclipse es importante por dos razones: fija una fecha de lo que puede
ser considerado el comienzo de la filosofía griega o, al menos, de la
actividad del hombre a quien los griegos mismos consideraron el primer
filósofo, y explica la reputación exagerada de astrónomo de que gozó
entre sus conciudadanos de los siglos posteriores.
Arché. Punto de partida o principio. Causa originaria
Algunos señalan el hecho indudable de que vivió en un país familiarizado
con las ideas babilónicas y egipcias y que según una segura tradición,
él mismo habría visitado Egipto. En ambas civilizaciones el agua
desempeñaba un papel preponderante, que se reflejó en su mitología.
Ambas fueron culturas de río, una basada en los dos ríos de Mesopotamia
y la otra dependiente por entero para su vida de la inundación anual del
Nilo.
Para Aristóteles, el pensamiento que con mayor probabilidad había estado
en la mente de Tales fue el de relacionar el agua con la idea de vida, y
ello, debido a la observación de que el alimento y el semen siempre
contienen humedad y que el verdadero calor de vida es un calor húmedo.
La humedad era para los griegos el elemento nutritivo por excelencia,
del mismo modo que el fuego es el elemento motriz y es “alimentado” por
aquélla, en su forma de vapor.
Fue Tales el que primero intentó explicar la variedad de la naturaleza
como las modificaciones de algo en la naturaleza.
Una característica común de las creencias cosmogónicas de los primitivos
griegos, que compartían con los del Oriente Próximo de otros lugares,
era el hecho de que, en un principio, todo estaba mezclado en una masa
indiferenciada. El acto inicial en la creación del mundo, llevado a cabo
mediante un creador o por otros medios, era una separación o división.
La familiaridad de esta concepción prefilosófica puede muy bien haber
influido en Tales y en sus sucesores en la dirección del monismo, pero
no quita mayor mérito a la importancia de su logro. La evolución del
cosmos en estas explicaciones míticas avanza en términos sexuales.
Aun admitiendo el hecho que estos mitos sirvieron de base a los milesios,
es más importante reflejar el hecho de que ellos abandonaron todo el
aparato mítico de agentes personales e intentaron explicar la variedad
de la naturaleza recurriendo a algo que está en la naturaleza misma, a
una sustancia natural.
Anaximandro
- Ápeiron ilimitado, lo no perceptible. El substrato.
Con Anaximandro la teoría de la naturaleza da un paso de gigante hacia
una noción, de la cual se ha apartado muchas veces, antes de su
reaparición, en forma muy diferente, en el mundo moderno: la noción de
lo no perceptible.
Anaximandro, pues, rechazó la idea de que el agua, o cualquier otra de
las popularmente (y luego filosóficamente) estimadas como masas visibles
elementales en el mundo de su época, pudiese haber servido como base de
todas las restantes. En su lugar él postuló una substancia anónima
detrás de todas ellas, de carácter menos definido, que describió como
ápeiron ( de á privativa, indicando ausencia, y péras – límite o confín).
No había razón para considerar al agua, a la tierra, al fuego, o a
cualquier fenómeno tan familiar y sensiblemente manifiesto, como
anterior a los demás. La matriz original del universo tiene que ser algo
más primitivo y último que cualquiera de ellos, del que todos sean por
igual manifestaciones o modificaciones secundarias, surgidas mediante un
proceso de “separación”.
- ¿Por qué buscó de este modo una explicación detrás de los fenómenos?
- ¿Qué quiere indicar con ápeiron?
- ¿Qué eran los “contrarios” y qué sentido tenía la expresión “en el uno
y separados”?
En resumen, Anaximandro ha reconocido que existe la tendencia natural de
cada uno de los elementos a destruir a su contrario. El fuego y el agua
tienen que estar inevitablemente en conflicto. Cuando se encuentran,
luchan hasta que no prevalece sobre el otro y, o bien el fuego es
rechazado y no queda nada sino agua, o, por el contrario, el que se seca
y el fuego queda en posesión explosiva del campo. Esto puede
describirse, según palabras de Simplicio, como al conversión del agua en
fuego o viceversa. Evidentemente existe un estadio intermedio,
claramente visible a la observación, que consiste en la conversión del
agua en vaho o vapor, conceptos que los griegos incluyen en el término
aér. En el mundo considerado como un todo, ninguna de las fuerzas
contrarias (o fuerzas litigantes, como las imaginaba Anaximandro)
obtiene una victoria completa y final: el equilibrio entre ambas siempre
se está recuperando o manteniendo. Si una obtiene una ventaja local, la
otra se retira a otro lugar.
Ahora bien, si el mundo ha surgido de una sustancia única, tiene que
existir, al menos, suficiente cantidad de esta sustancia para crear todo
el mundo y, probablemente, mucha más en reserva. Mas si el fuego hubiera
existido en esa cantidad, habría disfrutado necesariamente de una
victoria permanente sobre sus rivales potenciales, ninguno de los cuales
hubiera podido venir a la existencia, o, si la arché y Phycis del mundo
hubiese sido el agua, no habría existido el fuego.
Es conveniente considerar el hecho de que ápeiron se usaba referido a
esferas o anillos, para indicar indudablemente que se puede ir
continuamente alrededor de ellos, sin alcanzar nunca una línea
limitativa.
Una materia primitiva tiene que ser, por decirlo así, neutral en estas
hostilidades y, debido a ello, no puede tener características definidas
propias. Tiene que contener, inactivas, en primer lugar y, suspendidas,
como si estuviesen en solución, las características de todos los
contrarios futuros que, a su debido tiempo, con la significativa palabra
que probablemente era suya, kban a “separarse de” la misma.
- Ápeiron: Fusión inicial indeterminada de todos los contrarios.
La contribución más notable de Anaximandro a la teoría cosmológica fue,
sin lugar a dudas, apartarse de la idea de que la tierra necesitaba un
soporte. La creencia perpetuada por Tales, e intelectualmente se dio un
gran salto, cuando se trajo a colación el argumento de la
“indiferencia”, a favor de la concepción de que la tierra permanecía sin
apoyo en el centro de un universo esférico y que los cuerpos celestes
giran en círculos completos, no sólo por debajo, sino también por encima
de ella Los jonios posteriores volvieron a la noción más ingenua de que
la tierra necesitaba un soporte material, porque suponían que el aire la
mantenía a flote.
Anaxímenes
Como Anximandro, continuó firmemente inserto en la tradición monista:
“todas las cosas proceden de una y se disuelven en la misma”. No se
trataba de cualidades, sino de cosas con cualidades. El aire. Estamos un
paso más cerca de la distinción entre sustancia y cualidad.
El problema que le interesaba de un modo especial a Anaxímenes era el
del proceso mediante el cual los cambios tenían lugar. Él reflexionó
precisamente sobre algo que sus predecesores no habían conseguido
abordar de un modo satisfactorio.
Para explicar el orden cósmico mediante causas naturales (parece que
debió plantearse), hay que demostrar que su origen se ha debido a un
proceso que pueda seguir comprobándose, como causante de la
transformación de una forma de materia en otra distinta. Tal proceso
natural comprobable fue exactamente lo que Anaxímenes se vio obligado a
ofrecer, el proceso de rarefacción y condensación.
Elige el aire como el elemento primario, porque parece creer que, en su
estado invisible, como aire atmosférico, está, de algún modo en su
estado más natural y como estaría siempre, si estuviese quieto, por así
decirlo, como un trozo de goma que ninguna fuerza de momento estira o
comprime. Pero no está quieto: Anaxímenes estuvo de acuerdo con
Anaximandro en postular un movimiento eterno, como resultado del cual su
estado “uniforme” se altera y se convierte en rarefacto o condensado en
diferentes lugares, adoptando, como resultado variadas formas visibles.
Hay dos puntos en particular en los que el logro de Anaxímenes
contribuyó al progreso del pensamiento. Con él la palabra AER llega a
significar, por primera vez, en su sentido primigenio, la sustancia
invisible que nos rodea, a la cual hoy damos el nombre de aire. Aunque
todas las cosas se forman, en última instancia, mediante modificaciones
del mismo, sin embargo, es a él al que se aplicó con propiedad el
nombre, en lugar de a la humedad, o a la nube, o a cualquier otra de las
formas visibles de materia. Hasta entonces, la palabra AER había
significado, por lo general, humedad, niebla u oscuridad –algo que, por
lo menos, oscurecería la visión y ocultaba cualquier objeto que rodease.
El único modo de mantener la unidad de la sustancia primaria es decir
que todas las diferencias se deben a la aparición de mayor o menor
porción de la misma en un espacio dado.
Supera de nuevo a Anaximandro en claridad de pensamiento; y la
introducción de un criterio cuantitativo para explicar diferencias
cualitativas no sólo perfeccionó los sistemas monistas milesios, sino
que fue muy fructífero para el pensamiento griego posterior y también
para el europeo.
Al explicar todas las diferencias cualitativas de materia por grados
diferentes de condensación y rarefacción de la materia básica única,
Anaxímenes está exigiendo ya –no podemos decir procurando- una
explicación cuantitativa. Él fue el creador de la idea y fue tal su
importancia que constituye quizá...
Al elegir el aire, un aire en movimiento perpetuo, Anaxímenes estaba
respetando también una creencia popular antigua y aún vigente, que
asociaba y, de hecho, identificaba el aliento y la vida. Que el aire que
respiramos sea la vida misma que nos vivífica, era una idea común, y el
alma-hálito una concepción muy extendida. ... La materia del mundo tenía
que ser, al mismo tiempo, la materia de la vida.
La audacia de la idea de Anaximandro de que la tierra permanecía situada
sin apoyo en el centro del universo, sencillamente porque estaba en el
centro, era demasiado grande para que pudiera aceptarla su amigo y
sucesor, quien volvió a la hipótesis de Tales de un apoyo material. Esta
teoría del origen de los cuerpos celestes a partir de la tierra, hasta
el extremo de que hasta “el sol es tierra”, evidencia, por lo menos,
cuán conscientemente se había emancipado la mente de Anaxímenes de
cualquier prejuicio religioso, pero carece de la coherencia de la
exposición de Anaximandro.
LOS MILESIOS. CONCLUSIÓN.
Tres puntos fundamentales aparecen, al tratar de resumir
brevemente las características principales de los filósofos milesios y
su legado al pensamiento griego posterior. Su concepción de la
naturaleza fue racional, evolucionista e hilozoísta.
Las cosmogonías son creacionistas, o evolucionistas. Con la posible
excepción de las ideas órficas, que nunca obtuvieron amplio favor
popular, puede decirse que una concepción evolucionista de los orígenes
del mundo era la única que se había propuesto hasta entonces entre los
griegos. En Grecia, los relatos míticos primitivos eran en sí de
carácter evolucionista. A diferencia de Yahvé, los dioses griegos no han
creado el mundo, y los milesios, en la medida en que reflexionaron
dentro de una línea evolucionista, estaban conservando una estructura
más primitiva a la que llegan a despojar de su envoltura mitológica. La
mitología había presentado, además, un estado inicial caótico –en el
que, por ejemplo, como hemos hecho notar, el cielo y la tierra estaban
amalgamados en “una forma”- a partir del cual había ido surgiendo, de
una forma gradual, el orden cósmico presente. Los mitos describían esta
evolución a base de matrimonios y procreaciones de los mismos elementos
personificados; los filósofos la atribuyeron a causas naturales, pero
nunca la consideraron como una creación, la obra de un dios originario,
que está aparte y actúa sobre una materia original distinta de sí mismo.
