Estructura y funcionalidad del cerebro
La división del cerebro en tres capas ayuda a poder entender mejor las diferencias entre el consciente y el inconsciente.
El inconsciente gestiona el 90% de nuestro comportamiento.
El cerebro humano es la pieza más destacada de la biosfera, la estructura biológica más compleja que podemos contemplar en la naturaleza. Pensamientos, afectos, pasiones, intuiciones, creencias, instintos, conductas, creaciones artísticas ... todo acaba referido al cerebro. Nuestro cerebro corresponde a una especie en evolución. El cerebro está constituido por una serie de estructuras neurológicas con funciones específicas, pero plenamente coordinadas y armonizadas. Es este cerebro el que piensa, siente, coordina, trasciende, cuestiona ... pero sólo al nivel que le corresponde y con los recursos de los que dispone. La competencia esencial del cerebro es que el organismo funcione correctamente a fin de asegurar su supervivencia (respiración, circulación sanguínea..), con áreas neuronales que intervienen en conductas más específicas. Por ejemplo, la parte más primitiva está relacionada con la supervivencia y el control de cuerpo, el cerebelo interviene en el control de la postura y el movimiento; el diencéfalo en las grandes conductas instintivas y las programaciones hormonales; el hipotálamo en la alimentación, sexualidad, respuesta agresiva, conductas jerárquicas y territoriales, respuestas afectivas… A nivel emocional intervienen el giro angular, hipocampo, amígdala… Existen grandes sectores de la vida mental que quedan fuera del control de la consciencia. La mayoría de estas actividades y competencias mentales escapan a la consciencia. Hay una correspondencia entre cerebro y mente: a mayor complejidad cerebral corresponde mayor capacidad mental.
El cerebro está dividido por la mitad (hemisferio derecho/hemisferio izquierdo) y en su estructura podemos diferenciar tres niveles principales(tronco encefálico, sistema límbico y neocórtex). En los primeros meses de vida intrauterina, se forman las áreas cerebrales que compartimos con los reptiles: el tronco encefálico o cerebro reptiliano. En los siguientes meses de embarazo y en los dos primeros años de vida, se desarrolla el sistema límbico o cerebro mamífero: las zonas cerebrales que regulan las emociones. La parte evolutiva más reciente –la que nos diferencia de los demás seres vivos– es el neocórtex o cerebro humano, que aparece alrededor de los 2-3 años de vida y no se forma completamente hasta después de la adolescencia. Las describimos con más detalle a continuación:
1. Tronco encefálico (cerebro reptiliano). Ya activo en el útero y plenamente operativo al nacer, el tronco encefálico debe menos a la experiencia y el aprendizaje que cualquier otra zona del cerebro. Situado en la base del cráneo sobre la columna vertebral. Regula los aspectos fisiológicos fundamentales para la supervivencia como la respiración, la temperatura o la digestión, así como los reflejos de apego más básicos para vincularse a los cuidadores en los primeros meses de vida. Modula la excitación y regula el sistema nervioso autónomo (SNA). El órgano más representativo de esta área es el hipotálamo, que desempeña un papel crucial en el sistema endocrino y el SNA. Este último, a su vez, se divide en dos ramas: la rama simpática que actúa como activador y la rama parasimpática que provoca desactivación. En el tronco encefálico nace el nervio vago, que modula nuestras respuestas características en situaciones que experimentamos como seguras, peligrosas o amenazadoras para la vida.
2. Sistema límbico (cerebro mamífero). El sistema límbico puede compararse con el cerebro paleomamífero que compartimos con otros mamíferos. El sistema límbico es el lugar donde confluyen los mundos interno y externo. Este sistema, a veces denominado «cerebro emocional», es donde procesamos los sentimientos. Es el área del cerebro que permite que sintamos emociones como odio o amor, y que nos convierten en animales sociales y empáticos, regulando la comunicación no verbal. El sistema límbico determina nuestro yo emocional. El sistema límbico es también esencial para la memoria, el aprendizaje y la motivación. El sistema límbico contiene muchos órganos, nos interesan principalmente la amígdala, el hipocampo, la ínsula y el locus cerúleo.
La amígdala evalúa y registra los recuerdos no conscientes o emocionales (implícitos). La amígdala, que constituye tanto un órgano de memoria como de evaluación, registra la experiencia en forma de «recuerdos emocionales». Es el órgano más importante relacionado con el miedo y el apego, y se encuentra completamente formada en el momento del nacimiento. Está dividida en tres áreas diferenciadas: una conecta con el córtex orbitofrontal y está relacionada con las relaciones interpersonales; otra conecta con el córtex frontal responsable de la cognición y el pensamiento, y una tercera con el hipotálamo, que a su vez regula las funciones corporales. Constituye un órgano mediador y regulador de todos los estímulos que percibimos tanto externa como internamente. Su función es recordar todo aquello que ha resultado peligroso en el pasado para poder enfrentarse a las amenazas de forma más adecuada en el futuro. El problema ocurre cuando se activa en situaciones que en el pasado fueron peligrosas, pero que en la actualidad han dejado de serlo, como por ejemplo en los casos de las fobias o en situaciones que provocan una vergüenza patológica.
El hipocampo modula la reacción de la amígdala, evitando reacciones indiscriminadas, incontrolables o irascibles; es decir, es un regulador de ésta. Está relacionado con la memoria consciente o explícita. No aparece hasta los dos años de edad, aproximadamente. La amígdala no tiene filtro y activa directamente el sistema simpático; en cambio, el hipocampo filtra la información que recibe y activa el sistema parasimpático. La función del hipocampo consiste en recordar las variables contextuales en las que ocurrió el hecho (lugar, cuándo ocurrió, qué lo desencadenó etc.), pero si la estimulación es excesiva –por ejemplo, porque la situación era muy peligrosa– no va a poder activarse ni regular a la amígdala. Los recuerdos que se registran con ayuda del hipocampo -cuyas conexiones con los centros cerebrales superiores del córtex continúan madurando durante los últimos años de la adolescencia son explícitos, lingüísticamente recuperables, y están contextualizados según el tiempo, el lugar y la persona.
