Mucho se ha discutido sobre la cantidad vocálica en la historia del latín. Aceptando que el ritmo acentual era cuantitativo y no cualitativo, tres serían los factores de distinción en una vocal: timbre (a, e, i, o, u), cantidad (larga o breve) y posición (tónica, átona). En el propio latín la cantidad empezó a resquebrajarse y las distinciones tipo pōpulus (haya), pŏpulus (pueblo) dejó de ser fonológica, de manera que, a finales del siglo III dC., los gramáticos ya apuntaban que se imponía la costumbre extranjera de no distinguir la cantidad vocálica. Cien años más tarde, San Agustín corrobora que en África no percibían diferencias entre breves y largas y a partir del siglo V la métrica acentual se abre paso. De manera que el vocalismo se simplificó, según podemos inducir por las fuentes del latín vulgar y especialmente por la fonología comparada de las lenguas romances, como sigue:
Si bien el panorama de la Romania es mucho más complejo y cada lengua debe ser observada en sí misma .
u>o ; i>e
Completa el cuadro considerando que, en castellano, u>o; i>e: Columna, non colomna / Sirena, non serena;(App.Probi)
y>i
y (ü) era un sonido extraño al latín. La υ de los antiguos préstamos griegos se traducía por u: βύρσα > bursa (de donde it. borsa, esp. bolsa, fr. bourse), πόξος > buxus (de donde it. bosso). En época imperial era costumbre de ciudadano culto articular y (ü) en las palabras reconocidas como griegas: App. Pr. 191 “tymum [= thymum],non tumum” (log. tumbu), 195 “myrta, non murta”(a. fr. morte “mirto”). Pero el resultado de este esfuerzo parece haber sido i en el común de la gente: App. Pr. 140 “amycdala [= amygdala], non amiddala” (prov. amela “almendra”),28 “gyrus, non girus” (it. esp. giro) ; cf Ulixes< Όδυσσεύς ; por otra parte, el App. Pr. mismo recomienda “porphireticum marmor, non purpureticum marmor”, 17 “Marsias, non Marsuas”. Había también una pronunciación [wü] por [wí]: App. Pr. 120-123 “vir, non vyr”; “virgo, non vyrgo"; “virga, non vyrga".
ŏ>ue
La ŏ, según el cuadro ideal visto más arriba, acabó pronunciándose con timbre abierto, de manera que sŏlum pasa al italiano como, suolo y al castellano como suelo, mientras que ō se mantuvo con timbre cerrado y llega a ambas lenguas como solo.