La consecuencia es que, ni los escritores de teogonías, ni los filósofos
milesios, admitieron la noción de plan, Physis, como responsable del
orden cósmico. La naturaleza misma tenía capacidad generadora y mediante
naturaleza Physis se quería significar una sustancia real y material –de
la que el mundo está hecho- a la que se suponía dotada de vida y capaz,
por tanto, de iniciar los cambios a los que ella misma estaba sujeta,
hecho éste que los milesios explicaron refiriéndose a ella, no sólo como
agua, o aire, o lo ilimitado, sino también como dios o lo divino. Ésta
no era una suposición con la que el pensamiento pudiera quedar
satisfecho. Los filósofos posteriores no se contentaron con ella y
tendieron, en grados diferentes, a separar las ideas de vida y materia y
considerarlas como residiendo en entidades distintas (Anaxágoras).
Para los milesios, la inteligencia seguía siendo, exclusivamente, un
atributo de la materia primigenia, sujeta también ella misma al proceso
evolutivo. No hemos llegado aún a la verdadera idea de creación, a la
que Platón concedió tanta importancia, y que coloca frente a frente al
Artífice divino y a su material, independiente entre sí desde el
principio.
El influjo de la tradición jonia iba, en efecto, en la otra dirección.
Como la noción de un poder divino creador inherente a la naturaleza
misma era cada vez más difícil de mantener y la idea de una destreza o
plan, procedente de la inteligencia de un ser con existencia
independiente, aún no había surgido como serio competidor, llegó a
afirmarse como causa última la única alternativa posible: EL AZAR, o una
necesidad ciega e irracional. Los atomistas tuvieron que recurrir a
estas causas, en las que la tradición jonia halla su lógica conclusión.
Las fuerzas naturales actuaban de un modo ciego, sin tender de un modo
consciente a un fin particular, y de su interacción surgió el cosmos de
manera casual.
PITÁGORAS Y LOS PITAGÓRICOS.
Pitágoras fue contemporáneo de Anaxímenes, pero su escuela continuó
existiendo, y sus doctrinas se desarrollaron y divergieron durante los
dos siglos siguientes. Con Pitágoras, el motivo que lleva a la filosofía
deja de ser, principalmente, el que había inducido a los jonios, es
decir, la curiosidad o el progreso técnico, y se convierte en la
búsqueda de un modo de vida mediante el cual pueda establecerse una
relación correcta entre el filósofo y el universo.
En contraste con la tradición milesia, emprendió investigaciones
filosóficas con la consciente finalidad de usarlas como una base de la
religión.
- Religión homérica: divinidades caprichosas, demasiado humanas.
- El misterio de Eleusis.
- Religión órfica (de Orfeo).
A la idea de una asimilación a lo divino como la finalidad divina y
esencial de la vida humana es a la que prestó lealtad Pitágoras,y la
mantuvo con toda la fuerza de su genio filosófico y matemático, así como
religioso. En esta última idea radica la originalidad del pitagorismo:
“deberás ser un dios en lugar de un mortal”. Eleusis enseñaba que había
que conseguir la inmortalidad mediante la revelación individual, tras
una preparación adecuada, desde los objetos místicos o símbolos; los
órficos añadieron la necesidad de llevar a la práctica, en la vida
diaria, un sistema complicado de prohibiciones religiosas, posiblemente
también morales; para Pitágoras, el camino de la salvación pasa por la
filosofía.
La conclusión a la que llegaron tanto los órficos como los pitagóricos
es que, si el mundo era un ser vivo, eterno y divino y vivía por
respirar en el aire o hálito del infinito que lo rodeaba, y si el hombre
también vivía mediante la respiración (cuya prueba era que el alma
humana en sí era aire) el parentesco natural entre el hombre y el
universo, microcosmo y macrocosmo, tiene que ser estrecho. El universo
era uno, eterno y divino. Los hombres eran muchos, y estaban separados y
eran mortales. Pero la parte esencial del hombre, su alma, no era
mortal, y debía su inmortalidad a la circunstancia de que no era ni más
ni menos que un pequeño fragmento o chispa del alma divina y universal,
separada y prisionera en un cuerpo perecedero.
En este sentido, la doctrina de que toda la vida era HOMOGENES no sólo
unía a los hombres con los animales mediante lazos de parentesco, sino
que, lo más importante de todo, consideraba que su estado natural mejor
era el idéntico a lo supremo, y les daba una finalidad por la que vivir,
es decir, cultivar su alma, quitarse la mancha del cuerpo, y alcanzar el
alma universal de la que sus almas individuales eran, en esencia,
partes. Todo el tiempo que el alma estaba condenada a permanecer en el
ciclo de la transmigración –o sea, todo el tiempo que se viese obligada
a entrar en un cuerpo de hombre o de animal, después de la muerte del
que lo hubiera ocupado con anterioridad-, todo ese tiempo continuaba
siendo impura. Viviendo el tipo mejor y más elevado de vida humana
podría, en última instancia, desprenderse totalmente del cuerpo, escapar
del ciclo de la reencarnación y alcanzar la dicha final de imbuirse a sí
misma en el alma universal, eterna y divina, a la que pertenecía por su
propia naturaleza.
Ésta es, pues, la situación. Cada uno de nosotros se encuentra
prisionero en su cuerpo independiente, y marcada con la impureza de las
formas más inferiores de la materia. ¿Cómo librarnos de ello y hacer más
próximo el momento en que nuestra pequeña parte propia se reúna con el
todo y seamos nosotros mismos dioses? ¿Cuál es el camino de la
salvación?
Eleusis lo ofrecía por medio de la revelación, EPOPTEÍA, proporcionada
al iniciado después de una purificación convenientemente preparatoria.
El órfico la buscaba mediante una forma de sacramental ÓRGÍA o TELETÁI y
la observancia de tabús. Pitágoras conservó la mayor parte de esto,
pero, puesto que era un filósofo, le añadió un método propio.
En Jonia, philosophia significa algo parecido a “curiosidad” ... Por
otra parte, en la medida en que podemos rastrear el influjo de
Pitágoras, la palabra tenía un significado mucho más profundo. La
filosofía es en sí una “purificación” y un modo de escapar del “ciclo”.
Para Pitágoras, pues, la purificación y la salvación del alma no
dependen, meramente, como en los cultos mistéricos, de la iniciación y
la pureza ritual, sino de la philosophía, y esta palabra, entonces y
ahora, significaba usar los poderes de la razón y la observación con
objeto de obtener el conocimiento.
Las doctrinas religiosas pitagóricas se basaban en la idea general y
primitiva del parentesco universal o simpatía. El aspecto más filosófico
del sistema se apoya en algo que pertenece, de un modo especial, a la
concepción helénica y está simbolizado en el carácter del más helénico
de los dioses, Apolo, a cuya veneración la secta se sentía inclinada. Es
decir, nos estamos refiriendo a la exaltación de las ideas, relacionadas
entre sí, de límite, moderación y orden. No fue casual que eligieran
como a su divino patrón al dios sobre cuyo templo figuraban inscritas
las palabras “Nada en demasía”, “Observa el límite”, y otros preceptos
en el mismo sentido.
De esta capacidad para reducir las cosas a sus características
mensurables, insistiendo en el elemento de proporción, tanto en su
estructura interna como en sus relaciones con lo otro, la filosofía
pitagórica ofrece el ejemplo más extraordinario. Su síntesis
filosófico-religiosa fue, sin embargo, audaz desde otro punto de vista.
De su insistencia en el significado cósmico de límite y orden NO
extrajeron ellos las mismas consecuencias para la vida humana y sus
aspiraciones, que el pensamiento popular y los poetas de su tiempo.
En la literatura de los siglos VI y V predomina la idea de que el
hombre, si hay que evitar el exceso y observar el límite, si todo en el
universo tiene su lugar propio y no debe tratar de usurpar el de los
demás, está obligado, en consecuencia, a reconocer su mortalidad y
contentarse con una vida mortal. Entre los mortales y los inmortales,
dioses y hombres, se había fijado una barrera y atravesarla era HYBRIS.
Nada en demasía, observa el límite; la inmortalidad y la divinidad
estaban, indudablemente, más allá del límite fijado para el hombre.
También en el siglo VI, existía un movimiento místico que lo negaba.
Pitágoras negaba que a los hombres mortales les correspondiesen
pensamientos mortales. Asemejarse a Dios era para él, la meta de la
vida. Al mismo tiempo, de modo distinto a los órficos y sectas afines,
él y sus seguidores unieron a estas aspiraciones una filosofía enraizada
en las sutiles ideas de límite y orden, péras y kósmos:
- a) El mundo es un kósmos (noción de orden, disposición o
perfección estructural con la belleza)
- b) La naturaleza entera está unida por lazos de parentesco; el
alma humana, por ello, está íntimamente unida al universo vivo y divino.
- c) Lo semejante se conoce por lo semejante, es decir, lo que
mejor conoce algo es lo que más se parece a ello.
- De aquí que d) Buscar por medio de la filosofía una mejor comprensión
de la estructura del kósmos divino es comprender y cultivar el elemento
divino ínsito en uno mismo.
Los conceptos de Límite (péras) e Ilimitado (ápeiron) fueron postulados
por los pitagóricos, en el verdadero comienzo de las cosas como los dos
principios contrapuestos mediante los cuales se desarrolló el mundo, y
consideraron al péras como bueno y al ápeiron como malo.
Ahora bien, el mundo está vivo y es divino y, por lo tanto, bueno. Sólo
puede ser una o todas las cosas a la vez porque es ilimitado y evidencia
un orden en las relaciones de sus partes componentes. La vida plena y
eficiente depende de la organización.
Esto lo vemos en los seres individuales, a los que llamamos orgánicos
para indicar que tienen todas sus partes dispuestas y subordinadas como
instrumentos (órgana) destinados a mantener la totalidad de su ser vivo
y capacitarlo para realizar todas sus funciones. Lo mismo sucede con el
mundo. Si fuera ilimitado, no tendría télos, sería áteles –que significa
tanto “ilimitado” como “incompleto”; pero el mundo es téleion, un todo
completo.
La idea del parentesco de toda la naturaleza se ha mostrado
suficientemente como pitagórica y sirviendo de base a la doctrina de la
transmigración y a la prohibición de comer carne animal.
