Las leyes del Universo (I)
Antes de empezar a tratar de las «leyes universales» es conveniente mantener una actitud de apertura hacia nuevas formas de entender la vida.
Vamos a ver qué son y qué significan las «leyes universales», cuáles son y por qué existen estas leyes universales.
«Todo está determinado, tanto el principio como el fin, por fuerzas sobre las cuales no tenemos ningún control. Está determinado para los insectos así como para las estrellas. Seres humanos, vegetales, o polvo cósmico, todos bailamos al son de una tonada misteriosa entonada en la distancia por un intérprete invisible». (Cita atribuida a Albert Einstein)
El Universo se manifiesta, habla, se expresa, gime, protesta o se alegra… con cada uno de los acontecimientos, hechos, sucesos, situaciones, circunstancias que ocurren… ¿estaremos atentos y seremos capaces de comprender y aprender qué es lo que nos quiere transmitir con cada una de esas circunstancias?
Estar dentro de la «Ley», dentro del «Orden» produce paz, armonía, tranquilidad, sosiego, contentamiento, felicidad, alegría, satisfacción, regocijo, gozo, amor… estar fuera: desasosiego, pena, pesar, intranquilidad, inquietud, sufrimiento, tristeza, disgusto, enfado, dolor…
¿Te gusta conducir rápido en medio de la niebla confiando en el azar? Pues esto es lo que solemos hacer con nuestras vidas… transcurren a toda velocidad sin que nos paremos a reflexionar sobre su sentido, ni nos planteemos quiénes somos, qué sentido tiene y qué hacemos en medio del inmenso Universo del que formamos parte. Es como si anduviéramos vegetando sin una idea clara de nuestro horizonte: sin orientación, sin rumbo claro, sin destino lúcido. Por su parte, el Universo no se detiene, funciona a la perfección y responde a un Todo coherente y perfectamente organizado donde el azar y la casualidad no existen. Existen unas Leyes que rigen el funcionamiento del Universo y de la realidad entera. Con el conocimiento de esas leyes y con el descubrimiento de nuestro lugar en su seno, tomamos conciencia que somos parte de él y percibimos que formamos parte de ese Todo amoroso, armonioso y coherente. Este es un conocimiento «sapiencial» que podemos utilizar para mejorar nuestras vidas, entender por qué vivimos y en qué dirección reorientar nuestra existencia hacia un mayor equilibrio, plenitud y felicidad. En la era de la información, podemos optar por permanecer en la ignorancia, permanecer ignorantes de tantos por qué… o intentar buscar respuestas a tantas preguntas fundamentales que nos inquietan. Adentrarnos en un conocimiento más profundo de cuanto nos rodea y en una mayor comprensión de nuestra función en la vida puede contribuir a encontrar un mayor sentido a nuestra existencia. ¿Cuántas veces nos preguntamos el porqué de las cosas que nos suceden? ¿Cuántas veces repetimos y se nos repiten los mismos sucesos en nuestras vidas? ¿Cuántas veces tenemos la sensación de que hay algo más de lo que vemos? Nos cuestionamos y planteamos tantos porqués… Intuimos que el mundo no es todo lo que vemos o percibimos, y que hay más. Y entre todo ese más, están las leyes universales.
¿Existirán, acaso, leyes perfectas —no humanas— que nunca se contradigan, que siempre obren y que puedan conducirnos al descubrimiento, al verdadero conocimiento, del sentido de la vida? A lo largo de los siglos, el ser humano ha observado su entorno, la naturaleza. el cielo, el firmamento buscando explicaciones... se ha planteado preguntas y ha intentado hallar respuestas. A través de su espíritu indagatorio ha ido descubriendo e identificando a lo largo de la historia una serie de regularidades en el funcionamiento de la realidad. Astrónomos antiguos y modernos, han dado sus propias explicaciones sobre el funcionamiento del Cosmos. Poco a poco, astrónomos de distintos períodos históricos han identificado esas regularidades y las han denominado las leyes del Universo, aquellas leyes que rigen su funcionamiento. Para comprender el funcionamiento del Cosmos, los expertos han tratado de elaborar leyes o teorías (Teoría del Big-Bang, leyes de Kepler, ley de la Gravitación Universal, teoría de la relatividad, leyes de la termodinámica…). Además de estas leyes sostenidas en datos empíricos y según el método científico, existen unos principios básicos que rigen el Universo. E independientemente de si los identificamos o no o del nombre que les demos, o de si los entendemos o no, esos principios o Leyes Universales han existido, existen y existirán siempre ya que determinan la manifestación misma del Universo. Existen un conjunto de leyes que rigen el Universo. Albert Einstein decía: “Dios no juega a los dados” y es así. Nada en el Universo está librado al azar, todo está regido por un sistema de leyes que sostienen y equilibran el "Cosmos" (orden). Seamos conscientes o no de ello, ellas actúan sobre mi vida, sobre tu vida y tus actos, actúan como la gravedad que, hasta que Newton no la teorizó, no se sabía que existía, pero nada podía escapar a su influjo.
