titulo de la web

Hacia una más plena humanización

En el plano «científico» avanzamos hacia un nuevo paradigma interpretativo de la realidad. En el plano «antropológico» tenemos también algunas tareas pendientes, entre otras profundizar en: ¿Qué somos, quiénes somos, qué hacemos los «seres humanos» perdidos en medio de la inmensidad de este extraordinario y enigmático cosmos? Sobre los seres humanos, la investigación más avanzada sostiene algo sorprendente y revolucionario: somos más que un cuerpo físico, esencialmente somos «almas», somos seres «espirituales» viviendo «experiencias humanas», encarnados en un cuerpo físico.

¿Cuál es, pues, el «sentido» de nuestra existencia, de la «existencia humana»? De acuerdo con el nuevo paradigma post-materialista, el propósito de nuestra existencia en este mundo es «evolucionar», progresar: el desarrollo, el despliegue de nuestro espíritu, el crecimiento en nuestro nivel de conciencia. Desplegar nuestro «ser», acrecentar nuestro potencial humano, aumentar nuestro nivel de conciencia.

En nuestro presente modo de vida, tecnológico, consumista y materialista, hemos olvidado lo fundamental: cómo vivir, cómo enderezarnos hacia un tipo de «vida buena». La única tarea que de verdad importa: que seamos más humanos en verdad, sencillez, honradez y transparencia.¿Y nuestra tarea?: contribuir a tomar conciencia de lo que verdaderamente necesitamos para avanzar hacia un tipo de «vida buena», humanamente de mayor calidad y más plena, en medio de un contexto cultural que, como consecuencia de la disminuida, limitada, empobrecida formación humana recibida, nos encorseta y ahorma en unos horizontes existenciales y unos valores ciertamente escasos, miopes, pobres, reducidos, depauperados.

Para el ser humano por encima de todas sus preocupaciones destaca una fundamental: ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Cuál es la razón de ser y la finalidad o propósito de su vida y de la existencia humana? La búsqueda de sentido quizá haya sido la indagación más apasionada del género humano, una búsqueda que ha constituido el aliento de incontables religiones y filosofías. Sabidurías ancestrales, tradiciones religiosas sapienciales, religiones, teologías han diseñado, abierto caminos, horizontes, sendas que nos lleven al un mayor dominio e integración personal, nos conduzcan a una «vida buena» y una existencia rica y humanamente plena. Enunciemos algunas respuestas a tan fundamental preocupación:

    Algunas de las respuestas que se han dado a lo largo de la historia

  1. En los textos filosófico-religiosos propios del hinduismo de hace cinco mil años se decía: “El ansia de conocer aquello de donde nacen todos los seres, lo que les hace vivir después de nacer, hacia lo que todos caminan y en lo que han de hundirse finalmente: Eso es Brahman.” (Taittirîya Upanishad, III, I, I)
  2. Aristóteles señalaba que somos la especie viviente más avanzada de la que se tenga conocimiento. A diferencia de los animales el ser humano libre es aquel que es racional y no esclavo de sus impulsos afectivos o instintivos. El ser humano a diferencia de otras especies puede trabajar, respirar, moverse, comunicarse, alimentarse y además pensar y reflexionar. De esta forma el ser humano dotado de razón se acercaría a la «deidad» y se alejaría de lo corpóreo y de las bestialidades propias de los animales. Así, la finalidad más alta del ser humano sería la ejercitación en la práctica de la reflexión y la toma en consideración como guía del pensamiento racional por encima del predominio de su pulsión animal.
  3. En occidente, dentro de nuestro marco cultural de procedencia cristiana, durante muchos siglos la pregunta por el sentido de la vida encontró respuesta en la existencia de un Creador del Cosmos, fundamento de todo lo existente, cuyo plan redentor rige la historia global e individual, garantizando la pervivencia tras la muerte y dotando de un significado particular a la vida presente, en especial, a sus aspectos más insatisfactorios o dolorosos. Para la visión del mundo cristiana, que dominó Europa desde el siglo IV hasta el siglo XVII, la existencia en su conjunto se hallaba bajo la providencia de un dios personal; la vida en su totalidad y la vida de cada cual estaban sujetas a la economía y al gobierno divinos, a su voluntad inescrutable pero benéfica, y tenían, por tanto, un sentido. Buena parte de la filosofía de esos siglos, en su condición de sierva de la teología, sostuvo y buscó justificar racionalmente dicha visión del mundo. La necesidad de sentido es hoy la misma de siempre, pero ya no resultan satisfactorias para muchos las respuestas tradicionales de la religión y la filosofía basadas en dogmas, en mitos orientados a mitigar la angustia existencial y el miedo a la muerte, o en metarrelatos no corroborados por la experiencia directa. (M. CAVALLÉ)
  4. Más recientemente, para E. FROMM la existencia humana plantea un problema fundamental. El ser humano es lanzado a este mundo sin su voluntad y retirado de este mundo también sin contar con su voluntad. Carece de un mecanismo instintivo de adaptación al medio. La propia existencia plantea una pregunta a la que cada uno debe responder. Para el ser humano vivir consiste en construir su propia vida. Está en la naturaleza y, sin embargo, trasciende a la naturaleza; tiene conciencia de sí mismo y esta conciencia de sí como un ente distinto, separado del resto del mundo le hace sentirse insoportablemente solo, perdido, impotente. La pregunta a la que tiene que responder con su vida es: ¿cómo podremos superar el sufrimiento, el aprisionamiento, la vergüenza que crea la sensación de separación con el mundo? ¿cómo podemos encontrar la unión dentro de nosotros mismos, con nuestros semejantes, con la naturaleza? Y básicamente hay sólo dos respuestas: superar la separación y encontrar la unidad en la «regresión» a estadios de desarrollo anteriores o «nacer completamente», desarrollar la propia conciencia, la propia razón, la propia capacidad de amar.
  5. Pero hoy la dinámica imperante va por otros derroteros. En los tiempos actuales, entre nosotros muchas personas creen que la producción, el trabajo, el empleo, la productividad, la eficiencia es lo más importante en sus vidas. Sin embargo, en un modelo de sociedad alternativo, diferente, una sociedad no “productivista”, “mercantilista”, “utilitarista” la productividad y el trabajo no deberían ser considerados como la finalidad principal de la vida del ser humano. Entonces ¿cuál debería ser la finalidad fundamental del ser humano?
  6. Frente a las anteriores, otras perspectivas y planteamientos son posibles