Que lo semejante se conoce mediante lo semejante era sostenido como una
doctrina seriamente filosófica en el siglo V. De aquí se desprende que,
si tenemos conocimiento de lo divino, no puede ser en virtud de ningún
órgano sensorial compuesto de los elementos materiales inferiores que
circulan en la esfera sublunar, sino, más bien, porque tenemos en
nosotros mismos un tinte del elemento divino que entra en nuestro mundo
desde fuera. Puesto que dios es el único que es sabio, el philosophos o
buscador de la sabiduría está desarrollando el elemento divino ínsito en
él. El fin los pitagóricos es la conformidad con lo divino, y toda su
vida y filosofía se ordenan y gobiernan con la idea de seguir a Dios.
Por ello, el filósofo, mediante la unión con lo que es divino y ordenado
(kósmios) se convierte en divino y ordenado (kósmios), en la medida en
que a un hombre le es posible.
La actitud de los pitagóricos supone un estudio intelectual activo,
particularmente en los campos de la teoría del número, la geometría, la
música y la astronomía, ya que éstos son los estudios que nos
proporcionarán la comprensión de los movimientos ordenados y eternos,
que acontecen en los cielos, y de la estructura de todo lo que ellos
contienen. Implica también un cambio real en la naturaleza propia del
filósofo, porque es mediante esta contemplación activa por la que se
alcanza el objetivo de asimilación a lo divino.
Los números y el cosmos.
Para los pitagóricos los números tenían y conservaban un significado
místico, una realidad independiente. Los fenómenos, aunque afirmaban
explicarlos, eran secundarios, porque la única cosa significativa
respecto a los fenómenos era el modo en que reflejaban el número. El
número era responsable de la “armonía”, el principio divino que
gobernaba la estructura de la totalidad del mundo.
Para los pitagóricos, la cosmología considerada como el estudio de lo
que era para ellos un kósmos, en pleno sentido griego, abarca y engloba
la teología, la antropología, la ética, las matemáticas y cualquier otra
“rama” de su filosofía. Es la clave del todo. El motivo de estudiar el
kósmos es el de ponernos a nosotros mismos en estrecha armonía con sus
leyes. La palabra HARMONÍA, término clave del pitagorismo, significaba
primariamente el acoplamiento o adecuación entre sí de cosas, incluso la
clavija material con la que se unían, luego, específicamente, la
afinación de un instrumento con cuerdas de diferente tiranzas. La
harmonía que los pitagóricos asimilaban al número tenía esta connotación
musical.
Pitágoras derivó su entusiasmo por el estudio del número de sus
aplicaciones prácticas en el comercio. (idea de que un factor constante
mediante el cual las cosas se relacionaban era el cuantitativo).
Aristóteles atribuye a los pitagóricos la doctrina del número de tres
maneras:
- 1) Las cosas son números.
- 2) Las cosas “imitan” o “representan” números.
- 3) Los elementos de los números son los elementos de las cosas.
La mimesis pitagórica.
Hay que ponerse en guardia contra la simple traducción “imitación”. El
hecho es, por supuesto, que incluso Platón, y mucho más los pitagóricos,
estaban luchando por expresar concepciones nuevas y difíciles en el
ámbito de una lengua inadecuada.
Mimesis significaba tanto representación como imitación; mimetes, a
menudo significaba actor y mimos, siempre actor. La relación entre un
actor y su papel no es exactamente imitación. El actor se mete dentro de
él, o más bien, según la concepción griega, el papel se mete dentro de
él que lo representa con sus palabras y gestos.
La dificultad respecto a Pitágoras y a sus seguidores residía en helecho
de que no habían sido plenamente conscientes de lo que habían hecho. La
distinción entre forma y materia no había recibido aún una formulación
clara. Como consecuencia de ello, aunque de hecho estaban describiendo
sólo el esquema estructural de las cosas, creían que estaban
describiendo también su naturaleza material: que era posible hablar de
las cosas como compuestas totalmente de números considerados en un
triple aspecto, como unidades aritméticas, puntos geométricos y átomos
físicos.
Llevados de su entusiasmo por haber descubierto la importancia del
aspecto cuantitativo de las cosas, ignoraron por completo el
cualitativo, sobre el que se habían cargado las tintas hasta entonces, y
al que Aristóteles volvió.
Números y cosas: la generación de las cosas a partir de los números.
Fases.
1) Generación de los números a partir del límite y lo ilimitado, par e
impar.
2) Generación de las figuras geométricas a partir del número.
3) Generación de los objetos físicos a partir de los sólidos
geométricos.
Primera fase:
Generación de los números a partir de sus elementos: los primeros
principios de los pitagóricos. Los elementos de los números son,
fundamentalmente, lo ilimitado y lo ilimitado, y secundariamente, lo par
y lo impar y la unidad. En este esquema la unidad era considerada como
el punto de partida de la serie numérica, pero no como perteneciendo en
sí misma a ella, porque cada número real tiene que ser o par o impar y
se consideraba que la unidad, lo cual es bastante curioso, combinaba en
sí misma la paridad y la disparidad. La razón por la cual la unidad
ocupa tan anómala posición en el pensamiento griego es, indudablemente,
porque el cero era desconocido. Como consecuencia de ello, el
punto-unidad fue concebido para cumplir una doble función: era no sólo
una unidad unidimensional de construcción, sino también un punto no
dimensional de contacto entre dos secciones.
Límite e ilimitado son las nociones últimas, como los géneros más
amplios que englobaban lo impar y lo par.
Segunda fase:
La generación de las figuras geométricas a partir de los números. Su
significado más primitivo es claro. Las cosas son números, o si se
prefiere, la base de la naturaleza es numérica, porque los cuerpos
sólidos se componen de superficies, las superficies de planos, los
planos de líneas y las líneas e puntos, y, en su concepción geométrica
del número los pitagóricos no veían diferencia entre puntos y unidades.
El concepto esencial es el límite.
Tercera fase:
Generación de los cuerpos físicos a partir de figuras geométricas
(cosmogonía)
Un modo de llevar a cabo el tránsito consistió en asignar a cada uno de
los cuatro elementos (es decir, presumiblemente a las partículas
elementales de los mismos) la forma de uno de los sólidos regulares.
......................
Los elementos primarios del mundo son los números. Éstos, como sabemos,
están constituidos de elementos anteriores –límite e ilimitado, impar y
par-, pero desde el punto de vista de la cosmogonía, “en el principio
existía el Uno”.
Cosmología
El rasgo más notable de la cosmología pitagórica, que recuerda
Aristóteles, consistió en haber desplazado la tierra del centro del
universo y haberla convertido en un planeta que rodea el centro como los
demás. Esta idea no tenía paralelo en el pensamiento pre-platónico y
requirió un valiente salto de imaginación científica, que resultó
demasiado grande para el mismo Platón.
ZENÓN DE ELEA
Zenón de Elea, discípulo de Parménides, defendió la tesis paradójica de
su maestro mediante el procedimiento, no de argumentar directamente en
su favor, sino de demostrar que su contraria era absurda.
- Contra la pluralidad (contra los pitagóricos)
- Contra el movimiento.
Zenón no deseó negar la posibilidad del movimiento, sino sólo afirmar su
incompatibilidad con la creencia en la pluralidad. Su finalidad real fue
refutar la tesis pitagórica de que los cuerpos sólidos, las superficies
y las líneas son pluralidades, es decir, pluralidades de puntos,
considerados éstos como magnitudes infinitesimales.
Paradojas.
- La dicotomía
- Aquiles y la tortuga
- La flecha voladora
- El estadio
- El grano de mijo.
PLURALISTAS
Empédocles
Empédocles acepta las afirmaciones de que nada puede originarse de la
nada y de que lo que existe no puede perecer; la suma del ser es
constante (Parménides). Con Empédocles por primera vez, los cuatro
elementos adquieren el rango de archaí genuinas: ninguno es anterior a
cualquiera de los otros, ni hay ninguno que sea más fundamental.
Heráclito puede que mencionase a los cuatro, pero exaltó la prioridad
del fuego; Tales y Anaximenes habían promovido al agua y al aire,
respectivamente, como única arché, generadora de todo lo existente; para
Anaximandro, procedían del apéiron, y, para los pitagóricos, eran el
producto final del Uno. Todas estas afirmaciones rivales quedaron
obsoletas por la insistencia de Parménides en que nada que sea uno puede
engendrar una pluralidad. Sólo mediante una pluralidad de archaí o
elementos iguales y últimos pueden salvarse los fenómenos. De ahí que
diga Empédocles: “todos ellos son semejantes y de la misma edad, pero
cada uno es señor de un distrito diferente y cada uno posee su propio
carácter”.
Aunque esta doctrina de los cuatro elementos fue, inmediatamente,
destronada por Anaxágoras y los atomistas, se volvió a restaurar, de
forma modificada, como la base de la teoría física de Aristóteles, cuya
importante autoridad la mantudo a través y más allá de la Edad Media. A
pesar del reto de químicos como Boyle, se seguiría diciendo, por lo
general, en el siglo XVIII, que los elementos de los cuerpos eran
tierra, agua, aire y fuego.
Empédocles concibió los elementos como inmutables e indestructibles.
Esto constituyó una de las piedras angulares de su respuesta a
Parménides.
- Estructura de la materia. La teoría de la mezcla y su relación con
el atomismo.
La noción de elementos ha adquirido por primera vez un sentido definido
como formas de la materia que son: a) no generadas e indestructibles; b)
cualitativamente inalterables; c) completamente semejantes y homogéneas.
En todos estos aspectos son, por así decirlo, como el Uno parmenídeo
multiplicado por cuatro, pero, en otros aspectos, se separan de ese
modelo.
Aunque Empédocles aceptó la negación eleata del espacio vacío, no
admitió como consecuencia necesaria que el movimiento local fuera
imposible. Dadas cuatro substancias en lugar de una, cada una de ellas
podría ocupar los lugares de las otras, deslizándose las últimas, como
en una serie de objetos en movimiento, para ocupar el lugar de las
primeras, y así sucesivamente, sin necesidad de espacio vacío para
moverse entre ellas. Toda vez que se les ha concedido el movimiento, sus
“seres” adoptan dos características que había negado Parménides a su Ser
único, y que hacen posible la génesis de un cosmos: a) están en
movimiento y, b) son divisibles.
La divisibilidad y el movimiento de las cuatro “raíces” posibilita su
afirmación de que “no existe nacimiento de ningún ser mortal, ni fin
alguno en la execrable muerte, sino sólo mezcla y separación de lo que
está mezclado. El cambio aparente no es sino una nueva disposición.
No puede pensarse en nada como anterior a las “cuatro raíces”, con sus
diferencias cualitativas inherentes. En esto difiere fundamentalmente de
los atomistas, que propugnaron que los elementos de todo eran cuerpos
atómicos carentes de todas las cualidades sensibles (colores, sonidos,
sabores, gustos), conocidas, luego, como “secundarias”. Éstas se
originaban de la interacción de átomos procedentes del exterior con los
de nuestros cuerpos y eran, por ello, subjetivas y arbitrarias.
Empédocles fue un precursor de los atomistas sin alcanzar por
completo su posición.
