De los «disturbios emocionales» a las dolencias del «alma»
«Conócete a ti mismo», figuraba en la entrada del Oráculo de Delfos. Conozcámonos, pues, y veamos cómo operamos mentalmente y qué funciones desempeñan las principales dimensiones del psiquismo humano: el cerebro es el órgano encargado de gobernar todo el organismo. En el cerebro se desarrolla nuestra actividad «mental»: conciencia, pensamientos, recuerdos, memoria… En nuestro «psiquismo» podemos distinguir tres grandes aspectos: consciente, inconsciente, subconsciente. Muchos procesos del cuerpo humano (latido del corazón, aparato digestivo sistema nervioso, procesos sensitivos, acciones motoras…) no son conscientes. Nuestros procesos mentales fundamentalmente son una combinación entre procesos conscientes e inconscientes.
Es complejo y complicado ser «humano». Estamos «tironeados» por fuerzas diversas: instinto animal, emociones, razones muchas de ellas inconscientes y, a su vez, el llamado permanente del Alma a despertar a nuestra realidad Espiritual. Somos tantos pulsos desarmonizados, cada uno intentando manifestarse y son pocas las ocasiones en que experimentamos el estar alineados: el ser Uno, coherentes, el ir en un mismo sentido con el cuerpo, el sentimiento, el pensamiento. Es común que nos sintamos divididos, con la cabeza en una dinámica, el cuerpo en otra y en contradicción con nuestros anhelos profundos. Así es nuestro camino. Sólo cuando el Alma, que es Conciencia pura y serena, tome el timón de nuestro «yo», lo cual constituye la próxima meta evolutiva de la humanidad, nos integraremos en plenitud. En síntesis, somos seres espirituales intentando expresar la Luz del Alma en la acción diaria. El propósito de la vida es ir hacia una mayor revelación de la Luz del Alma y el Espíritu en la tierra. De esto nos dan testimonio muchos seres humanos a los que llamamos guías, sabios, maestros. (Patricia MAY ARZÚA: De la cultura del ego a la cultura del alma)
Hombre, conócete a ti mismo, y conocerás el Universo y a los dioses. (Oráculo de Delfos)
Hombre, sé fiel a ti mismo, y serás fiel al universo y a los dioses. (Anónimo)
Dimensión mental de la persona: consciente, inconsciente, subconsciente
Desde el momento en que nos despertamos, nuestra cabeza se pone en marcha y no dejamos ni un instante de pensar en todo tipo de cosas, ya sean importantes o nimiedades; nos levantamos de la cama y ponemos el piloto automático mientras empezamos con la rutina de todas las mañanas sin detenernos a pensar cómo se prepara el café, cómo nos vestimos o nos cepillamos los dientes. El encargado de llevar a cabo estas tareas rutinarias es el inconsciente, mientras que la parte consciente está ocupada pensando dónde se dejaron las llaves del coche o si llegaré tarde al trabajo.

El cerebro es un órgano muy ocupado en gobernar todo el organismo, recopila información constantemente a través de los sentidos y toma decisiones, todo al mismo tiempo. Una de las teorías más interesante es la que divide la mente humana, el psiquismo humano, en tres niveles principales. Sigmund Freud consideraba que la personalidad y el comportamiento humano provienen de una interacción única y constante de fuerzas psicológicas que operan en tres niveles. La teoría psicoanalítica de la mente consciente e inconsciente es comúnmente explicada con la metáfora del iceberg (incluyendo el concepto del subconsciente) que separa estos 3 niveles. Nuestros procesos mentales fundamentalmente son una combinación entre los procesos conscientes y los inconscientes, interactuando de un modo dinámico. La parte inconsciente gestiona el 90% de lo que hacemos sin molestar a la parte consciente, automáticamente, sin prestar atención. La parte consciente se activa fundamentalmente para los estímulos nuevos o importantes, ya que es imposible procesar de forma consciente todo lo que sucede a nuestro alrededor.
