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Cuando Agustín muere (430) , los vándalos estaban asediando la ciudad africana de Hipona, de la que era obispo. Antes, en el 410, ya había presenciado la caída de las murallas de Roma por los visigodos liderados por Alarico.
Agustín vive el final de un mundo, el romano, y entrevé un mundo nuevo, el cristiano, los fundamentos del cual él consolidó, unos fundamentos para los siguientes mil años. |
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