  7. Por ejemplo, proceso de «Humanización« vs. «deshumanización«. Humanidad vs. Inhumanidad.  En mayor o menor medida, todos tenemos y llevamos en nosotros mismos cierto grado de «inhumanidad». Estamos hechos de barro y estamos constituidos de tal manera que, en cada uno de nosotros, «lo humano» está inevitablemente unido, asociado y vinculado a «lo inhumano». El problema central, que todos tenemos en la vida, consiste en superar la deshumanización que todos llevamos inscrita en lo más profundo de nuestro ser, para ir logrando, hasta donde nos sea posible, la humanidad que nos es propia y en la medida en que podamos alcanzarla.
  8. A partir de los postulados del nuevo paradigma post-materialista, se desprende que los seres humanos somos un alma que posee un instrumento. Este es lo que conocemos como la forma humana, que consta de un cuerpo físico-etéreo, de un sistema emocional y de un sistema mental. A este instrumento se le puede llamar “personalidad” o “ego”, y es lo que permite la expresión del alma en el mundo. Los seres humanos evolucionan hacia los niveles altos de consciencia al pasar por una serie de transformaciones interiores importantes. El objetivo del proceso de la evolución personal, la meta de la existencia en este planeta, no es alcanzar un nivel de perfección que, en el nivel de la esencia divina que somos ya está ahí, sino construir un instrumento —la personalidad, el ego— que sea totalmente flexible y receptivo a la energía y la voluntad del alma, de modo que sea posible manifestar su perfección de manera directa y concreta en este mundo. Cuando finalmente se llega a la meta, los tres cuerpos, físico, emocional y mental, serán una expresión directa de la perfección, la belleza, la inteligencia y el poder. De hecho, serán una expresión de todas las cualidades “divinas” del YoUna espiritualidad transformadora, liberadora, no busca reforzar o legitimar cualquier visión del mundo, ni consolar, en absoluto; más bien pretende proporcionar autenticidad, rompiendo con lo establecido, con lo que el mundo toma como legítimo, haciendo añicos lo mundano. Será así una espiritualidad, en definitiva, revolucionaria.
  9. El propósito de la experiencia humana es evolucionar, desarrollar nuestra consciencia para llenarnos de sabiduría y amor. Todos los seres humanos, sin excepción, hemos venido al mundo para trabajar en nuestro desarrollo espiritual, compartiendo y participando en experiencias con otros seres humanos. La vida es un formidable proceso pedagógico del Universo; el planeta Tierra es un “colegio espiritual” y cada experiencia vivida se puede comparar con un curso académico en el que para aprobar y pasar al curso siguiente, nivel superior, tienes que ir superando las diversas "asignaturas". Existen seres ya muy avanzados, muy evolucionados: los santos, los Maestros, los seres muy evolucionados, no pierden su paz nunca, siempre se encuentran en un estado de equilibrio. Entre otras cosas porque su función es servir, y no se sirve bien cuando se está sufriendo, porque se pierde claridad mental. Cada ser humano necesita de los demás seres del Universo para evolucionar, pero no puede evolucionar por ellos, ni ellos por él. Así pues, se puede concluir que todas las almas evolucionarán, con o sin Maestro, porque están hechas a “imagen y semejanza” del Absoluto. Siendo eso cierto, también lo es que las almas que se hayan podido hacer correspondientes con recibir la ayuda de un Maestro iluminado evolucionarán mucho más rápido; no sólo por sus enseñanzas sino, sobre todo, por el contagio de la vibración, de la Gracia. El límite al efecto del contagio lo pone siempre el discípulo y no el Maestro. (G. RODRIGUEZ-FRAILE)