«Mente»: Puede definirse como el conjunto de actividades y procesos psíquicos conscientes e inconscientes que constituyen la experiencia subjetiva. La mente «consciente» contiene todos los pensamientos, sentimientos, cogniciones y recuerdos que reconocemos, mientras que el «inconsciente» consiste en procesos mentales más profundos que no están disponibles para la mente consciente. El término “inconsciente” se suele utilizar para referirse a la zona de la mente más inaccesible y profunda; mientras que el «subconsciente» se usa para hacer referencia a aquella zona de la mente no consciente más superficial, siendo la que se encuentra justo por debajo del umbral de la consciencia. El subconsciente se encuentra más accesible a la conciencia si se presta atención; mientras que el inconsciente es la parte psíquica que menos accesible se encuentra para la conciencia. De esta forma, el subconsciente sería considerado como una parte intermedia entre la conciencia y la inconsciencia. El subconsciente sería aquella parte de la mente más emocional que permite a las personas sentir, conectar con otra persona, siendo una parte que se apoya más en la experiencia y en los recuerdos. En cambio, el inconsciente sería la parte más arcaica de la mente humana, por lo que se encarga de las funciones más primitivas como pueden ser los instintos.
El consciente
La «consciencia» es un ingrediente esencial de la mente humana, aunque también hay toda otra parte inconsciente que queda en la penumbra. La consciencia es la clave del autoconocimiento, es la clave de la reflexión necesaria para comprender la vida que se examina, la clave que necesitamos para entender todo sobre el hambre: el sexo, las lágrimas, el vivir, las contrariedades, los pensamientos, los sentimientos, palabras, relatos, creencias, música y poesía, felicidad y éxtasis.
El «consciente» es la parte de la mente constituida por el conjunto de vivencias de las que cada individuo logra darse cuenta por medio de los procesos de la percepción interna o externa. Es el nivel de la mente encargada de percibir y analizar la realidad, guiando a la persona a tomar decisiones, en función de sus conocimientos y experiencias previas. Este nivel es considerado la capa más superficial del iceberg, cuya tarea es brindar al individuo la capacidad de percibir la realidad y darse cuenta de todo lo que sucede en su vida, consiguiendo comentar, reproducir y compartir todo lo que se encuentre relacionado con las propias vivencias, emociones y sentimientos que se van generando. Registra las principales percepciones que se van dando en el momento presente, tanto de uno mismo como del entorno. Es el nivel más accesible para el individuo (la punta del iceberg), ya que logra darse cuenta de lo que se está llevando a cabo y describirlo. Se encarga de todo lo que se encuentre relacionado con lo racional, como analizar, comparar, tomar de decisiones o ejecutar actividades cotidianas. Permite al ser humano interpretar e interactuar con estímulos externos.
Nuestro consciente está realizando constantemente una de sus principales misiones que es la de protegernos frente a todos los recuerdos inherentes a experiencias desagradables, quizás traumáticas, que hayamos podido experimentar, desvirtuándolos e incluso ocultándolos, ya que no puede borrarlos ni erradicarlos completamente de nuestra memoria; con esta acción, nuestro consciente logra que con el paso del tiempo, los disturbios emocionales que esos hechos traumáticos provocaron en su origen, vayan disminuyendo en su intensidad y sean menos dañinos para nosotros.
¿Qué es la mente inconsciente?
Pero una gran proporción de los datos sensoriales que proceden de nuestro entorno no son procesados e influenciados por nuestra mente consciente, sino por nuestro inconsciente. Aquí enterramos traumas pasados y partes “ inaceptables ” de nosotros mismos. Y, como un iceberg con 7/8 de su masa bajo la superficie del agua, aquí también se acomodan nuestros prejuicios culturalmente condicionados y nuestras respuestas habituales. Pero, como siempre ha sido el caso de los místicos de todas las épocas, también tenemos acceso a niveles de conciencia arquetípicos y colectivos, como la miríada de niveles transpersonales que expanden nuestra percepción más allá de los límites convencionales de nuestra personalidad. El «inconsciente» es una parte esencial de nuestras operaciones mentales normales, ya que la mayor parte del comportamiento humano es un producto mixto de la actividad cerebral consciente e inconsciente. El inconsciente es un motor de procesamiento de la información, y la mayoría del funcionamiento humano tiene lugar en él. La mente inconsciente hace la mayor parte del trabajo del cerebro y procesa la información más rápidamente que la mente consciente. Constantemente nuestro pensamiento está dándole vueltas a cosas que sucedieron y planificando otras que tendremos que hacer, pero pocas veces nos centramos conscientemente en el presente. Mientras nuestra mente está divagando por el pasado o el futuro, el inconsciente es el que se encarga de las funciones no explícitamente conscientes en el momento actual. El inconsciente alberga la suma de operaciones de la mente que suceden por debajo del nivel de conciencia.