El universo funciona de una forma perfecta. La gran cantidad de problemas que tenemos los seres humanos muchas veces es precisamente porque no tenemos conocimiento de cómo funciona el universo, si tuviéramos conocimiento de cómo funciona el universo tendríamos muchísimos menos problemas en la vida de los que tenemos… pero la sabiduría de todos los tiempos también sostiene que es necesario tenerlos para que aprendamos que existen unas leyes del universo, que es importante que las conozcamos, que sepamos que están ahí porque de esa manera podremos funcionar acorde a como el universo quiere que funcionemos.
En esta ocasión vamos a tratar de «leyes», pero no de leyes humanas sino de leyes universales. Cuando hablamos de «leyes», nuestra mente piensa en las leyes creadas por el hombre, las leyes civiles, penales, económicas, etc.… las leyes que conocemos desde que nacemos y con las cuales vivimos y nos desarrollamos en sociedad. Así como hay leyes físicas, también hay leyes que nos afectan en nuestra vida cotidiana, mental, emocional y espiritualmente. Así como existe la ley de la gravedad, y ésta nos afecta a todos, seamos nosotros conscientes de ella o no, ya sea que conozcamos sus mecanismos de funcionamiento o no, lo mismo sucede con las leyes universales. Por encima de estas leyes naturales y las leyes humanas hay unas leyes universales que han existido desde siempre. Tales leyes no las ha inventado el hombre, sino que con su esfuerzo reflexivo y tenacidad las ha descubierto. Han estado allí desde que se manifestó el Gran Cosmos y perdurarán, sin cambio alguno, hasta el fin de los tiempos. Estas leyes universales son la clave del funcionamiento del universo. Son «leyes» porque siempre obran, nunca fallan y se aplican en todos los casos. Las leyes o poderes universales operan y gobiernan todo lo que sucede y no se pueden anular ni cambiar. Ninguna de estas leyes se contradice, nunca cambia y siempre obra.
Los científicos nos han mostrado las leyes físicas como la gravedad, que siempre nos sujeta a la Tierra; las leyes mecánicas, por medio de las cuales caminamos y fabricamos vehículos; las leyes químicas, las electrónicas, etc. Existen leyes para la salud: el aseo, deporte, respiración, recreación y alimentación correcta. Existen también leyes humanas, las leyes de circulación, las leyes éticas, el derecho, la moral… Para distinguir una ley natural o física de una ley creada por el hombre basta observar que la ley natural nunca cambia ni tiene excepciones. Por el contrario, las leyes humanas, los códigos, los intereses, el valor del dinero, etc., cambian continuamente y tienen múltiples excepciones, mostrando en realidad que no son leyes sino acomodos. Además, existen también unas leyes que rigen el Universo. El Universo está regido por una serie de «Leyes» que gobiernan la realidad entera y todo cuanto sucede en ella: lo agradable y lo desagradable, lo positivo y lo negativo, lo comprensible y lo aparentemente incomprensible... Las Leyes Universales rigen el funcionamiento de todo el Universo durante todo el tiempo, son inmutables y eternas, de tal forma que nada puede ocurrir fuera de la Ley, porque si eso sucediera el Universo ya no sería «perfecto» y se desordenaría.
La humanidad entera y los procesos de nuestra civilización en el Planeta Tierra, pueden concebirse como parte de un mismo proceso evolutivo universal (que involucra también al ser humano y sus organizaciones sociales). Todo ello puede ser concebido como parte de un proceso más amplio de evolución universal en el que colectivamente y cada uno de nosotros en particular también estamos inmersos.