  10. En esa línea la fe cristiana, una opción razonable y legítima. La fe es un acto de libertad, la respuesta a una llamada interior que me exhorta a liberarme de todo lo que encadena y encarcela. Dios se ofrece a nosotros desde la fragilidad, se niega a violentarnos ya anular nuestra libertad. Puedo o no creer. Su grandeza consiste en haber creado un ser que puede decirle sí, pero también no. Ser cristiano es un proceso, un camino, un dinamismo que perfecciona a la persona, que la hace más excelente, que le permite desarrollar las potencias escondidas que hay en ella. Es una opción que va ligada al desarrollo personal, que afecta a la vida corporal, emocional, mental, social y espiritual de la persona. Nada queda al margen, afecta a la integridad. Ser cristiano es estar en camino de escuchar al Maestro interior, de interpretar el sentido de su llamada y de hacerla realidad en la propia vida en cada instante. (F. TORRALBA)
  11. Admitamos sólo como mera posibilidad que Dios pudiera existir. En el hipotético caso de que Dios existiera, yo tendría curiosidad por saber quién y cómo es ese supuesto Dios, tan escurridizo que no se deja ver a simple vista. Por la obra conocerás al autor. Conócete a ti mismo y el mundo que te rodea y estarás comenzando a conocer a Dios. Ya que en la criatura están las potencialidades del creador, si imaginas todas las buenas cualidades humanas en el grado más perfecto que puedas, estarás comenzando a dibujar un bosquejo de Dios que, aunque muy imperfecto, será el más avanzado que puedas tener de él, dada tu capacidad actual. Hay un proverbio muy antiguo y muy cierto que a la pregunta «¿Cómo es Dios?», responde «Como tú cuando hayas llegado hasta Él». ¿Cuáles son esas cualidades? Amor, sabiduría, justicia, verdad, humildad, generosidad, sinceridad, sensibilidad, comprensión, compasión… (Vicente GUILLEN)
  12. Jesús de Nazaret es quien mejor nos da a conocer a Dios. Los judíos religiosos de aquel tiempo habían colocado a Dios muy por encima de todo contacto personal. A Dios se le veía ausente y lejano de los asuntos humanos. Jesús modificó profundamente el concepto y la experiencia de Dios que se tenía en el judaísmo de su tiempo. Los evangelios atestiguan que Jesús hablaba con frecuencia de Dios, que hablaba mucho con Dios. El lenguaje de Jesús sobre Dios, en aquel pueblo y en aquel momento, tuvo que resultar algo así como una novedad inaudita. Esto es lo primero y, sin duda, lo más significativo que podemos decir sobre Jesús. Él nos enseñó cómo es Dios en un contexto cultural y religioso que no estaba preparado para integrar y aceptar una novedad tan fuerte e incluso tan revolucionaria. Es lo más serio y transformador que se puede enseñar a los mortales. Me refiero a la revelación de Dios que nos hizo Jesús.
  13. Dentro de su cosmosvisión, las primeras comunidades cristianas se planteaban: ¿para qué vino Jesús de Nazaret, cuál fue su cometido existencial, cuál su misión terrenal? ¿«Cristo» vino a salvarnos del pecado para «divinizarnos» o, más bien, vino a liberarnos de nuestra deshumanización para así «humanizarnos»? Lo decisivo para Jesús, y para el Dios que en Jesús se nos revela, no es la «religiosidad», sino la «humanidad». Lo que Jesús nos enseñó al hablar así de Dios y al presentar así a Dios, es cómo el ser humano puede alcanzar su plena humanidad. Porque el Dios del que habla Jesús es tan singularmente original y sorprendente, es un Dios tal, que la condición necesaria para relacionarse con él y para acercarse a él no es otra que la propia humanización. Hay que decirlo, al Dios de Jesús no nos acercamos los mortales «divinizándonos», sino precisamente «humanizándonos».
  14. He aquí lo más nuevo, lo más sorprendente y hasta lo más revolucionario que se puede decir sobre el Dios de Jesús y también, por supuesto, sobre el ser humano. Nuestro itinerario de encuentro con Dios, el Dios encarnado en Jesús, no es el itinerario de la «divinización», sino el incesante logro de la mejor y la más entrañable «humanización». A fin de cuentas, eso y nada más que eso, es lo que hizo el propio Dios para encontrarse con nosotros. Decir que Dios se encarnó es lo mismo que decir que Dios se humanizó. En lo humano es donde encontramos lo divino. Al Dios de Jesús no nos acercamos los mortales «divinizándonos», sino precisamente «humanizándonos». (J. M. CASTILLO)

Elaboración a partir de materiales diversos

Ver también:

De la hominización a la humanización

Avanzando en el proceso de humanización

E. FROMM: el problema fundamental de la existencia humana

La pregunta por el sentido de las cosas

Sección: VERS UNA MÉS PLENA "HUMANITZACIÓ"


Per a «construir» junts...
Són temps per a «construir» junts...
Tu també tens la teva tasca...
Les teves mans també són necessàries...

Si comparteixes els valors que aquí defenem...
Difon aquest lloc !!!
Contribuiràs a divulgar-los...
Para «construir» juntos...
Son tiempos para «construir» juntos...
Tú también tienes tu tarea...
Tus manos también son necesarias...

Si compartes los valores que aquí defendemos...
Difunde este sitio !!!
Contribuirás a divulgarlos...