Neoclásico :
La representación masculina en el Neoclásico
En el tránsito entre el XVIII
y el XIX, el desnudo masculino heróico, alfa y omega del arte académico y piedra angular
de la pintura histórica, pierde su privbilegiada posición y es eclipsado por el desnudo
femenino. El cambio denota la crisis de los preceptos académicos. El desnudo es un palipsesto de estética y sexualidad. Un tema
recurrente en la pikntura histórica postrevolucionaria es la imagen de la masculinidad
pasiva y feminizada, siguiendo el camino de Winckelmann y manifestando los sentimientos,
latentes y manifiestos, de la época, en sus cataclismos revolucionarios y reaccionarios.
Los embajadores van a pedirle a Aquiles, sentado y
tocando la lira, que vuelva a la batalla; él se había marchado porque Agamenón le robó
Briseis, su esclava de botín. Ésta, que es devuelta a su dueño, es tan sólo una cifra
de feminidad, en el ángulo de arriba izquierdo, una presencia gris e insustancial, dentro
de la tienda.
Pero Aquiles y Patroclo están unidos, hablando con los
embajadores, mientras un grupo de cuatro varones desnudos, al fondo, observa la escena.
Entre tanto varón desnudo, la presencia de Briseis, tan discreta, no tiene ninguna fuerza
expresiva o interés erótico, que es sugerido por los hermosos cuerpos que presentan los
varones; así, Los Embajadores proporciona un ejemplo visual de las relaciones
entre varones, entre personas del mismo sexo, sin llegar a la unión física.
La obra fue muy bien frecibida por el dominio de los
códigos de la belleza masculina; así, se distinguen tres tipos de cuerpos: el más
muscular y viril es el de Ayax y Ulises y son próximos al tipo de Fidias o Policleto;
Fénix es el cuerpo varonil ya mayor pero aun presentable y no decadente; en cambio,
Aquiles y Patroclo, son de otra pasta: más suaves, gráciles, menos musculares, de piel
más blanca; su tipo es praxiteliano y son más de efebos que de guerreros, según lo que
había establecido Winckelmann.
Patroclo resulta muy especial: tiene la cadera muy
articulada, su piel es muy blanca y sus proporciones alargadas; encarna uno de los tipos
eróticos en los que puede clasificarse el cuerpo masculino; su pose pretende evocar las
fuentes antiguas.
Así, entre varones, hay toda una variedad de
masculinidades que van del masculino feminizado al masculino masculinizado, en un abanico
en el que los artistas como David e Ingres pueden desenvolverse.
Y lo que Los Embajadores ilustra es este
movimiento dual en el que la feminidad es simultáneamente expulsada (al velado margen
oscuro) y reincorporada en el cuerpo andrógino de Patroclo y en la amistad griega entre
hombres.
Esta sensibilidad se repite en el Leónidas en las
Termópilas, de David, gran cuadro en el que trabajó, con sus alumnos, entre 1800 y
1813; aquí, el catálogo de hermosos cuerpos varoniles va desde el contundente Leónidas,
que sigue el Torso de Belvedere, al efebo grácil que se abrocha su sandalia; hay
una pareja que se abraza, a la derecha, imlicando una estrecha relación entre identidad
(masculina) y deseo: no hace falta el suplemento femenino, es un monismo masculino. |

INGRES (1801): Aquiles recibiendo a los Embajadores de
Agamenón, óleo sobre tela, Premio de Roma. Paris: Escuela Superior de bellas Artes.
De la red.
Aquiles recibiendo los embajadores de Agamenón,
de Ingres, Premio de Roma, de 1801, es la primera obra a examen. Viene precedida de los
iconos viriles y heróicos de la masculinidad jacobina (los Horacios, de David);
presenta una imagen de la masculinidad muy diferente. Los Embajadores es, a la vez,
la summa de la estética de Winckelmann y una exposición de su erótica latente; es,
también, un homenaje desde la perspectiva de los Barbus, del bello ideal y el
canto del cisne de la masculinidad erótica e ideal como asunto dominante de la pintura
más importante. VER MÁS

DAVID (1784): El Juramento de los Horacios, óleo
sobre tela, paris, Museo del Louvre. En: CRASKE (1997), Art in Europe...,
Oxford-New York, Oxford University Press, 169.

DAVID (1800/13): Leónidas en Las Termópilas, óleo
sobre tela.París: Museo del Louvre.
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GIRODET (1791): El Sueño de Endimión, óleo
sobre tela, Paris, Museo del Louvre. De la red.La
obra triunfa en pleno Terror y ofrecería un valor para el Jacobinismo, expresando el
Ideal. VER MÁS |
El Sueño de Endimión, de
Girodet (1791, presentado en el Salón de 1793, no hay una evacuación total de la
feminidad, presente en la luz lunar, pero si un énfasis en la presentación del erotismo
masculino; Girodet elige un asunto ciertamente mitológico pero desprovisto de
connotaciones políticas, e invierte el modelo prevalente de varón público y activo,
presentando esa nueva encarnación de la masculinidad deseable. En la obra la presencia femenina es incorpórea y la erótica de
la contemplación, exposición y exhibición corporal se conciben estrictamente entre dos
modelos varones y el espectador, también varón. Girodet ha optado por destacar la
pasividad y el objeto del deseo de la diosa Selene es el objeto principal que se presenta
a la atención del espectador. El cuerpo de Endimión tiene una posición que, antes, se
había usado sólo para la mujer, permitiendo la máxima visualización; todos los
detalles han sido cuidados con esmero como los rizos sedosos y brillantes que enmarcan la
cara del modelo. La figura del Amor está tan erotizada como Endimión; lo mira
directamente, es ya un jovencito, un efebo y no un niño, con sus nalgas bien evidentes.
Es una presentación antes reservada para el objeto femenino y ahora producida y consumida
por varones. |