Kosmos y Kaos. A pesar del orden, coherencia y armonía que de hecho presenta el Universo existe también un cierto desajuste y caos. Frente a la corriente de pensamiento que afirma que lo que predomina es el caos, nos encontramos con otra corriente que nos habla de la armonía y coherencia y perfección del universo. Frente a quienes consideran que lo que reina, lo que impera, lo que predomina en el mundo es el caos, lo cierto es que la sabiduría perenne siempre ha sostenido que tras el aparente caos lo que prevalece es un equilibrio y un orden perfectos, un «cosmos» perfecto (perfectamente acabado y completo). Parece ser, pues, que lo que predomina mayormente es el «cosmos/orden» y no el «caos» como defienden ciertos agoreros…
Las leyes universales
Estas leyes universales no son humanas, tampoco fueron reveladas por un dios en un tiempo determinado, ni están escritas en un libro sagrado que unos hombres escribieron, otros escogieron y modificaron y otros difundieron. Las «leyes» universales han sido intuidas y reflexionadas por los más grandes pensadores que en el mundo han sido y ese cúmulo de ideas y reflexiones sapienciales han sido recogidas en textos, como por ejemplo en el Kybalion (un antiguo texto hermético que ha servido de guía para innumerables personas que buscan comprender la realidad detrás de la apariencia física y descubrir su verdadero potencial) y otros textos sagrados, que nos sirven como herramienta para comprender mejor nuestra realidad. Todas ellas forman parte del más alto conocimiento humano acumulado a lo largo de los siglos y son una fuente de sabiduría para comprender y afrontar muchos de los fenómenos y problemas que se producen a nuestro alrededor. A partir de ese cúmulo de sabiduría atesorada se pueden intuir y distinguir como 7 fuerzas o principios que sostienen y regulan el universo: son las 7 fuerzas que operan en el universo, que lo crean, lo regulan y lo transforman y que nos afectan también a nosotros los seres humanos en nuestro día a día. Son las siguientes:
LEY DE AMOR:
- El amor es el origen de todo cuanto sucede. Todo lo que sucede en el Universo sucede por Amor. La ley del amor se manifiesta en todo lo que es eternidad, perfección, pureza, paz, gozo, armonía, felicidad...
- El objetivo final de nuestra evolución como seres espirituales es precisamente aprender a amar. Una vez aprendida la ley del Amor, ya lo tenemos aprendido todo, no hay nada más allá de la ley del Amor. Esa es la finalidad de nuestra evolución como seres humanos.
- Esta ley me libera de cualquier suceso que me pueda pasar en mi vida: una vez comprenda esta ley no voy a sufrir por ningún suceso que me pase en mi vida... porque tendré la capacidad de comprender que si pasa es porque hay algo más allá que yo no sé, aunque en ese momento yo no comprenda... seguro que si me ocurre es porque en el fondo, aunque yo no lo comprenda, el Universo hace que ocurra por que tiene un propósito de amor para mi...
- Todas las leyes universales están regidas por la ley de Amor. Todo está rigido todo la ley del Amor. Esta ley se encarga de realizar los diseños de todo lo que posteriormente se manifestará en el universo, diseña todo lo que acontece en el universo: el por qué pasa. cómo pasa, en el momento que tenga que pasar, cuando pasa y de la manera como pasa...
- En la vida cotidiana podemos comenzar a vivir en amor cuando nos disponemos a respetar a todos los seres vivos en sus funciones, experiencias y comportamientos, renunciando a utilizar cualquier tipo de agresión, imposición, prohibición, castigo, o inculpación...
- Todo lo que sucede en el universo sucede por amor, incluido lo que estamos viviendo en cada circunstancia: todo lo que sucede en el universo en el planeta Tierra, en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestras parejas, en nuestro trabajo… todo sucede por el Amor que tiene el universo por nosotros.
LEY DE MANIFESTACIÓN:
- Por esta ley el universo se encargan de manifestar todo lo que el universo tiene almacenado con información en sus bases de datos energéticas. Nada se puede crear en el universo, ni lo más pequeñito hasta el ser humano, sin el concurso de esta ley de manifestación.
- Todo lo que ocurre en el universo todo está diseñado y calculado... en el universo no hay nada por inventar, todo está inventado... Esta ley se encarga de manifestar para su creación todo aquello que es necesario que exista u ocurra para el aprendizaje, progreso o evolución de los seres espirituales que somos.