El término "inconsciente" suele utilizarse para referirse a aquellos procesos mentales o partes de la mente que no se encuentran accesibles a la conciencia. Freud se refirió al “inconsciente” como una serie de contenidos psíquicos, procesos e impulsos que no se encontraban accesibles a la conciencia de las personas, de manera que no se podían controlar de manera racional. También entendió que en la parte inconsciente se encontraban algunos contenidos psíquicos que habían sido retirados de la concierta (“reprimidos”) y dichos contenidos podían llegar a aflorar en la mente a través de los sueños de manera simbólica o incluso a través de lapsus (errores o equivocaciones involuntarias). En la teoría del psicoanálisis, el inconsciente viene a ser la capa de la mente más profunda, encargada de almacenar el conjunto de contenidos que se mantienen al margen de la parte consciente y son “reprimidos”, es decir, apartados, reubicados en nuestra mente para eludir su posible potencial perturbador. Aunque sin nosotros ser conscientes de ello pueden presentar una actividad intensa en los patrones conductuales con los que cada uno nos manejamos. Es el nivel de la mente que desarrolla conductas de manera inadvertida, sin necesidad de que exista una voluntad explícita de ejecutar una determinada acción. El estado de inconsciencia hace referencia a lo que sucede a nivel mental, pero que pasa completamente desapercibido para la propia persona, porque no logra tomar consciencia de ello.
Características de la mente inconsciente. El inconsciente es el encargado de controlar las funciones fisiológicas como la respiración, latidos del corazón, movimientos intestinales y actos reflejos. Es un sistema donde residen los deseos primitivos e instintivos que no alcanzan el nivel consciente a pesar de que están activos en el individuo. Se ocupa de guardar y grabar cada detalle de las situaciones vividas diariamente. Cada vivencia deja una huella en nuestra memoria inconsciente. Incluso las percepciones fugaces, demasiado rápidas para registrarse en la mente consciente, pueden dejar huellas duraderas en la mente inconsciente. Sería el equivalente a un disco duro de un computador, donde toda la información es almacenada. Sin que la persona sea consciente de ello, en la mente inconsciente quedan registrados todas las emociones, pensamientos y sensaciones que vamos teniendo a lo largo de la vida. La información registrada sirve de base para que la mente aprenda automáticamente como debe reaccionar ante determinados acontecimientos inesperados. El inconsciente no valora las situaciones, no se ocupa de hacer juicios de valor, actúa como un radar atento a reaccionar rápidamente a cualquier acontecimiento inesperado, se encuentra todo el tiempo conectado con el presente, con lo que sucede ahora en nosotros mismos o a nuestro alrededor, reaccionando automáticamente. No discierne entre sí algo es real o no. Por ejemplo, cuando se sueña o imagina una situación desagradable, realmente el individuo está reviviendo recuerdos y sentimientos similares a los que se experimentaron en el momento de aquella experiencia real. Es el único nivel de la mente al cual no hay posibilidad de acceder o controlar, es como una mente que funciona en piloto automático.