DAVID(1793): La Muerte de Joseph Bara, óleo sobre
tela, inacabado, 1,19 X 1,56 m. En: SCHNAPPER, SERULLAZ (1990):David, Paris, RMN,
289.La Muerte de Joseph Bara (1793), de
David, presenta la muerte de un mártir de la Revolución, un chico de catorce años en la
campaña de la Vendée; es una obra de propaganda; puede estar basado en el Hermafrodita
Borghese, no tiene sexo pero está muy sexualizado, enfáticamente feminizado por la
elisión de genitales, la curva de su cadera y la expresión delicada de su cara.
Posiblemente la apropiación de debilidad y vulnerabilidad es otro recurso del poder para
mostrar la maldad del enemigo; así este mártir que parece una niña es un elemento de
propaganda política, tanto como lo fue el Marat, para una ceremonia de duelo
público. Bara invierte la normativa en la representación viril de los Horacios,
el Brutus o el Séneca, que había funcionado como encarnación de la virtud
viril. Ahora se ha pasado del masculino masculinizado al masculino feminizado. |
En un primer momento lo
femenino y sentimental se consideraba propio del Antiguo Régimen y se reprimía en aras
del nuevo ideal; el varón hercúleo era la pareja ideal de una robusta Marianne, y
resultaba próximo a nuestro Rambo, expresando la virtud de la masculinidad y la
masculinidad de la virtud. Lo antiguo se dividía
en griego y romano, como femenino y masculino; el Leónidas, y Los Embajadores, permitían
la expresión greco-femenina mientras que los Horacios daban el tono
romano-masculino.
Pero la etapa postrevolucionaria se inclinará por una
representación masculina que no sea intensamente virilizada, buscando un ideal masculino
andrógino.
Así, Fabre (en el Salón de 1791) presenta su Muerte
de Abel: en un paisaje de Claudio Lorena, el cadáver exquisito de un varón joven, de
hermosos dedos curvados expresando su crispación antes de morir. El efecto descansa sobre
el drama de un cuerpo masculino bellísimo y vigoroso pero muerto: pathos y sexualidad,
como en el Bara, se integran en una configuración que anuncia, de lejos, la
presentación que el XIX hará del cuerpo de la mujer desnuda. Abel es una imagen
en el que la carne no sólo envuelve un ideal sino que le da una presentación llena de
emoción. |
A partir de estos ejemplos, la
pintura francesa dará continuos ejemplos de efebos pasivos, impotentes y perdidos, nunca
en contextos militares o heróicos, siempre cargados de erotismo. Hay tres tipos de pinturas:
- Tipo masculino que adopta una morfología femenina
(Guérin:Aurora y Céfalo, Iris y Morfeo);
- Varones sufrientes, del tipo San Sebastián, ahogados,
asustados o muertos, nunca a consecuencia de hechos heróicos (Franque: Angelica y
Medoro).
- Masculinidad feminizada explícitamente erótica (Broc: Muerte
de Jacinto); Broc, del grupo de los Barbus, es deliberadamente primitivo,
lineal (etrusco) y peruginesco.
En ningún caso, las críticas de estas obras discutieron
el carácter homerótico de los asuntos; pero el tema de la relación entre varones, al
menos en los asuntos literarios o antiguos, aparece como agradable, tanto en su versión
marcial como en la afeminada. Así, se pusieron de moda iconos de deseo que jugaban con
los códigos de género y sexo. También comportan una vuelta del principio de la
sensibilidad que se había rechazado por considerarlo propio del Antiguo Régimen.
Aquella veneración de lo estoico (Bruto) implica la
autonomía psíquica de los varones, que rechazan la sensibilidad en todas sus formas, por
femenina, separando sujeto y objeto y poniendo el deber por encima de los sentimientos.
La delicada masculinidad termidoriana representa el
retorno de lo reprimido; la virtud jacobina (pura y dura masculinidad) genera su propia
antítesis, rechazando el puritano rechazo de lo erótico; de otra parte, la crisis del
modelo varonil denota un cambio del rol masculino, en función de los nuevos intereses
burgueses que no son los de la nobleza. |

BROC (1801): La Muerte de Jacinto, óleo
sobre tela, Poitiers, Museo de Bellas Artes. De la red.El hecho esencial es que la diferencia (lo femenino) es prohibida y expulsada,
potenciando lo que es igual (homosocial, homoerótico) pero en el común denominador (el
cuerpo varonil) se recupera esa diferencia proscrita bajo el signo de lo mismo (la
identidad masculina).
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A partir de: SOLOMON-GODEAU(1993): Male Trouble: A
Crisis in Representation.Art History, Vol 16, n. 2, 286-312. |
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