- Hay una armonía y correspondencia entre los diferentes planos de existencia: físico, mental y espiritual.
- En el universo ninguna creación se puede realizar sin la información de la ley de la manifestación y la intervención de la ley de polaridad.
- Es la que permite que todo pueda manifestarse. Permite que lo preexistente o inmanifestado se manifieste en todo lo creado, desde lo más sutil hasta lo más denso, y es el origen de todo pensamiento, idea, palabra y obra.
LEY DE POLARIDAD:
- Todo es dual, todo tiene polos, todo tiene su par de opuestos. Esta ley nos invita a reconocer y comprender que las polaridades están presentes en todas las manifestaciones del universo. Nos enseña que todo en el universo tiene su opuesto: el bien y el mal, la luz y la oscuridad, el frío y el calor, el amor y el temor.
- Esta Ley funciona básicamente por atracción de los complementarios, que es la base constitutiva de toda la materia. La polaridad está relacionada con la atracción de los opuestos complementarios, como lo masculino y lo femenino, porque sin los dos no hay posibilidad de creación alguna. Necesitamos autotransformarnos para evolucionar.
- Los opuestos son complementarios, es decir, lo femenino y lo masculino no somos distintos, somos complementarios... tienen información y características diferentes, por ello necesitan de la polaridad opuesta para complementarse.
- Los seres humanos nos saltamos la ley de polaridad cuando producimos cruces genéticos entre razas vegetales, animales, los transgénicos, los híbridos que a lo mejor no son compatibles entre sí, también los ajustes entre seres humanos incompatibles genéticamente... creando accidentes genéticos, deformaciones orgánicas y demás...
LEY DE EVOLUCIÓN:
- Ley del Aprendizaje, Ley del Cambio Interior o de la Transformación. Determina el proceso de desarrollo espiritual del ser humano. La vida humana, según esta perspectiva, es una escuela de aprendizaje cuya finalidad es «evolucionar» y nadie puede evolucionar sin transformarse (evolucionar consiste en aprovechar las dificultades para aprender de ellas...).
- Nos enfrenta con aquello que necesitamos aprender. Es la que permite transcender hacia niveles de mayor satisfacción a través del desarrollo de la consciencia. Determina lo que hay que aprender: felicidad, paz y amor.
- Esta ley es la encargada de relacionar las tres leyes superiores Amor, Manifestación, Polaridad) con las tres leyes inferiores (Correspondencia, Armonía, Naturaleza)… El objetivo de esta ley es generar la evolución de la conciencia, del espíritu… pasando del estado de ignorancia al estado de sabiduría propia del universo... conectando el mundo el espiritual con el terrenal y el mundo terrenal con el mundo espiritual…
- La ley de evolución bloquea la vida del ser humano cuando las decisiones que tomamos están fuera de lo que personalmente no nos corresponde en la actual encarnación. Por ejemplo, todas esas personas que la vida no está poniendo a nuestro lado, es porque no nos corresponden... está actuando la ley de evolución.
- Actúa cuando nos empeñamos en hacer las cosas que no nos corresponden y como nosotros queremos, no como necesitamos para nuestro proceso de evolución espiritual.
- La ley de evolución es la que sabe que lo tiene que saber... sabe que tenemos que enfrentarnos a determinadas circunstancias porque forman parte de nuestro proceso evolutivo personal, de las asignaturas pendientes que tenemos que aprobar: los desastres naturales, los accidentes, la intolerancia, el egoísmo, el abandono o la explotación... son circunstancias que se presentan en nuestras vidas para que a partir de ellas aprendamos, maduremos, evolucionemos como seres espirituales...
LEY DE CORRESPONDENCIA:
- Como es arriba es abajo. Como es adentro, así afuera. Lo que existe en lo invisible, existe en lo visible. Lo que sientes y crees internamente, se manifiesta externamente.
- Sólo sucede lo que tiene que suceder. Todo proceso tiene un propósito perfecto. Toda situación es un aprendizaje y tiene un propósito de amor.
- Se encarga de que todos los seres vivos creados por el universo dispongan de las experiencias necesarias para la vivencia que les corresponde vivir en cada encarnación.
