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4. La filosofía como defensa personal
En el siglo XX, la filosofía no sólo ha hecho camino aplicando su crítica
a pluralidad de ámbitos, también ha sido una actividad
permanente de análisis conceptual. Recordemos que, de acuerdo con
Witgenstein, la filosofía no es una doctrina sino una
actividad, una actividad de clarificación, de comprensión
y dilucidación de los usos del lenguaje. En muchos
momentos ha sido preferente la búsqueda de conocimiento; hoy, haciéndose
más efectiva la afirmación de Kant según la cual no se
aprende filosofía sino a filosofar, es vital aprender filosofar, y
filosofar quiere decir argumentar con rigor,
clarificar conceptos y captar relaciones, tener sentido
crítico, ser capaz de encontrar alternativas,
saber dialogar defendiendo razones.
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Así como en un contexto físicamente agresivo es bueno estar dotado
de técnicas de defensa personal, en un contexto ideológicamente
agresivo es conveniente estar bien equipado con recursos o técnicas
intelectuales de defensa. Las técnicas del filosofar,
las técnicas de la aclaración conceptual pueden ser consideradas
«técnicas de defensa personal, que tendrían que
ser conocidas por todos los ciudadanos, porque todos ellos se hallan
sometidos a presiones y a tentaciones ideológicas. En primer lugar,
se ha de aprender a desenmascarar las tentaciones; en segundo lugar,
se ha de aprender a resistirlas intelectualmente, es decir, a examinar
las consecuencias y a elaborar alternativas.» (Terricabras
Como entiendo la tarea del filósofo).
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En un mundo en el cual muchos se erigen en expertos tutores
de los otros, en el cual la opinión pública tiene una función adoctrinadora
y la publicidad pretende comprar voluntades con un seductor y engañoso
lenguaje, la filosofía es muy poca cosa si no llega
a ser un eficiente equipo intelectual de defensa personal.
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