Esta base de datos influye en la toma de decisiones recuperando la información que allí tenemos almacenada, con lo que gran parte de las decisiones que tomamos a diario son instintivas y se basan en procesos ajenos a la lógica, a la consciencia, a nuestra parte racional. Mucho aprendizaje tiene lugar fuera de la mente consciente. Del mismo modo, muchos de los elementos que intervienen en los juicios y la toma de decisiones se procesan fuera de la conciencia. Se ha demostrado que, en muchas situaciones, si hay que decidir entre dos opciones, es mejor basarse en una buena razón que tener en cuenta muchas alternativas; es fácil pensar que cuantas más opciones e información tengamos para tomar una decisión, hay más posibilidades de optar por la más adecuada. Sin embargo, valorar los pros y los contras requiere invertir tiempo y recursos, resultando poco eficaz. La intuición también es un producto de operaciones mentales inconscientes, un conjunto de suposiciones rápidamente reunidas y conectadas a partir del conocimiento y la experiencia acumulada. Gran parte de la motivación humana y la atracción interpersonal también toman forma más allá de la conciencia consciente. Es el nivel menos accesible de nuestro psiquismo en el que se registran los sentimientos, vivencias y deseos que pueden suponer un conflicto para el individuo y que se encuentran “reprimidos”, debido a que su contenido e intensidad están relacionados con sufrimiento y emociones desagradables, por lo que son alejados de la consciencia como mecanismo de defensa.
¿Qué es la subconsciencia?
De los tres estados o niveles, el «subconsciente» es el más complicado de explicar. Se entiende que el subconsciente es la capa ubicada debajo de la superficie del consciente, sin embargo, no es tan inaccesible como el inconsciente. Es considerado un puente entre consciente e inconsciente, ya que se ubicaría por debajo del umbral del consciente, pero es menos inaccesible que el inconsciente. La mente subconsciente se encuentra formada por todo lo que se ha ido aprendiendo semiconscientemente, pero que se realiza sin ser pensado detalladamente. En el subconsciente se almacenan ciertos pensamientos y mensajes que fueron guardados con base a experiencias anteriores. Alberga recuerdos, vivencias y emociones dolorosas. Otra de sus funciones es emitir datos e informaciones que son gestionados y tomados en cuenta por la consciencia. Cuando nos referimos a la parte subconsciente podríamos estar hablando de elementos objeto de “supresión”, de manera que cuando, por ejemplo, se suprime un recuerdo doloroso, se está forzando a que ese recuerdo sea ubicado por debajo del umbral de la conciencia para que así no nos afecte tanto. Es un nivel de la mente que se puede programar para ejecutar tareas empleando un bajo nivel de consciencia. Tiene influencia en la forma de actuar de las personas sin que éstas sean demasiado conscientes de ello.
Dolencias del «alma»
Una misteriosa entidad: «alma»/«conciencia». Las ECM y otros fenómenos concomitantes (experiencia en el lecho de muerte, experiencias fuera del cuerpo, sueños lúcidos, regresión a vidas pasadas…) muestran clara evidencia de la existencia de una entidad que nos constituye, distinta del mero cuerpo material, físico, que solemos denominar «alma» o «conciencia», de una consciencia superior que nos orienta y guía a lo largo de nuestra existencia (supraconciencia), en un proceso de aprendizaje continuo, que perdura más allá de la muerte física y que es atemporal. El Dr. M. SANS SEGARRA, estudioso y esforzado divulgador de este tipo de fenómenos, se refiere a esta realidad o dimensión en estos términos: el «alma» es lo que nos llevamos tras la muerte, es la conciencia, más nuestra conducta, Freud diría el subconsciente… todo lo que hemos vivido, nuestra historia, los actos que hemos hecho, el karma (“Karma" significa equilibrio. Todo tiene que equilibrarse.)… el alma es nuestra conciencia, más nuestro subconsciente, lo que hemos hecho en esta vida, es decir, nuestra historia...