Empédocles suministró, de hecho, al atomismo tres de sus doctrinas
fundamentales: las ideas de elementos indestructibles y de partículas
muy pequeñas, y la reducción de todas las formas de cambio a una mezcla
mecánica.
- El amor y la discordia
El problema del movimiento no se resolvió postulando cuatro elementos en
lugar de uno. Parménides había insistido en que lo que existe no podía
moverse. Dado que los elementos tenían que ser lo más semejantes posible
al Uno parmenídeo, Empédocles se sintió obligado a introducir agentes
motores externos. Dado que ambos, Discordia y Amor son activos y
contrarios, los elementos no pueden estar nunca permanentemente en un
estado de mezcla o de separación, sino alternando entre los dos, y en un
determinado punto de cualquiera de ambos procesos puede nacer un mundo
de seres mortales.
Los efectos contrarios del Amor y la Discordia pueden expresarse también
diciendo que el Amor representa la atracción entre las cosas no
semejantes y la Discordia la atracción de lo semejante por lo semejante.
La tendencia de la Discordia a apartar entre sí unos elementos de otros
tiene como corolario natural la reunión de cada conjunto en una masa
separada.
Tenemos, pues, los seis factores últimos, los cuatro pasivos y los dos
activos. Aunque el Amor y la Discordia sean invisibles e
inimaginablemente finos y tenues, y su influencia, sea, ante todo,
psicológica, su carácter espiritual no se ha divorciado por completo,
sin embargo, de la forma física.
Empédocles merece pasar a la historia como el primer europeo que
introduce en la ciencia la idea de una fuerza que actúa sobre la
materia.
Empédocles atribuye la constitución de substancias orgánicas diferentes
a la proporción en que los elementos se mezclan en ellas. Esta
proporción es el resultado fortuito de la interacción del Amor y la
Discordia.
A pesar de su perspectiva religiosa y de la elección de Afrodita,
espíritu de la Armonía y el Bien, como una de las fuerzas motrices,
Empédocles, como los jonios, no es teleologista en su descripción del
mundo físico.
- Azar – Necesidad, versus teleologismo.
Es preciso recordar que, para un griego, el azar y la necesidad podían
ser lo mismo. La physis era, a los ojos de estos hombres, una necesidad
natural inherente a cada cosa o substancia separada, no una ley de
interacción entre ellas. Con cada cosa moviéndose al dictado de su
propia physis, los conflictos entre ellos serán fortuitos, si bien
causados por la necesidad. Mediante “azar” se quería indicar “una causa
no manifiesta a la razón humana”.
La formación de un cosmos es, en efecto, el resultado fortuito y sin
finalidad concreta de un choque entre substancias materiales cada una de
las cuales se mueve de una forma determinada por su propio impulso
interno. Ésta es la esencia de este tipo de cosmología, contra lo que
Platón y Aristóteles dirigieron sus baterías más pesadas en interés de
la teleología.
El propósito dominante de Empédocles era rescatar el mundo real de la
unidad e inmovilidad a que lo había reducido Parménides. Él se sintió
obligado, conscientemente, a partir de una concepción del mundo como
aparentemente unitario y estático, y a mostrar que la unidad no era
esencial, y que podían introducirse el movimiento y el cambio. Esta
concepción estaba representada, en su sistema, por la Esfera, en la que
el Amor había mezclado de un modo tan completo los elementos, que sus
correspondientes naturalezas individuales eran indistinguibles. Con esta
fuerza poderosa, que mantenía unido lo desemejante, su tendencia natural
a buscar su semejante hubiera permanecido sin efectividad sin la
intervención, igualmente poderosa, de la Discordia. Otra razón para
comenzar en el estadio de “todas las cosas juntas” habría sido el hecho
de que fue así como la cosmogonía se había iniciado siempre, desde la
época de los antiguos mitos, en los que la tierra y el cielo eran uno
para los sistemas “monistas” de los jonios. Su esfera de Amor recuerda,
especialmente el apéiron primigenio de Anaximandro. Su unidad aparente
se convierte en una mezcla, como tenía que ser, lógicamente, si los
contrarios tenían que “separarse” de ella. Empédocles, tras los pasos de
Parménides, había hecho también esférica la masa originaria, si bien, al
mismo tiempo, era limitada.
La importancia de Empédocles, no reside, con todo, en las huellas
persistentes del hilozoísmo, sino en el gran paso que dio hacia delante
al declarar que los elementos eran inmutables e indestructibles, que el
cosmos estaba formado por una mezcla de estas raíces inalterables, en
proporciones diferentes y, que el movimiento necesario para producir la
mezcla no fue causada (como en el impreciso modo de pensar milesio) por
los elementos mismos, sino por fuerzas distintas que actuaban sobre
ellos.
- El ciclo cósmico:
o 1) La esfera del Amor; 2) El crecimiento de la Discordia; 3) El
predominio de la Discordia; 4) El crecimiento del Amor.
o Concepción del tiempo como un proceso circular antes que lineal.
Anaxágoras.
Con Anaxágoras retornamos de Grecia occidental a Jonia, no sólo
geográficamente, sino también espiritualmente. Oriundo de Clazómenes,
cerca de Esmirna, se le describe como heredero filosófico de Anaxímenes,
y, ciertamente, el espíritu e la vieja escuela milesia revive en él.
Desprovisto de los apasionados sentimientos religiosos que movieron a
Empédocles, su pensamiento retorna, asimismo, a la tradición jonia de la
investigación libre, motivada tan sólo por la curiosidad y dominada por
una actitud puramente científica. El cambio aparece marcado también por
una vuelta a la prosa como medio de expresión. Llevó la especulación
física jonia a Atenas, cuando estaba en la cumbre de su desarrollo
político e intelectual
Escritos: “La Física”.
- El problema del nacer.
Al igual que Empédocles, Anaxágoras aceptó los cánones parmenídeos de
que no existe el espacio vacío y de que el nacer y el perecer en el no
ser son estrictamente imposibles. No existe ni nacimiento ni muerte,
había dicho Empédocles. Anáxagoras lo expresa así: “Los griegos tienen
una concepción errónea del nacer y del perecer. Nada nace si perece,
sino que hay mezcla y separación de las cosas que existen. Así, ellos
deberían llamar con propiedad a la generación mezcla y a la extinción
separación”.
- Diferencia entre Empédocles y Anaxágoras: Empédocles había insistido
en un doble proceso: tanto la mezcla como la separación podían ser,
alternativamente, la causa lo mismo de la generación que de la
destrucción; dos fuerzas motrices se habían postulado, y el proceso
cósmico se consideraba cíclico. Eliminada la motivación religiosa,
bastaba con una única fuerza y que el proceso cosmogónico se diese sólo
en una dirección.
La solución de Empédocles había consistido en suponer que existía sólo
un número estrictamente limitado de substancias elementales que merecían
ser consideradas existentes. El resto, el mundo de las cosas “mortales”,
que suponemos que es real, se componía simplemente de mezclas de las
cuatro “raíces” en proporciones diferentes, que podían disolverse sin
infringir la norma del “no devenir”. La condición que postuló Anaxágoras
fue más estricta.
Según la teoría empedoclea, si fuera posible dividir (pongamos por caso)
una pieza de carne en fragmentos bastante pequeños, los elementos se
habrían hecho visibles y la carne ya no existiría. Pero Anaxágoras
sostenía que, si esto fuera incluso teóricamente posible, la
consecuencia sería que una substancia definida, la carne, perecería,. No
había razón, según él, para elegir como primarias ciertas formas de
materia como la tierra o el agua. ¿Por qué habría que decir que ellas
“existen” más que otras? El problema se ve con mayor claridad en la
nutrición.
- El intelecto. “Todas las cosas estaban juntas; luego llegó el
intelecto (Noûs) y las puso en orden”.
La opinión general de los críticos antiguos era que Anáxagoras había
dado un paso de gigante hacia delante al separar claramente, por primera
vez, la causa motriz de la materia movida, y al caracterizar a esta
causa separada como Mnete o Intelecto. Por otra parte, él se había
mostrado proclive a limitar la acción del Intelecto al primer paso del
movimiento inicial de lo que había sido una masa inmóvil. El resto del
proceso lo explicaba por la actuación de causas no inteligentes: al ser
de rotación el movimiento iniciado por el Intelecto todo lo demás siguió
moviéndose por la acción mecánica de un torbellino que hacía girar los
cuerpos que llevaba en un interior.
“El Intelecto es algo ápeiron e independiente (o autónomo), y no está
mezclado con cosa alguna”. Es ápeiron en todos los sentidos
fundamentales de la palabra: infinito o de extensión indefinida, ya que
está doquiera la materia esté, y está compuesto de un número infinito de
partículas; infinito en el tiempo, ya que existe siempre, y sin límites
internos, ya que es “homogéneo”, completamente igual. Es sin mezcla,
puesto que “tendría que tener una participación de todas las cosas, si
estuviera mezclado con alguna cosa, ya que en todo hay una porción de
todo”.
Al no conocer calificativos positivos para aplicarlos a lo inmaterial en
cuanto tal, Anaxágoras sólo podía describirlo de modo negativo como
siendo no-materia... Esto parece remarcarlo mediante su reiterada
insistencia en que está completamente separado de la mezcla de todo lo
que llamaríamos materia. El Intelecto es ese aspecto del ápeiron
anaximandreo que “gobierna todas las cosas”, ese aspecto del fuego
heracliteano que mereció el nombre de lógos y que era sabio; pero la
facultad divina y rectora de la arché de Anaximandro ha sido reconocida
como incompatible con su identificación con una masa corpórea, y el
lógos de Heráclito ha sido liberado de su incómoda asociación con el
fuego.
Puede ser que Anaxágoras considerara el Intelecto como un ser, aunque
invisible e intangible, extendido en el espacio.
El cosmos no era, precisamente, una fase de un proceso cíclico
indefinido, como en Empédocles. Una vez que se hubo producido el impulso
inicial, la rotación continuó por su propio impulso a una velocidad
siempre creciente. El control del Intelecto sobre los seres vivos, por
otra parte, continuaba aún. Que la vida debería estar en una relación
especialmente estrecha con la fuerza cósmica inteligente era una
suposición natural y en perfecta consonancia con el pensamiento arcaico.
Aristóteles concluyó que Anaxágoras no distinguía entre Intelecto y
vida (Noûs y psyché).
- Resumen de intelecto en Anaxágoras.
1) Como su nombre implica, es consciente e inteligente, y su
conocimiento y juicio no conocen limitaciones. En ninguna parte de los
fragmentos conservados recibe el nombre de Dios, pero esto puede ser
accidental y es imposible que Anaxágoras no lo haya considerado como
algo divino.
2) Está
completamente separado de “las cosas”, y es enteramente homogéneo e
igual a sí mismo, mientras que las “cosas” ostentan una variedad
infinita. Esto significa que, si bien no concedido como completamente
incorpóreo, está muy cerca de ser considerado así, y Anaxágoras ha
recurrido a todos los medios a su alcance para contraponerlo con lo
material.
