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Una recreación de la teoría
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Jostein Gaarder, en su popular libro El mundo de Sofía. (Novela sobre la historia de la filosofía), recrea la teoría de las ideas de Platón.
«—Bienvenida a Atenas, Sofia —dijo con voz suave. Hablaba con mucho acento—. Me llamo Platón, y te voy a proponer cuatro ejercicios: lo primero, debes pensar en cómo un pastelero puede hacer cincuenta pastas completamente iguales. Luego, puedes preguntarte a ti misma por qué todos los caballos son iguales. Y también debes pensar en si el alma de los seres humanos es inmortal. Finalmente, tendrás que decir si los hombres y las mujeres tienen la misma capacidad de razonar. ¡Suerte!» […]
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«Se acordó de que el Platón del vídeo le había dado unos ejercicios. Primero, algo sobre cómo un pastelero era capaz de hacer cincuenta pastas totalmente iguales.
Sofía tuvo que pensado mucho, porque le parecía una verdadera hazaña poder hacer cincuenta pastas iguales. Cuan¬do su madre, alguna que otra vez, hacía una bandeja de rosqui¬llas berlinesas, ninguna salía completamente idéntica a otra. Claro, que no era una pastelera profesional, pues a veces lo ha¬cía sin mucha dedicación. Pero tampoco las pastas que com¬praban en la tienda eran totalmente iguales entre sí. Cada pas¬ta había sido formada por las manos del pastelero, ¿no?
De pronto, se dibujó en la cara de Sofía una astuta son¬risa. Se acordó de una vez en que ella y su padre habían ido al centro, mientras la madre se había quedado en casa, haciendo pastas de navidad. Cuando volvieron, se encontraron con un montón de pastas a la pimienta, con forma de hombrecitos, ex¬tendidas por toda la mesa de la cocina. Aunque no eran todas igual de perfectas, sí que eran de alguna manera, totalmente iguales. ¿Y por qué? Naturalmente, porque la madre había uti¬lizado el mismo «molde» para todas las pastas.
Tan satisfecha se sintió Sofía de haberse acordado de las pastas a la pimienta que dio por acabado el primer ejercicio. Cuando un pastelero hace cincuenta pastas completamente iguales es porque utiliza el mismo molde para todas. ¡Y ya está!
Luego, el Platón del vídeo había mirado directamente a la cámara, y había preguntado por qué todos los caballos son iguales. Pero eso no era verdad. Sofía diría más bien lo contra¬rio, que no había ningún caballo totalmente idéntico a otro, de la misma manera que no había dos personas completamente iguales.
Estuvo a punto de renunciar a solucionar ese ejercicio, pero, de pronto, se acordó de cómo había razonado con las pastas a la pimienta. Al fin y al cabo, tampoco las pastas eran to¬talmente iguales, algunas eran más gorditas que otras, otras es¬taban rotas. Y, sin embargo, para todo el mundo estaba claro que, de alguna manera, eran «totalmente iguales».
Quizás la intención de Platón era preguntar por qué un caballo era un caballo, y no algo entre caballo y cerdo. Porque aunque algunos caballos fueran pardos como los osos, y otros blancos como los corderos, todos tenían algo en común. Sofía no había visto jamás, por ejemplo, un caballo con seis u ocho patas.
¿Pero no habría querido decir Platón que lo que hace a todos los caballos idénticos es que han sido formados con el mismo molde?»
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