Cada vivencia deja una huella en nuestra memoria inconsciente. En casos y situaciones extremas (preguntemos sino a los niños y niñas de Gaza después del horror vivido, muchos de los cuales quedarán traumatizados de por vida con las consecuencias correspondientes para su salud, la de sus familias y descendientes... o en casos objetivamente no tan extremos pero igualmente fuertemente impactantes en el alma de ciertas personas...). En nuestro interior además de nuestras experiencias conscientes más o menos agradables o desagradables, tranquilizantes o perturbadoras, albergamos también un sinfín de sensaciones pertenecientes a vivencias intensas, quizás desgarradoras, traumáticas, producto de disturbios emocionales no asimilados, no resueltos, quizás sucedidos en experiencias anteriores al momento actual, pero que, para el alma, aún están pasando, ocurriendo, actuando en el momento presente… puesto que, para el Alma, que es atemporal, sólo existe el presente, no hay ni pasado ni futuro o expresado de otro modo, lo que para nosotros es pasado, presente o futuro, para el alma se funde en una indisociable simultaneidad, presentándose todo al unísono en el aquí-ahora.
Estos disturbios emocionales sin resolver permanecen allí, latentes en nuestra alma, activándose cuando, por la causa que sea, revivimos experiencias o sucesos similares que evocan, rememoran, recuerdan, los que en su origen provocaron este tipo de disturbios. Cuando por algún motivo se activan, pueden llevar al alma a revivir, de forma inconsciente, esa experiencia desagradable, quizás desgarradora, ocurrida en el pasado... Es decir, nuestra alma, como asiento de experiencias anteriores que quedaron inconclusas lleva con ella, en forma latente, todos los disturbios emocionales derivados de las mismas. Cuando en algún momento de nuestra vida vivimos o nos enfrentamos a experiencias similares a las que en su origen provocaron dichos disturbios (producto de vivencias desgarradoras, psíquicamente desbordantes, ya sean de tipo físico o emocional), estos dejan de estar latentes y se activan, afectándonos a nivel psicológico o somatizándolos a nivel físico.
Todas las sensaciones y emociones sin resolver presentes en el alma, pero quizás obnubiladas, ofuscadas, ocultadas, reprimidas por el consciente como mecanismo de defensa, a fin de sortear el sufrimiento que su recuerdo nos produce, podemos traerlas a nuestro consciente, a nivel físico, emocional y mental, pudiendo así comenzar a sanar todas aquellas sensaciones y emociones perturbadoras somatizadas en el cuerpo.
La psicoterapia
Su objetivo es ayudar al paciente a tomar conciencia de las razones más profundas que están en el fondo de sus comportamientos y sentimientos con el fin de permitir el cambio a formas de vida más saludables y satisfactorias. Existen diversas corrientes o tipos de psicoterapia. Destaquemos algunas:
- La terapia convencional contempla la persona como un conjunto de pensamientos y creencias que ha ido adquiriendo a lo largo de su vida, que se han ido asentando en su psiquismo, los cuales generan unos patrones o esquemas de comportamiento que dan como resultado unas conductas concretas; cuando algunos de esos patrones o esquemas crean malestar a la persona o a su entorno se produce la psicopatología, el trastorno y el sufrimiento. El buen terapeuta escucha atentamente a las personas y, sobre la base de un sólido conocimiento de cómo funciona la mente, y especialmente los patrones de conducta, intenta discernir sobre sus motivaciones, creencias y sentimientos. Gracias al análisis que se realiza en esta terapia, es posible reorientar los pensamientos de los pacientes, consiguiendo así un cambio en sus esquemas que se traducen en una nueva conducta. Este tipo de intervención soluciona muchos de los problemas que presentan las personas a lo largo de su vida, resultando muy útil y necesaria para el bienestar psicológico.