- Esta es la Ley que rige el orden universal. Determina la distribución de tiempo, espacio, lugar, acción y función para todos los seres vivos, y los límites que corresponden al campo de acción de las diferentes especies. Una vez determinado el tipo de experiencia requerido, y las características y lugares apropiados para el desarrollo de una función o un aprendizaje específico, la Ley de Correspondencia crea las circunstancias para que se manifieste y suceda en cada lugar solamente lo que es correspondiente con él y con las personas que lo habitan. Por esta razón en cada lugar existe y sucede sólo lo que tiene que existir y suceder, de forma que a nadie le ocurra nada que no le corresponda.
- Los lugares en los que nos desenvolvemos, los espacios que utilizamos, los momentos históricos en los que vivimos, las personas que aparecen en nuestras vidas desde que nacemos hasta que nos morimos, la familia, los amigos, las parejas y compañeros de trabajo, los jefes. los vecinos vecinos... nada se da por casualidad, todo tiene su razón de ser... hay que aceptarlo, no luchar contra ese nyestro destino... esta ley nos enseña que nada es, nada se da, por casualidad.
- Si no nos corresponde nunca tendremos lo que queremos... como humanos sólo tendremos lo que nos corresponde según esta ley del universo: cuando quiero algo y no lo consigo por mucho que lo intente forma parte del aprendizaje necesario que debo realizar para reconocer que existe esta ley contra la que no puedo luchar, sino solo aceptar. Cuando acepto mi vida y mis circunstancias y no lucho contra ellas, vuelvo a situarme dentro de la ley de correspondencia y en armonía con lo que quiere de mi el universo. Las luchas contra lo que consideramos que no nos gusta o no queremos, consideramos injusto o que no es para mí, normalmente nos ponen en contra de la ley de correspondencia.
- Cuando aprendemos a aceptar lo que no corresponde según nuestras asignaturas pendientes de evolución y a no permitir que nos afecte nada en nuestro ser de nuestro exterior encontramos la paz interior y la felicidad.
LEY DE ARMONÍA:
- La ley de la armonía promueve el equilibrio entre todas las creaciones del universo. Se manifiesta en todo lo que se mantiene relacionado y convive. Todo lo que se mantiene, tiende al equilibrio. Ésta es la Ley que permite el funcionamiento perfecto y coordinado de todo cuanto existe y sucede.
- Una de las cosas que enseña a los seres humanos es cómo tenemos que relacionarnos entre nosotros, su objetivo es crear convivencia, equilibrio y respeto. Esta ley nos induce a establecer acuerdos, a ser flexibles, a ceder y saber conciliar, a saber ser tolerantes...
- Todo lo que se emite, acciona, reacciona y vuelve. Todo lo que se ataca se defiende. Todo lo que agrada se acepta. Sólo la comprensión evita la destrucción.
- Reconocemos que nos salimos de la Ley de Armonía cuando experimentamos: insatisfacción, sufrimiento, angustia, estrés, limitación de recursos, desadaptación al medio, dificultad para relacionarnos o conflictos sentimentales y emocionales...
- La violación de esta ley produce: desconfianza, temor, distanciamiento, aislamiento, individualismo, soledad, tristeza, depresión, peleas, timidez, incomunicación, desunión, fronteras, traumas…
LEY DE NATURALEZA:
- Establece la estructura fundamental de la materia. Se manifiesta a través de los cuatro grandes reinos de la creación: mineral, vegetal, animal y humano.
- Es la ley la que rige toda nuestra encarnación. Es la ley que regula nuestros cuerpos físicos. Nuestros cuerpos físicos están regidos por la ley de la naturaleza que se expresa en lo que llamamos en el instinto.
- Este cuerpo que tenemos hay que cuidarlo, es un regalo del universo para que nuestro espíritu pueda tener las experiencias necesarias que necesita.
- Las almas aquí en la Tierra necesitan el curpo físico para poder evolucionar, para vivir esas experiencias físicas que necesitan para madurar y evolucionar.
- Para las entidades espirituales es impotante tomar un cuerpo físico para experimentar en nosotros el aprendizaje de las leyes universales que nos permiten evolucionar.
