Desde que los humanos existimos
no hemos parado de preguntarnos sobre nuestro lugar en el cosmos.
Los últimos descubrimientos están transformando nuestra visión del cosmos y
nos acercan un poco más a comprender cómo funciona el universo y qué papel jugamos en él.
La comprensión actual del universo es inquietante:
Nuestro universo no es una entidad estática y cerrada,
se está expandiendo desde todas partes.
El espacio mismo se está expandiendo...
No hay centro.
Solo el 5% del universo es materia ordinaria:
tu cabello, tu ropa, tu cuerpo, la comida, el aire y el mar,
los animales, las plantas, el sol y la luna...
El 95% de la materia restante nos es desconocida.
A pesar de nuestra irrefrenable pasión por alcanzar el máximo conocimiento,
no será posible llegar más lejos de los límites que nos imponen la misma mente y la razón.
Su magnitud está «más allá del horizonte», incomprensible para nosotros.
Seamos, pues, indagadores firmes, pero a su vez humildemente contenidos.
Aquí nos hallamos todos:
insignificantes seres humanos poblando un pequeño planeta,
perdido en la inmensidad cósmica.
La vida humana, nuestra existencia,
es tan solo un pequeño asomo, una ojeada momentánea, efímera y fugaz,
a las maravillas de este asombroso universo...
Este es nuestro mundo.
Graves crisis nos afectan: ecológica, climática, alimentaria, energética, económica,
crisis de valores, de cultura, de filosofías y modelos de vida, crisis institucionales, crisis de civilización…
Este es el mundo humano que nosotros mismos hemos creado.
Podemos vivir medio dormidos, con poca conciencia de nuestra realidad o
experimentar la conciencia de vivir despiertos,
en un «viaje» hacia una vida más «plena».
La Vida tiene como propósito fundamental el desarrollo de la consciencia,
posibilitando así una vida más lúcida, más consciente, más plena.
Lo que ahora somos los humanos es
el resultado de un largo proceso «biológico», «mental» y «cultural» ...
El hecho de ser «homo sapiens»
no nos convierte necesariamente en plenamente «humanos».
En esto debería consistir nuestra verdadera tarea:
aprender a ser (hacernos) humanos, en plenitud:
crecer, desplegarse, desarrollarse humanamente...
… siempre podemos transitar del miedo al otro al amor, que es lo que nos hace propiamente humanos.
Ésta es la tarea de todo ser humano:
conseguir la «integración» de todo tu ser, que la multiplicidad de las cosas no te «disgregue».
La vida es un proyecto siempre inacabado de crecimiento personal.
Nos corresponde construir constantemente aquello que somos.
La vida siempre está por construir, es una estatua que hay que esculpir,
una gloria a conquistar o un destino a desafiar y a cumplir.
No se trata solamente de «hacer», sino sobre todo de «ser».

Cada persona, ante todo, debe ser «autor» de su propia vida,
esto implica vivir de acuerdo unas expectativas personales, libre y responsablemente escogidas,
sintiéndose sujeto y protagonista y dando sentido a su vida…
«Progresar» significa avanzar... pero en la buena dirección...
Un «progreso» desarraigado de la esencia del hombre no es más que un retroceso que nos hace vivir mejor.
El «progreso» celebra victorias pírricas sobre la Naturaleza.
Tampoco se puede ir contra la «naturaleza humana».
Nada que vaya contra la «naturaleza humnana» puede considerarse auténtico «progreso».
«Libertad» significa responsabilidad…
desplegar libremente lo que nuestra propia naturaleza nos está llamando a ser.
La libertad de la flor consiste en ser plenamente una flor, no en ser un árbol o una piedra.
No hay mayor libertad que la de ser lo que íntima, esencialmente, ya se es.
El «sistema» nos tiene atrapados con seductoras «zanahorias»:
dinero, riquezas, fama, prestigio, exterioridad, apariencia, fachada,
poder, imposición, dominio, egocentrismo, fragmentación, dispersión, hedonismo, relativismo...
El «sistema capitalista» persigue la colonización de nuestra mente,
y de los actos cotidianos que realizamos cada uno.
Pretende convertirnos a cada uno de nosotros en siervos, súbditos o esclavos de sus intereses.
La esclavitud más denigrante es la de ser esclavo de uno mismo.
La libertad está en ser dueños de la propia vida.
El hombre más poderoso es el que es dueño de sí mismo.
Crecer, progresar sí, pero ¿en qué dirección?
¿Hacia qué horizontes encaminarnos a fin de desarrollarnos plenamente y progresar en verdadera «humanidad»
¿Hacia dónde orientarnos? ¿En diección hacia un más alto grado de «humanización» o
hacia la dispersión, la disgregación, la renuncia a nuestro centro o la alienacón...
sucumbiendo a las veleidades del «sistema» imperante?
Frente la frenética vía del consumismo, la degradación y la dispersión
son necesarios estilos de vida cada vez más sanos, más auténticos y más armónicos.
Nuestra integridad no pasa por responder a las leyes del mercado.
Estamos saturados de ideas y palabras,
pero vacíos de ser, carentes de referencias, de armonía, de integridad...
¿De qué modo navegar en la complejidad y en la incertidumbre
sin caer en la desorientación, en la dispersión o en la enajenación...?
En nuestras sociedades la exaltación de la personalidad
ha conducido a unas cotas asombrosas de necedad.
Se trata de aparentar ser «alguien».
Se exalta la fama, se nos vende un determinado prototipo de libertad, de progresso, de biennestar, de felicidad...
El «sistema humano» no funciona correctamente
si sólo satisface sus necesidades materiales
y no aquellas más «específicamente humanas»
como el amor, la ternura, la compasión, la solidaridad o la alegría...
En el complejo camino del vivir,
la «sabiduría» ha sido considerada el camino por excelencia hacia la plenitud,
poniéndonos en contacto con nuestros anhelos más profundos.
La finalidad última de todo ser humano es descubrir quién es uno realmente (A. Huxley)
El autoconocimiento de uno mismo, que exige penetrar en las profundidades del corazón,
es el comienzo de toda sabiduría humana. (E. Kant)
Sin un profundo saber sobre nosotros mismos, podríamos correr el riesgo de nunca saber quiénes somos
y pasar nuestra vida ignorándonos a nosotros mismos.
«Conócete a ti mismo»:
Las grandes corrientes sapienciales de todos los tiempos nos invitan a
entrar dentro de nosotros mismos, a conocernos mejor,
a vivir desde nuestro centro, desde nuestro ser más esencial.
Menos «tecnologismo» y más «humanismo» es quizás lo que nuestro desnortado mundo necesita.
Vivimos para desarrollarnos como seres humanos verdaderos, no perdamos la oportunidad. Seamos auténticos.
«Seamos auténticos: esta es verdaderamente la auténtica revolución». (E. Mounier)
Ser libremente lo que se es, expresarse de forma espontánea y auténtica,
es el mayor regalo que nos pueden hacer, y que nosotros podemos hacer.
La actividad más elevada que lleva a cabo aquél que ha alcanzado la «sabiduría» es
cantar la existencia:
contemplándola, celebrándola, ensalzándola...