- Terapia psicoespiritual. La terapia psicoespiritual es aquella que parte de la base de que el ser humano es mucho más que un cuerpo y una mente repleta de pensamientos y patrones conductuales. Se aborda a la persona desde las dos perspectivas: por un lado, como un ser humano físico con un conjunto de experiencias, pensamientos y esquemas mentales y, por otro, como un ser espiritual que trasciende a lo físico a fin de encontrar las raíces de los problemas, su sentido y el mejor modo para solucionarlos. La persona, aquí, es vista como un alma que se encuentra momentáneamente en este plano físico para experimentar, aprender y evolucionar. El objetivo de esta terapia será, por tanto, que la persona conozca en profundidad de dónde viene, a dónde se dirige, qué sentido tiene lo que le está sucediendo y qué es realmente, esto es, conocer el mundo espiritual y su esencia como alma. Para este fin se aplican sobre todo dos herramientas:
- Mediante la Regresión a Vidas Pasadas la persona puede adentrarse en sus “vidas anteriores” para encontrar la causa a los problemas que está sufriendo en la vida actual, así como los aspectos que debe trabajar en esta vida física para lograr su objetivo evolutivo. Además, la TVP nos ayuda a entender relaciones personales y sociales problemáticas que se están teniendo en la actualidad, explicar preferencias, miedos e incluso dolores físicos.
- Si con la regresión de vidas pasadas podíamos acceder a nuestras “vidas anteriores”, con la de Vida entre Vidas podemos profundizar aún más descubriendo cómo ha sido nuestra vida en el mundo espiritual, ese lugar en el que estamos entre una vida física y la siguiente y donde tomamos las decisiones que nos están influyendo en este momento. Gracias a esta técnica seremos capaces de entender claramente los motivos por los que estamos aquí, el sentido de nuestra actual vida física y el funcionamiento de la vida tras la muerte física.
- Terapia regresiva o terapia del alma. La terapia regresiva ha ido ganando popularidad en los últimos años como una forma de terapia alternativa que trata de descubrir y abordar traumas y problemas del pasado, tanto de esta, como de otras vidas. La terapia regresiva es un tipo de terapia que guía a las personas para que exploren recuerdos y experiencias pasadas con el fin de fomentar un mayor conocimiento de sí mismas en busca de su curación emocional. La terapia regresiva es un método cada vez más popular, que consiste en explorar experiencias pasadas para comprender mejor los problemas presentes. Se la denomina terapia regresiva, terapia a vidas pasadas o también “terapia del alma”, una poderosa herramienta para la sanación, el desarrollo y el crecimiento individual. Se han realizado numerosos estudios e informes de casos que sugieren que la terapia regresiva puede ser útil para tratar diversos problemas, desde traumas y ansiedades hasta las fobias y el dolor crónico. Esta terapia trata de descubrir las conexiones entre los acontecimientos pasados y el comportamiento presente, y de dotar a los individuos de mejores estrategias de afrontamiento para problemas actuales como el trauma, el estrés y la depresión. Es una herramienta que nos permite penetrar en el inconsciente. Actúa como una especie de puente hacia el inconsciente», permitiéndonos conectar con el inconsciente para mejorar el presente. La terapia regresiva nos ayuda a hacer “consciente” lo “inconsciente” y a partir de ahí desarrollar el proceso terapéutico hasta la sanación. Se trata de una gran herramienta con la que, en un estado expandido de conciencia, podemos acceder a la mente inconsciente. Una terapia que penetra en las profundidades del inconsciente a través de un protocolo estructurado, en el que, a través de los síntomas, y de manera totalmente consciente, nos adentramos en una experiencia que nos ayuda a conectar con la causa de esos síntomas y a partir de ahí podemos empezar a tratar y sanar los aspectos perturbadores.
¿Qué tipo de problemas se pueden solucionar trabajando con el inconsciente? Las creencias y sentimientos inconscientes pueden ser una fuente oculta de angustia, lo que lleva a problemas tan comunes como pensamientos autodestructivos, ira, gastar sin control y muchas formas de comportamiento compulsivo en los individuos. Las mismas fuentes de angustia también pueden desencadenar patrones dolorosos de interacciones entre los miembros de una relación o los miembros de una familia, que a menudo aparecen como problemas de comportamiento en un niño. Emociones desagradables, pensamientos no deseados, creencias ocultas que, sin embargo, influyen en nuestro comportamiento, patrones de comportamiento improductivos, miedos… son problemas que las personas pueden traer a la terapia con la esperanza de encontrar alivio.
Elaboración a partir de materiales diversos
Ver también:
Secció: LA MENT HUMANA