La ínsula facilita la introspección y permite que evaluemos nuestros estados corporales y el estado emocional de los demás. Este órgano está conectado a la amígdala y al córtex orbitofrontal, provocando sensaciones agradables o desagradables frente a diferentes estímulos. Nuestras emociones se sustentan en nuestras sensaciones corporales, por lo que la ínsula es vital a la hora de evaluar cómo percibimos a los demás y cómo sentirnos ante sus reacciones. Cuando este órgano se encuentra dañado, los individuos no pueden empatizar con las emociones ajenas ya que, al no sentir nada no son capaces de interpretar lo que siente la otra persona. Esta información corrobora la importancia de las sensaciones sobre las emociones.
Locus cerúleo o locus coeruleus: Es el órgano que regula la síntesis de la noradrenalina en el cerebro. Este neurotransmisor provoca reacciones de activación en el cerebro. Estimula a la amígdala para recordar el peligro y al hipocampo para recordar todas las variables contextuales relacionadas con la amenaza.
3. Neocórtex (cerebro humano). La parte del cerebro evolutivamente más reciente que compartimos con los primates, aunque en los humanos está mucho más desarrollado. Este «cerebro neomamífero», común a nuestros parientes primates, interpreta la experiencia y organiza nuestra interacción con el mundo. Madura paulatinamente con la adición de experiencias y nuevos aprendizajes, casi a lo largo de toda la vida. Está relacionada con el lenguaje, la cultura, el arte, la música, etc., y te permite, por ejemplo, leer este texto (el sistema límbico será el encargado de que lo disfrutes). Interpreta nuestras experiencias de forma cognitiva: representa el yo reflexivo. Para que pueda trabajar con normalidad es necesario que la amígdala no esté muy activada. Frente a una amenaza, la amígdala nos impide pensar con claridad y tomar decisiones lúcidas y meditadas. Es la parte del cerebro que se desarrolla más tarde y, por tanto, no va a ser funcional en los primeros años de vida. Como consecuencia, durante esta etapa, todo el aprendizaje será emocional, es decir, inconsciente. El neocórtex se encuentra dividido en diferentes áreas con funciones específicas, destacando para nuestro propósito el córtex frontal y el prefrontal. El córtex frontal es el cerebro ejecutivo. Posibilita la planificación, la memoria y la acción consciente. Es donde se almacena la memoria semántica y episódica, esto es la memoria explicita. Posibilita el pensamiento consciente, la planificación, la memoria, la acción deliberada, la atención dirigida y el razonamiento abstracto. Es la «sede» del lenguaje y de las ideas y de las ideas y presentaciones mentales que pueden elevarse a nivel de la conciencia donde se sopesan y manipulan. El córtex prefrontal es la región cortical que está más desarrollada en los primates. El CPF es una colección de áreas neocorticales que envía y recibe proyecciones desde todos los sistemas corticales sensoriales y motores, y desde diversas estructuras subcorticales. Está dividido a su vez en dos partes: la primera, especializada en la inteligencia cognitiva; la segunda, especializada en la inteligencia emocional. La zona dorso-lateral (conectada con el hipocampo y el hemisferio izquierdo, y orientada al lenguaje) y el córtex prefrontal medio (conectado con la amígdala y el hemisferio derecho, y relacionada con las emociones). El córtex prefrontal medio es una zona integradora que conecta el cuerpo (por el tronco encefálico y el SNA), el sistema límbico y otras estructuras corticales. Tiene relación con las conductas de apego. Destaquemos principalmente dos partes: La región orbitofrontal: Forma parte del CPF y regula los afectos y los vínculos de apego. Aunque anatómicamente pertenece a las regiones corticales, fisiológicamente actúa en coordinación con el sistema límbico. Está conectada con la amígdala y es responsable del control inhibitorio, por lo que es fundamental para la autorregulación emocional. Cuando se produce una ruptura grave en la relación de apego, esta área activa la amígdala, lo que provoca reacciones de miedo que impiden al niño aprender a regularse emocionalmente. La región prefrontal recibe muchas aferencias nerviosas del hipocampo. Está implicada en las situaciones sociales y en la comunicación emocional, por ejemplo a través de la modulación de la voz.
En el cerebro de los seres humanos existen unas áreas que regulan las emociones y otras que regulan la cognición y el pensamiento. No siempre van a trabajar con el mismo objetivo o las mismas prioridades. Una parte de la mente actúa por lo que cree lógico e indicado, y otra parte, en cambio, puede hacerlo por impulsos o emociones. Puede haber discrepancias entre lo que sabemos que es lógico y lo que dictan nuestras emociones y sensaciones.
Claramente, sentimos miedo cuando ocurre algo que pone nuestra vida en peligro, pero a menudo podemos sentir miedo y ansiedad sin saber cuál es la causa del malestar. No obstante, en ambos casos nos sentiremos incapaces de controlar las sensaciones desagradables o los pensamientos catastrofistas. La activación de las áreas subcorticales relacionadas con la defensa actúa de forma impulsiva y autónoma, independientemente de las áreas corticales que rigen los criterios racionales.
Elaboración propia a partir de materiales diversos
Ver también:
Secció: EL CERVELL HUMA
El cerebro humano y la emergencia de la mente