3) Él mismo
gobierna y es responsable, en última instancia, de todo movimiento de la
materia. Introdujo, en particular, el orden y la disposición, que son el
resultado del movimiento circular.
4) Mantiene una
forma especial de control sobre el mundo orgánico, y parece que es
idéntico a la psyché o principio de animación en las cosas vivas.
- Teoría de la materia.
La teoría anaxagorea es otro intento de mantener la realidad del mundo
físico frente a la negación eleata, aparentemente ineludible, de que
algo puede devenir o perecer. Pero no se reduce a eso, sino que es,
además, un intento de restaurar, en la medida de lo posible, el mundo
milesio. (Anaximandro, Anaxímenes). Al propio tiempo, parece que
Anaxágoras no sólo se sintió impresionado por el mismo Parménides, sino
también por los más paradójicos argumentos de seguidor Zenón, como, por
ejemplo, el de que si las cosas existentes fuesen muchas tendrían que
ser, al mismo tiempo, infinitamente pequeñas hasta desaparecer en un
punto e infinitamente grandes.
La línea general del pensamiento de Anaxágoras era la siguiente: nada
puede proceder de lo que no es nada, antes al contrario, parece que todo
se ha generado a partir de todo lo demás; todo tiene que contener, por
ello, todo lo demás.
Anaxágoras parece aceptar el reto de Zenón, quien pensó que podría
reducir la noción de pluralidad al absurdo mediante la afirmación de
que, si las cosas existentes fueran muchas, tendrían que ser, al mismo
tiempo, infinitamente pequeñas, hasta el extremo de carecer en absoluto
de magnitud, e infinitamente grandes. La respuesta de Anaxágoras
evidencia un conocimiento del sentido de infinito que ningún griego
antes que él había alcanzado: las cosas son, en efecto, infinitas en
número y, al mismo tiempo, infinitamente pequeñas. Pero ellas pueden
seguir haciéndose cada vez más pequeñas hasta el infinito sin
convertirse, por ello, en meros puntos sin magnitud.
Sutileza y originalidad del pensamiento de Anaxágoras: Él no sólo había
captado la noción de infinitud estricta (Y, en particular, de lo
infinitamente pequeño), sino que, habiéndose dado cuenta perfectamente
de lo que ella implica, asumió las consecuencias como pocos griegos
quisieron hacerlo. Por ejemplo, si un cuerpo contiene un número infinito
de ingredientes, por mucho que luego pueda dividirse, cada porción
sucesivamente más pequeña contendrá, asimismo, un número infinito de
ingredientes, de modo que las cosas serán “no sólo infinitas, sino
infinitas veces infinitas”.
Aunque parezca difícil de reconciliar con lo dicho: Todo contiene una
porción de todo lo demás, y un trozo grande de algo contiene tantas
porciones de ese algo como uno pequeño, a pesar de que difieren en
tamaño; pero ninguna substancia contiene la totalidad del número
infinito de substancias en igual proporción.
El mundo multiforme ha evolucionado, mediante un proceso de separacióno
división, a partir de una mezcla originaria de todas las cosas; ahora
bien, a pesar de la separación que ha tenido lugar, todo sigue
conteniendo aún algo de todo lo demás.
- Para Anaxágoras no existe nada semejante a un cuerpo simple, y para
Aristóteles es axiomático que un elemento tiene que ser simple.
Anaxágoras no planteó la cuestión de la naturaleza de la materia en su
forma aristotélica: “¿Cuáles son los elementos de los cuerpos físicos?”
Él se planteó más bien: ¿Sobre qué hipótesis de la naturaleza de la
materia se puede explicar el cambio aparente de una substancia en otra
(ilustrado par excellence con el fenómeno de la nutrición) sin suponer
la creación de una substancia nueva, lo cual repugna a la ley de
Parménides? Y respondió, en efecto, que ninguna de las formas
popularmente reconocidas desubstancia física era anterior a ninguna
otra, porque en una porción de cualquiera de ellas, sin importar el
tamaño, existían ya porciones de todas las demás, aunque en cantidades
por debajo del nivel de nuestra percepción. Esta respuesta la hizo
posible la concepción de lo infinitamente pequeño, concepción que le
había sido sugerida por la lectura de Zenón, aunque Zenón la hubiese
mencionado solamente con la finalidad de rechazarla como absurda.
Mediante el término “semilla” Anaxágoras se refería a una porción
imperceptiblemente pequeña de cualquier clase de substancia. No existe,
por supuesto, una cantidad fija para cada semilla: la teoría de
Anaxágoras es incompatible con todo lo relativo a la naturaleza de los
átomos.
NOUS:
transcripció d’un terme grec que s’empra en diversos sentits:
1. Facultat de pensar, intel•ligència, esperit;
2. Pensament objectiu
3. Entitat que regeix l’Univers.
|
- El estado inicial: Cosmogonía.
Las primeras fases de la cosmogonía siguen el orden de Anaximandro,
quien decía que, en el momento del nacimiento del cosmos, algo capaz de
generar lo caliente y lo frío se había separado del ápeiron, y de esto
surgió primero una esfera de fuego en torno al AER que rodea la tierra.
Conforme esta su cosmogonía avanza, Anaxágoras parece haber hecho uso
también de la teoría de la condensación de Anaxímenes. Los dos procesos,
el de la separación de los elementos desemejantes y el de la
condensación, se combinan mediante la hipótesis común de que lo
semejante es atraído hacia lo semejante. Las ideas milesias se
mantienen, de este modo, con las modificaciones necesarias debidas a la
crítica elata. Éstas son dos: el movimiento no puede seguir siendo
considerado como “eterno”, sino que debe asignársele una causa, y la
cuestión del estado originario de la materia no puede despacharse
diciendo simplemente que es ápeiron. Puesto que todas las cosas se
originan del mismo, las cuestiones de si era en sí uno o muchos,
homogéneo o una mezcla, y, de ser una mezcla, qué clase de mezcla y en
qué sentido contenía los productos subsiguientes, estas cuestiones salen
a la luz y necesitan una respuesta.
- Conclusión.
Fue jónico después de Parménides y Zenón. Su logro puede recapitularse
como doble: la idea de Intelecto como la fuerza motriz, ordenadora y
controladora del universo, y la teoría de la estructura de la materia.
La primera adquirió una prominencia especial a la luz de la filosofía
posterior, sobre todo por su papel en los sistemas teleológicos de
Platón y Aristóteles. Ambos reconocieron su novedad, pero se lamentaron
de que Anaxágoras no acertara a hacer un uso más adecuado de la misma.
Con la concepción del Intelecto como la causa última del orden y de la
regularidad en el mundo material, y en sí algo separado de la materia,
independiente y que gobierna por sí, se puso la semilla de una
concepción de la naturaleza completamente teleológica, tal y como Platón
y Aristóteles admitieron abiertamente.
Los atomistas fueron deudores suyos con respecto a la noción de realidad
infrasensible: “Los fenómenos son un vislumbramiento de lo invisible”,
sentencia que se decía que Demócrito la había citado con aprobación. Su
teoría de la materia le llevó también a otros dos logros dignos de
crédito.
La idea de lo infinitesimal y un avance sobre la tosca concepción
milesia de los “contrarios”. Lo caliente y lo frío no están separados
entre sí o cortados “como por un hacha” –un paso hacia su consideración
como puntos en una escala continua. Su doctrina de la materia nos hace
avanzar un paso más en el camino hacia el atomismo, del que difería, sin
embargo, en dos aspectos fundamentales: en el principio de divisibilidad
infinita, con el que el “atomismo” se encuentra en total contraposición,
y en el supuesto de que cualquier partícula de materia, por pequeña que
fuera, estaba dotada de todas las cualidades sensibles.
LOS ATOMISTAS DEL SIGLO V
La teoría atomista fue la obra de Leucipo y de su discípulo Demócrito.
Epicuro lo continuó y modificó, por diversos motivos, a finales del
siglo IV aC.
La teoría atomista
El atomismo es el intento final, y más fructífero, de rescatar la
realidad del mundo físico de los fatales efectos de la lógica eleata
mediante una teoría pluralista. A sus iniciadores, la divisibilidad
infinita y las diferencias cualitativas de las “semillas” de Anaxágoras
les parecían una evasión de la cuestión, y se procuraron su propia vía
de solución en una versión corregida y aumentada del pitagorismo.
Los atomistas se percataron de que los pitagóricos habían obviado el
espacio infranqueable existente entre las figuras matemáticas, y el
mundo de la naturaleza. Si este mundo estaba formado por unidades, éstas
tenían que ser unidades de una substancia física sólida.
Aristóteles, después de elogiar a Leucipo y Demócrito, por su coherencia
y rigor y por su retorno al punto de partida natural, explica el
surgimiento de su teoría como una reacción contra los que postulan que
“lo que es” tiene que ser, necesariamente, uno e inmóvil, sosteniendo
que el vacío no tiene existencia y que, al no existir un vacío separado
del ser, lo que es (la realidad) no puede moverse, y, además, que no
puede haber una multiplicidad de cosas si no hay nada que las separe.
La naturaleza del ser según Parménides no exige, como entendió él, que
el vacío sea inconcebible. La forma en que Leucipo abordó esta
dificultad, mediante la afirmación de que “el vacío es el no ser, pero
existe”, es menos paradójica de lo que parece, si recordamos el
supuesto, de validez general hasta ese momento, de que todo lo que
existe existe en forma corpórea.
La admisión del vacío trajo consigo la posibilidad de la pluralidad y el
movimiento. No se necesitaba nada más para la construcción de un cosmos
a partir de realidades elementales, cada una de las cuales por sí misma
satisfacía las condiciones eleatas de la existencia. El Ser (on) fue
sustituido por seres.
(De Leucipo), dice Aristóteles:
No puede existir el movimiento sin el vacío. De lo realmente uno no
podría surgir nunca la multiplicidad, ni de lo realmente múltiple, lo
uno.
Todo cambio y cualquier tipo de afección externa se producen de este
modo: la disolución y la destrucción tienen lugar gracias al vacío, al
igual que también se produce el crecimiento cuando los cuerpos sólidos
se deslizan en él (para llenar los espacios vaíos).
Aquí se nos representa a Leucipo como insistiendo en el cumplimiento
estricto de las condiciones eleatas del ser. Lo que es tiene que ser un
PLENUM. La generación y la destrucción son literalmente imposibles. Lo
que es uno no puede dar lugar a muchos, ni muchas cosas a uno. De ahí la
insistencia en que lo que está compuesto por átomos en contacto no es
una unidad; ningún ser nuevo simple se originaría de este modo. Sólo una
cosa es necesaria, de quererse satisfacer las condiciones eleatas del
ser, y, simultáneamente, admitir la existencia de un mundo físico: EL
ESPACIO VACÍO.
La naturaleza general de los átomos.
“Lo que es” puede tener vacío fuera de sí, pero nada de vacío en sí (y,
por ello, ningún movimiento). No sólo el número de los átomos es
infinito, sino que presentan también una infinita variedad de formas.
Son “infinitos”, en cuanto a su número y a sus formas.
La importancia de las formas de los átomos en la explicación de la
variedad de la naturaleza perceptible condujo, de hecho, a que se les
acabara denominando tan pronto “figuras” o “formas”, como átomos.
Demócrito escribió una obra “Sobre las formas”.
Así como el término “formas” resalta su variedad, así también el término
átomo llama la atención sobre su característica esencial, la
indivisibilidad, resultado de su fidelidad al modelo del Uno de
Parménides, a su homogeneidad y plenitud.
El movimiento y su causa.
Los criterios eleatas habían de mantenerse compatibles, al más alto
grado, con la aceptación del hecho obvio del movimiento. La respuesta
radicará en el descubrimiento primario de que la noción de espacio vacío
no era algo precisamente ilógico. Éste daba entrada, de inmediato, no
sólo a la pluralidad, sino también al movimiento. Si miramos hacia
atrás, no es fácil llegar a una valoración completa en torno a la
novedad de la idea, aunque tal vez haya podido contribuir a ello el
hecho de que los atomistas la revistiera de términos tan paradójicos.
Los pensadores anteriores nunca habían concebido con claridad un vacío:
su substancia o substancias primarias habían colmado el todo. Sólo los
pitagóricos habían hablado del vacío y estuvieron tan lejos de
comprender su estricto significado, que lo llegaron a identificar con el
aire, en el cual le sería posible “respirar” al universo.
Parménides había condenado para siempre todo sistema que, como el
milesio o el pitagórico, combinase las nociones de uno y muchos. Lo uno
no podría llegar a ser nunca muchos, y no se albergaban dudas en torno a
que todo cambio y movimiento eran imposibles, porque, entre otras
razones, el vacío era un concepto inadmisible. Empédocles y Anaxágoras
habían intentado salvar los fenómenos abandonando la unidad originaria.
Pensaron que, postulando una pluralidad inicial, podría mantenerse la
posibilidad de locomoción por una especie de substitución recíproca.
Dado un pleno semejante, parecía necesaria una causa externa del
movimiento, de no quererse que permaneciese como una masa estática y
congelada. De ahí, el Amor y la Discordia de Empédocles, y el Intelecto
de Anaxágoras. Pero a una época para la que sólo era real el ser
corpóreo, la introducción de la Inteligencia sobre la mezcla tuvo que
haberle parecido sospechosa, al igual que la reintroducción, por la
puerta trasera, del Uno detrás de la pluralidad, quedando el sistema de
Anaxágoras abierto, una vez más, a críticas de tipo eleata.
Estas consideraciones pueden llevarnos a pensar que los atomistas se
habían enfrentado conscientemente con el problema del movimiento y su
origen, y que se preciaban de estar ofreciendo una razón, no sólo
necesaria, sino también suficiente del mismo, mediante su atribución a
la existencia del vacío.
Los intentos pluralistas anteriores por rescatar los fenómenos de la
lógica eleata se habían visto obstaculizados por las dificultades de
explicar un principio del movimiento en una masa de materia,
efectivamente, heterogénea, pero compacta y sin resquicio alguno de
espacio vacío entre sus partes. Sustituyendo esto por el cuadro
alternativo de un número infinito, de átomos microscópicos sueltos, por
así decirlo, en un espacio infinito, tan razonable sería preguntar “¿Por
qué tendrían que permanecer inmóviles?” como “¿Por qué tendrían que
moverse?”
Hay otra cuestión interesante. Los jonios preparmenídeos también habían
dicho que el movimiento era eterno, pero para ellos esta concepción
estaba inevitablemente ligada a la de la vida. Lo que no debía su
movimiento a ninguna causa exterior era en sí vivo; su movimiento era
eterno, como tenía que serlo el de la arché, no sólo era vivo sino
divino. El materialismo de Leucipo y Demócrito restaura la idea del
movimiento como inherente a la materia y como perteneciente, por ello, a
la misma desde siempre, pero aleja de esta concepción las últimas
huellas de animismo. El movimiento es puramente inanimado y mecánico.
Aconteció “de un modo automático” o “por necesidad”.
¿Es esta, quizá, una de las contribuciones más originales y que han
ejercido mayor influjo sobre el pensamiento? ¿Y no llegó a ser ella
posible sólo y exclusivamente por el postulado consciente del vacío
absoluto? Al rechazar la exigencia de un primer agente activo del
movimiento, Leucipo y Demócrito están más próximos que Aristóteles a las
concepciones normales entre los científicos europeos, desde Galileo y
Descartes.
La naturaleza del movimiento original. La cuestión del peso de los
átomos
Las exposiciones de la cosmogonía de Leucipo parten del panorama
representado por los innumerables átomos de diversas formas y tamaños
que se mueven en el espacio vacío, se empujan, chocan y se entremezclan,
y al reunirse de aquí y de allá dan lugar a un tipo de movimiento
similar a un torbellino, el cual se consideró necesario para crear el
mundo.
La formación del cosmos se explica, luego, como manando de la acción del
torbellino y de su efecto sobre el movimiento subsiguiente de los
átomos. Desde la inauguración misma, por tanto, de sus sistema cósmico
se da razón del movimiento, si bien, a diferencia de lo que ocurre en el
caso de Anaxágoras, no se habla del principio absoluto del mismo.
Según dijeron los atomistas, se había equivocado Anaxágoras al decir que
las cosas habían estado alguna vez en reposo y que luego habían empezado
a moverse en un determinado momento temporal , y, sin el movimiento es
eterno, es absurdo buscar su causa. Este argumento era particularmente
fácil que se le ocurriese a un griego del siglo V, para quien las
nociones del principio, origen, principio rector y causa parecían
estrechamente ligadas a un solo y único término, arché.
Podemos concluir, pues, que Leucipo y Demócrito no hallaron
justificación alguna para ofrecer una causa positiva del movimiento de
los átomos, salvo el hecho de que estaban libres en el espacio vacío, y
que no les atribuyeron ninguno de los movimientos que Aristóteles llamó
“naturales”. El movimiento debía aceptarse como una característica
inherente y eterna de la materia cuando no se encuentra dificultada por
obstáculo alguno. Se trataba de un movimiento pluridireccional
desordenado e irregular, y, puesto que era eterno y carente de
principio, era razonable decir que las colisiones y rebotes de los
átomos determinaban su dirección, del mismo modo que la naturaleza
fortuita del movimiento originaba las colisiones.
Las diversas clases de movimiento que actuaron conjuntamente para
conducir el mundo pueden resumirse así: 1) un torbellino universal, al
que se subordinaron otros movimientos menores; 2) dentro de éste, una
continuación de los movimientos, originalmente irregulares de los átomos
individuales, resultado de sus colisiones y rebotes; 3) una tendencia de
los cuerpos más grandes y pesados a buscar el centro del torbellino y de
los más pequeños y ligeros a ser despedidos hacia fuera; 4) de un modo
más general, la atracción de lo semejante por lo semejante, una ley
aplicable tanto a los átomos individuales, como a sus compuestos.
Leucipo y Demócrito atribuyeron todo esto a la”necesidad”, un
concepto que, al decir de sus críticos antiguos, dejaron sin explicar,
pero que, en efecto, no era diferente del azar.
La causalidad en el atomismo: necesidad y azar.
- La necesidad era todopoderosa para Leucipo y Demócrito.
- La ciega necesidad del movimiento atómico consideraba los
acontecimientos determinados por el estado inicial y no por el final,
como los teleólogos.
- Lo que fuera a suceder debía su origen a un nexo de causas necesarias
tan complejas que escapaba al alcance de la capacidad humana llegar
siquiera a comprenderlo. El azar era algo subjetivo, que excedía a
nuestros poderes de predicción, porque las causas necesarias implicadas
eran (no no-existentes, sino de número indefinido). En definitiva, una
omnisciencia semejante está fuera de nuestro alcance.
Teoría de Demócrito sobre la causalidad.
1) Todos y cada uno de los fenómenos están determinados. No existe algo
semejante al azar, si el término se usa en un sentido absoluto u
objetivo.
2) La noción de azar puede mantenerse y usarse en un sentido restringido
para indicar una causa que es, y tiene que seguir siendo, oscura para
nosotros.
3) La dificultad de comprensión de una causa semejante radica en el
hecho de que ella es siempre, en la medida en que ello nos concierne,
una más de entre un número indefinidamente amplio de posibilidades.
El tiempo.
Con excepción de los eleatas, que le negaron por completo cualquier tipo
de realidad a lo temporal, con anterioridad a Leucipo la concepción
predominante del tiempo había sido cíclica. Concepción ésta que podía
ser más o menos consciente y más o menos estricta, pero que, de una
forma u otra, era una concepción que se remontaba a los modos más
primitivos de pensamiento, se basaba en la observación elemental y había
cristalizado en prácticas mágicas o religiosas.
Entre los jonios, una concepción cíclica aparece ya indicada por el
único fragmento conservado de Anaximandro. Los pitagóricos creyeron en
una repetición estricta de la historia. Jenofonte postuló,
probablemente, el surgimiento y decadencia cíclicos de las
civilizaciones, como marcados por desastre s naturales a punto de
originar la disolución completa del mundo, y reaparecen, después de los
atomistas, en Platón y Aristóteles. Un esquema cíclico que, implicaba la
destrucción y renacimiento periódicos del cosmos, aparece en Empédocles,
y luego, en el estoicismo. El ciclo temporal se encuentra también en la
literatura no filosófica, pudiéndose considerar, de hecho, como un
reflejo de la forma, a la sazón más normal de pensamiento.
Frente a todo esto, es notable hallar en Leucipo y Demócrito una
concepción de la infinitud del tiempo, rectilínea y sin huella alguna de
ningún tipo de retorno cíclico. Los mundos surgen y desaparecen, pero no
hay repetición de este mundo. A medida que los infinitos millones de
átomos chocan en el espacio infinito a través del tiempo infinito, toda
clase de formaciones podrán ir apareciendo: algunas pueden ser incluso
idénticas, pero, si esto sucede, es puramente por azar.
Esto tiene más amplias implicaciones. En el pensamiento griego, las
nociones de movimiento circular y actividad racional estaban íntimamente
relacionadas, y, en el “Timeo” platónico, las órbitas circulares de los
cuerpos celestes eran permanentes y esenciales a su naturaleza como
creaciones de una inteligencia superior. En Demócrito son puramente
accidentales y temporales.
Teoría del conocimiento.
La epistemología, tan importante en la investigación filosófica
ulterior, ocupaba un espacio mucho más humilde en la mentalidad de un
pensador del siglo V, en donde se encontraba completamente eclipsada por
la investigación del se u ontología.
Debemos tener en cuenta la situación filosófica que los atomistas habían
heredado. Esta circunstancia la ha descrito de un modo gráfico Luria.
Demócrito comienzo a actuar en una atmósfera de ruina que le era
imposible ignorar. Debía partir de explicar el lamentable estado de
oscuridad en que se debatía la búsqueda de la verdad e intentar hallar
una salida. En el ámbito de las matemáticas, Zenón había hecho ver que
las hipótesis de que los cuerpos eran completamente divisibles implicaba
que todo cuerpo era de magnitud infinita, y, a su vez, que la
divisibilidad infinita significaba que los cuerpos carecían por completo
de magnitud. Y, sin embargo, no podía negarse la divisibilidad. En la
esfera física, tanto él como Parménides habían mostrado que el mundo
objetivo no se corresponde, de ninguna manera, con el mundo irreal y
contradictorio de la percepción sensible. Por otra parte, la perspectiva
de la construcción por los physici de un mundo independiente del ser era
pobre, porque, mediante argumentos de más o menos la misma fuerza,
habían llegado a resultados diferentes y entre sí excluyentes.
Protágoras había negado que existiesen criterios para reconocer un mundo
externo del ser. Y se contentó con un mundo “colectivamente subjetivo”,
al que llegó mediante la comparación con los mundos subjetivos de los
individuos, que podría ser temporal y relativamente válido para las
comunidades particulares humanas (...)
Los fines de los tomistas no eran los científicos empíricos. Ellos
tenían el propósito filosófico de la época de rescatar la realidad y
mostrar en qué dirección debía buscarse. Demócrito refutó a Protágoras,
pero, en su origen, la doctrina atomista, como de la de sus inmediatos
predecesores, se propuso aceptar el desafío eleata.
Sólo los átomos y el vacío poseen una existencia objetiva, y ellos son
deducidos por la mente, no percibidos directamente por los sentidos.
Los primeros principios de Demócrito seguían siendo una parte del mundo
sensible, empíricamente imperceptibles debido al accidente de la
pequeñez, pero substancialmente idénticos a los cuerpos perceptibles,
que son, de hecho, exclusivamente agregados de ellos. Para Demócrito, no
existía un mundo noético opuesto al fenómeno.
Demócrito dijo, efectivamente, que la inteligencia, aunque consideraba
despreciables a los sentidos por no reflejar en sí mismos la realidad,
tomaba de ellos, sin embargo, sus testimonios. Lo que nos lleva a pensar
en un cierto proceso de deducción, como cuando habla de que los
fenómenos vienen a ser una ventana sobre lo invisible. A través suyo, si
no nos detenemos en ellos, podemos llegar a conocer la naturaleza de las
realidades invisibles.
Ciertos efluvios sutiles de los átomos se introducen directamente a
través de los órganos sensibles o de otros “conductos” que hay en el
cuerpo y afectan a la reunión de los átomos puros del alma, que forman
la inteligencia, posibilitando, de este modo, que ella tenga un
conocimiento directo de los átomos en sí. Nuestra imagen de la realidad
se construye por la combinación de ambos modos de gnosis.
Els pitagòrics
En el
pitagorisme trobem, juntament amb el component racional, un component
místic i religiós, si bé diferent de la religió oficial dels grecs,
basada en el culte als famosos déus olímpics (Zeus, Hera, Hefest, etc.)
Aquesta era una religiositat molt externa, superficial, que es limitava
a “complir amb els déus” seguint els ritus que prescrivia el culte de
cadascun d’ells. Enfront d’ella, s’havien introduït en el món grec,
procedents d’orient, altres moviments religiosos més intimistes i molt
més compromesos amb la vida de les persones: les religions mistèriques.
Una de les més importants va ser l’orfisme. Per bé que allunyades –i
fins i tot contràries- de la tradició hel•lènica, aquestes doctrines van
tenir una profunda influència en la mentalitat grega posterior ja que hi
introduïren un nou esquema de creences i una nova manera d’interpretar
l’existència humana.
Principals
creences òrfiques
- El seu déu és Dionís, una divinitat que va morir i va ressuscitar.
- Els homes tenen una ànima immortal empresonada en un cos.
- Quan mor el cos, l’ànima transmigra a un altre cos.
- El cos al qual l’ànima passa després de la mort serà segons la vida
que s’hagi portat: els avars, per exemple, s reencarnaran en animals
recol•lectors com, per exemple, les formigues.
- Els qui s’hagin purificat es reencarnaran en éssers cada cop més
nobles fins que trenquin el cicle de les reencarnacions i puguin anar a
viure amb els déus.
- La purificació només és possible si es pertany a la comunitat òrfica i
se’n segueixen els preceptes.
- Per tal de ser admès en aquestes comunitats cal seguir un camí
iniciàtic.
- Qui va revelar aquestes creences va ser Orfeu, personatge mitològic
que havia baixat als inferns, havia aconseguir sortir-ne i havia vençut,
així, la mort.
Aquesta línia
de pensament es va iniciar cap a l’últim terç del segle VI aC, en temps
d’Anaxímenes) a la Magna Grècia, conjunt de ciutats gregues del sud
d’Itàlia; per això se la denomina “filosofia
itàlica”. Encara
que, com a forma de pensament racional s’assembla en alguns aspectes al
jònic, hi ha entre tots dos diferències importants. Es tracta d’un
conjunt de doctrines conegudes sota la denominació general de
“pitagorisme” perquè no es pot saber qui va ser l’autor d cadascuna,
però sí que eren compartides pels membres de diverses comunitats
fundades per Pitàgores, els quals les mantenien en secret.
Els deixebles de Pitàgores, els quals l’anomenaven “el Mestre”, li
atribuïen l’elaboració de totes aquestes doctrines, tanmateix, sabem que
moltes van serf formulades per altres pensadors de l’època.
Encara que molts historiadors han assenyalat diferències entre l’orfisme
i les doctrines pitagòriques, és innegable la influència que va exercir
sobre aquestes. Així, tant els pitagòrics com els òrfics creien que els
homes eren constituïts per dos components de naturalesa diferent: el cos
i l’ànima. I no solament els humans, sinó tots els éssers vius i, en
definitiva, tota realitat, ja que l’univers sencer és viu i té una ànima,
que és divina i de l qual les ànimes individuals no són més que
fragments; per això totes volen tornar al seu origen i alliberar-se del
cos, que no és sinó una presó. El cos només es pot abandonar mitjançant
la mort, si bé aquesta normalment no comporta l’alliberament definitiu
ja que les ànimes es veuen sotmeses a un cicle de transmigracions, és a
dir, passen d’un cos a un altre, que pot ser d’un home, d’un animal o,
fins i tot, d’una planta. Pitàgores mateix recorda a quatre
reencarnacions anterior. Per tal que l’ànima pugui acostar-se cada
vegada més a la divinitat i trencar, així, el cicle de reencarnacions,
cal que, mentre romangui lligada al cos, es vagi purificant, és a dir,
es vagi alliberant dels seus lligams “materials”.
L’acusmàtica i la
matemàtica. Dos nivells de purificació.
La finalitat de les comunitats pitagòriques era, doncs, bàsicament la
purificació de l’ànima. Hi havia dues formes o estadis de purificació:
el primer era l’acusmàtica, que consistia principalment a seguir els
preceptes (akoúsmata) imposats pel profeta (Pitàgores). Però el camí
d’alliberament més segur i més perfecte era el matemàtic, és a dir, el
de l’estudi (matemàtic
ve del grec
manthano “aprendre”),
un camí reservat a uns quants iniciats (els “matemàtics”, enfront dels
purament “acusmàtics”) que es dedicaven sobretot a l’activitat intel•lectual,
encara que no rebien lliçons directament del Mestre fins al cap de
quatre anys, i només el sentien a través d’una cortina. D’aquesta
manera, Pitàgores anà adquirint una aurèola de profeta amb poders divins
a qui era atribuïda la capacitat de fer miracles.
Si l’estudi era la via per adquirir la perfecció, no podia ser un estudi
qualsevol sinó el de les activitats més “espiritualitzadores” a què es
pot dedicar la naturalesa humana: la ciència més perfecta. I
consideraven que la ciència més perfecta era la dels nombres i figures
geomètriques (que des d’aleshores rep el nom de matemàtiques) i la
música, que estimula el sentiment del que és harmoniós. A diferència
dels qui fins llavors havien estudiat geometria –sobretot babilonis i
egipcis, que ho havien fet amb finalitats pràctiques:
càlculs
de transaccions econòmiques, distribució de queviures, amidament de
camps, etc.-, els pitagòrics van estudiar les matemàtiques per raons
religioses i les van entendre d’una manera purament especulativa.
Consegüentment, descobriren una gran quantitat de propietats dels
nombres i figures, relacions entre ells, proporcions, etc.
Va ser tanta la fascinació que aquests descobriments els van produir,
que començaren a creure en allò que podríem anomenar el “poder dels
nombres” i van quedar convençuts que aquests constituïen la base i el
fonament de tota la realitat: tot és fet de nombres, tot es basa en una
proporció matemàtica. Una afirmació que, d’entrada, pot sorprendre;
tanmateix, si tenim en compte que entenien els nombres no pas com a purs
quantitats abstractes sinó com a realitats materials, no resulta tan
estranya.
Els
pitagòrics i els nombres.
Els pitagòrics consideraven que l’1 era el punt; el 2, la línia, el 3,
el pla, i el 4, el sòlid: una manera d’entendre els nombres que ben
podria provenir del costum antiquíssim de representar els nombres am
pedretes (calculus
en llatí, d’on prové el verb calcular).
Sembla que la idea que les proporcions matemàtiques són el fonament de
tot el que és real va ser suggerida a Pitàgores per l’observació que
l’altura del to d’un so produït per la corda d’un instrument depèn de la
longitud de la corda. Va descobrir que, entre aquests dos fets, hi havia
unes relacions numèriques exactes: si la longitud de la corda es reduïa
la meitat, el to produït era d’una octava més alt; si es reduïa dos
terços, d’una quinta, etc..
Fet i fet, si la música es redueix a nombres, per què no s’hi podia
reduir tot? Va considerar, doncs que, per tal d’entendre l’univers,
calia descobrir el nombre i les proporcions que regien cada cosa, atès
que, esbrinades les propietats del seu nombre, s’entendrien les
d’aquella. Així l’1, fonament de tots els nombres, és el de l’ànima del
món, per la qual tot té cohesió vida, i, per això, és també el nombre de
la intel•ligència. En canvi el 2, base de la pluralitat, és el nombre de
la diversitat, la indeterminació i la divisió, i, consegüentment, de
l’opinió, sempre oscil•lant d’una banda a l’altra. És, així mateix, el
nombre de l’element femení, perquè en la reproducció només aporta la
matèria indeterminada. En canvi, el 3 és el primer nombre perfecte
perquè té principi, mitjà i fi: per això és l’element masculí, perquè
determina el nou ésser, li dóna forma. “Lògicament” el nombre del
matrimoni serà el 5 (femení + masculí). El 4 representa la justícia,
entesa com a reciprocitat, perquè és el primer que resulta de
multiplicar un nombre (el 2) per ell mateix. I així, successivament.
Val a dir que només trobem atribucions tan clares en els deu primers
nombres, ja que, com que el sistema numèric era decimal, consideraven
que tots els altres es generen a partir d’aquests deu primers. Opinaven,
també, que els nombres més bàsics eren els quatre primers perquè la suma
(1 + 2 + 3 + 4) feia justament deu: ho representaven mitjançant un
triangle equilàter (figura del marge), que anomenaven tetractis de la
dècada, una figura sagrada sobre la qual juraven.
Nombres triangulars:
3 = 1 + 2
6 = 1 + 2 +3
10 = 1 + 2 + 3 + 4
Nombres quadrats:
4 = 1 + 3
9 = 1 + 3 + 5
16 = 1 + 3 + 5 + 7
Ara bé, si els
nombres i les proporcions constitueixen els principis de les coses, no
són encara els elements primers; ells mateixos són generats per dos
principis anteriors: l’il•limitat i el límit. Per obtenir un so en un
monocord, per exemple, cal que la corda vibri; tanmateix, perquè doni un
to determinat, la corda ha de tenir una llargada precisa. Quants tons
diferents podem obtenir? En principi, infinits, només caldria tenir a
l’abast una corda il•limitada, si bé no n’aconseguirem cap si no la
polsem en un punt concret. Així tot és format per dos principis: l’il•limitat
i el que limita. Els nombres mateixos són formats per aquests principis,
que els pitagòrics van associar al fet que siguin parells (il•limitats)
i senars (limitats) paral•lelament hi associaren altres dualitats
bàsiques.
L’estructura numèrica de la realitat és la causa de l’harmonia que
regeix totes les coses i que és un dels conceptes fonamentals dels
pitagòrics.
Ja s’ha dit que Pitàgores va ser qui va descobrir les
harmonies musicals bàsiques:
l’octava (1/2), la quinta (2/3) i a quarta (4/3). Tot el que hi ha en el
món, doncs, és la manifestació de l’harmonia: la música, les diverses
substàncies, l’art, la virtut, l’amistat, la salut... El pitagòric
Alcmèon de Crotona creia que la malaltia no era més que un desequilibri
que, per diferents causes, es produïa en els components interns dels
éssers vivents (fred/calor, humitat/sequedat, amargor/dolçor, etc.).
Els pitagòrics van ser els primers que van considerar que la Terra era
esfèrica i que no constituïa el centre de l’univers, sinó que es
tractava d’un planeta que, com el Sol, la Lluna, Mercuri, Venus, Mart,
Júpiter i l’esfera de les estrelles fixes, gira circularment a l’entorn
d’un foc central (l’ànima del món). Tot aquest conjunt d’esferes forma
el Cosmos “Ordre” (és el que significa en grec aquest mot). Com que són
nou esferes, els pitagòrics van suposar que n’hi havia una altra (l’Antiterra)
a fi que fossin deu, el nombre perfecte. En el seu gir constant i
uniforme, cada esfera produeix un so i, atès que les distàncies entre
aquests astres corresponen als intervals harmònics, formen una música
meravellosa (la música celestial o harmonia de les esferes), que
nosaltres no copsem perquè, havent-la sentida des que hem nascut, ja hi
estem acostumats.
Les comunitats pitagòriques eren també grups de pressió política. En
unes quantes ciutats, van intentar –i, en algunes, ho van aconseguir-
arribar al poder, i hi imposaren les idees ascètiques i de moral
estricta que propugnaven. Això va provocar que a Crotona, on hi havia el
nucli principal, es desfermés la ira popular: cap a l’any 500 aC, els
ciutadans es revoltaren contra ells, els van cremar els locals i els van
foragitar de la població. Al cap d’un temps, tanmateix, noves comunitats
s’hi van instal•lar un altre cop i van romandre-hi durant molt de temps.
Jònics
|
Pitagòrics |
Doctrina
individual |
Doctrina col•lectiva |
Exposen les
teories a discussió pública |
Mantenen les doctrines en secret |
Naturalistes |
Elements místics i religiosos |
Monistes |
Dualistes |
Cerquen
l’origen de les coses |
Cerquen la forma o estructura de les coses |
L’arjé és
una substància material |
L’arjé
és un element formal |
Model
explicatiu biològic |
Model
explicatiu matemàtic |
Panpsiquisme:
tot és viu, tot està dotat de vida, “animat” |
La
vida no prové de la matèria sinó d’un principi diferent: l’ànima. |
Aquesta que
vivim és la vida autèntica |
Transmigració de les ànimes: l’autèntica vida existeix més enllà
de la vida corporal. |
Visió
utilitarista del saber: finalitat tècnica |
Visió contemplativa: purificació de l’ànima. |
Tendències
democràtiques |
Tendències democràtiques |
Heràclit i
Parmènides
Vegeu "La Dialèctica", de Ramon Valls Plana
Heràclit.
Des de l’any 546 aC tota la Jònia havia quedat sotmesa als perses; a
principis del segle V, l’any 498, les ciutats jòniques –excepte Efes- es
van revoltar contra la dominació persa. Les ciutats insurrectes foren
vençudes i castigades molt cruelment pel rei de Pèrsia, Darios. La
capdavantera de la rebel•lió fou Milet, que també va rebre la repressió
més forta. Heràclit va viure totes aquestes catàstrofes; potser per això
les críptiques sentències heraclitianes s’han interpretat sovint com una
expressió de la seva visió pessimista de la realitat: “La guerra és pare
i rei de totes les coses...”
ºHeràclit va viure vers la segona meitat del segle VI aC. Se situa, en
el temps, entre Pitàgores, a qui Heràclit va criticar, i Parmènides, que
sembla que el criticà a ell. Era fill de la família aristocràtica més
distingida de la ciutat d’Efes, una família que havia heretat la
dignitat reial (basileus) i la sacerdotal de la Demèter d’Eleusis. Va
renunciar als seus drets reials a favor del seu germà per arrogància.
Era de caràcter taciturn, solitari i elitista. Ja des de l’antiguitat
se’l coneix amb el sobrenom de l’Obscur a causa de l’aspecte enigmàtic
del seu pensament.
“És el mateix la
vida i la mort, estar despert i dormir, joventut i vellesa; aquelles es
canvien en aquestes i aquestes en aquelles.” (fr. B-88)
“Una sola cosa és la veritable saviesa: conèixer la intel•ligència que
guia totes les coses a través de totes les coses”. (fr. B-41).
“Per a les ànimes, convertir-se en aigua és la mort; per a l’aigua, la
mort és convertir-se en terra; tanmateix, de la terra neix l’aigua, i de
l’aigua l’ànima” (fr. B-36).
“El camí cap amunt i cap avall és un i el mateix” (fr. B-60).
“Déu és dia-nit, hivern-estiu, guerra-pau, fartada-fam; canvia com el
foc, el qual, quan es barreja amb perfums, s’anomena segons la fragància
de cadascun d’ells.” (fr B-67).
“Totes les coses es canvien recíprocament amb el foc i aquest, al seu
torn, amb totes les coses, com les mercade4ries amb l’or i l’or amb les
mercaderies.” (fr. B-90)
Parmènides
(540-470 aC)
Va néixer a Elea. Sembla que va ser deixeble de Xenòfanes i que va
conèixer el pitagorisme. Segons la tradició, va tenir fama de legislador
excel•lent. Va exercir una influència enorme, ja de manera immediata en
els pluralistes –sobretot en Empèdocles d’Agrigent- i en Plató, el qual
li dedicà tot un diàleg: El Parmènides. Se suposa que va visitar Atenes
cap a la meitat del segle V arran d’una missió diplomàtica que li havia
estat confiada i que va aprofitar el viatge per discutir sobre filosofia
amb els filòsofs atenesos.
“Cal dir i pensar
que el que és sigui; perquè hi ha ésser, però no hi ha no-res. T’incito
que ho entenguis Així t’aparto d’un primer camí de recerca i després
d’aquell per on els mortals que res no saben divaguen bicèfals, ja que
en el seu pit guia la incapacitat. Gent sense discerniment, per als
quals l’ésser i el no-ésser són considerats el mateix i no el mateix, i
per als quals de totes les coses hi ha una doble direcció
(Fr. 6)
(Jesús Mosterín.
Història de la filosofia, 3)
“A començaments del segle V aC encara no s’havia desenvolupat la
consciència lògica o lingüística. Parmènides raonava en grec amb gran
vigor i contundència, però sense ser conscient de les estructures i
condicionaments de la llengua que usava (...) En grec una sola paraula,
el verb eínai, fa les funcions que en català fan els verbs “ser” (o
“estar”) i “existir” (o “haver”). La forma del verb estí significa tant
“és” (o “està”) com “existeix” (o “hi ha”).- Així nosaltres no tenim cap
dificultat per a dir que existeix (o hi ha) un home que no és negre. En
grec s’hauria de dir que estí un home que no estí negre. Si no tenim
consciència d’aquesta equivocitat d’estí podem enredar-nos i pensar: si
l’home que estí no estí negre, en especial, no estí. Però, en què quedem,
estí l’home o no estí? En aquest embull es va enredar Parmènides
ZENÓ D’ELEA
(495 - ? aC)
Deixeble de Parmènides i home d’una gran cultura es dedicà a refutar les
opinions dels qui contradeien el seu mestre. Aristòtil diu que Zenó va
ser l’inventor de la dialèctica. Era ben plantat i bell. Va visitar dues
vegades Atenes, la primera acompanyant Parmènides. Sembla que va morir
trinxat en un morter, per ordre del tirà Nearcos a qui el filòsof
s’oposava.
Era de la mateixa polis d’Elea. Intentà de fer ben acceptables les idees
del seu mestre i enginyà un conjunt d’argumentacions en les quals, si no
acceptes la immobilitat universal, quedaves ben atrapat. Són les
conegudes paradoxes o apories de Zenó. La paradoxa de la tortuga és una
de les més famoses.
“Una tortuga
desafia Aquil•les, el dels peus alats (heroi magnànim i el corredor més
ràpid de Grècia), a competir en una cursa i diu a Aquil•les que ell no
l’atraparà pas si té l’atenció de donar-li una mica d’avantatge. Aquil•les
accepta i la tortuga, ben arrogant, reafirma que ell mai no podrà
guanyar la cursa! Per què? Segueix el raonament de la tortuga i observa
si comet algun error lògic.
Aquil•les és en el punt de sortida, que podem anomenar A0; la tortuga,
un cop concedit l’avantatge, està més avançada, en el punt T1. Comença
la cursa. Aquil•les va del punt A0 al punt A1, a l’alçada de la sortida
de la tortuga, però, mentrestant, la tortuga ha passat del seu inicial
punt T1 al punt T2; Aquil•les encara no l’ha atrapada. A continuació,
Aquil•les va del seu punt A1 al punt A2. I. Mentrestant, la tortuga ha
anat del punt T2 al T3, i Aquil•les encara no l’ha atrapada, li cal anar
del punt... i podem continuar així infinitament, de la mateixa manera
que infinitament podem dividir un segment finit.
Conclusió: Aquil•les mai no atraparà la tortuga; el canvi o moviment és
una il•lusió.
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