Conviene, pues, que conozcamos estas leyes universales, que tomemos conciencia de ellas, que sean conocidas y aprendidas por nosotros. Cuanto antes aprendamos cuáles son esas leyes y cómo funcionan, antes comprenderemos mejor el porqué de muchas de las cosas que nos ocurren en nuestras vidas y a nuestro alrededor. Cada uno de nosotros las percibe de forma diferente y en distinto grado, ello dependerá de nuestro nivel de conciencia, y libremente podemos optar por armonizarnos y fluir con ellas o intentar escapar a su dictado e influencia. Sin embargo, una vez conocidas es mucho mejor actuar de acuerdo con ellas, vivir en correspondencia con ellas, para poder así estar en armonía con nosotros mismos, con nuestro entorno y con el universo entero y así poder llegar a ser lo que realmente en esencia estamos llamados a ser.
Su conocimiento: obediencia o desobediencia y consecuencias derivadas
Borja Vilaseca(*) en su obra "Las casualidades no existen" se refiere a estas cuestiones de la siguinete manera: Detrás de cualquier fenómeno que existe en la realidad hay una ley o principio que lo rige. La naturaleza está regida por las leyes naturales… En la naturaleza cada organismo cumple una determinada función. Por ejemplo, el agua empieza a hervir cuando alcanza los 100 grados. Y comienza a congelarse cuando baja de los cero grados. Por otro lado, si nos fijamos en el reino animal, comprobamos que cada mamífero tiene un proceso de gestación diferente. Forman parte de ciclos naturales que están orquestados por leyes universales. Nuestro propio cuerpo humano está regido por leyes. El sistema respiratorio. El aparato digestivo. El proceso respiratorio… Sea lo que sea lo que observemos está sujeto a algún principio, norma o código que lo gobierna. El tráfico tiene sus propias normas. El fútbol también. Cada país cuenta con su propia Constitución. Incluso en nuestras relaciones humanas -ya sea a nivel personal o profesional- imperan ciertos códigos de conducta, muchos de ellos no escritos… El «kósmos», palabra procedente del griego y que significa «orden», está regido también por una serie de «leyes» inmutables. No en vano, todo lo que existe funciona perfectamente.
Pero si en realidad todo está en orden y funciona “perfectamente” nos podemos plantear: cómo es posible el caos y el desorden… Al estar tan identificada con el ego, la humanidad se ha convertido en el cáncer del planeta. Estamos asfaltando la tierra. Contaminando el aire. Envenenando los océanos. Talando los bosques. Masacrando al resto de especies. Y, en definitiva, destruyendo la naturaleza… ¿Cómo es posible que ocurran todas estas cosas? Pues porque existe «la ley de la evolución», la cual nos permite violar ciertas leyes para que seamos conscientes de su existencia a través de los resultados tan insatisfactorios que generamos al desobedecerlas.
No en vano, la vida es una escuela de aprendizaje cuya finalidad es evolucionar. Y la única manera de lograrlo es cometiendo errores y aprendiendo de ellos. Tarde o temprano llega un momento en el que nuestra desobediencia existencial nos conduce irremediablemente a una saturación. E incluso al colapso. Solo entonces nos comprometemos con iniciar un verdadero proceso de cambio y transformación, creciendo en comprensión de la realidad para así aprender a fluir armoniosamente con este orden universal. No importa si “creemos” o no en este orden perfecto. Lo importante es que lo “verifiquemos” a través de nuestra experiencia personal.
“Del mismo modo que empezamos a respetar las leyes de tráfico cuando nos hartamos de pagar multas, cuando llegamos a una saturación de sufrimiento comenzamos a obedecer las leyes que rigen el universo.” (Gerardo Schmedling)
“A lo que te resistes, persiste; lo que aceptas, te transforma.” (Carl Gustav Jung)
Estas leyes o principios que rigen el universo están ahí, operando a la espera de que las vayamos descubriendo a través de los resultados que vamos obteniendo en las diferentes áreas y dimensiones de nuestra existencia. El hecho de que ignoremos dichas normas no nos exime de cosechar ciertas consecuencias cuando las desobedecemos. No importa lo que opinemos acerca de dichas leyes. Al violarlas es una simple cuestión de tiempo que terminemos obteniendo un determinado resultado. Ir contra la «ley» produce desarmonía, dolor y sufrimiento… En este sentido, todos seguimos una misma secuencia de aprendizaje, la cual está regida por cuatro fases:
- La primera se denomina «inconsciencia de la ley». Puede ser que no tengamos ni idea de que existe porque nadie nunca nos ha hablado de ella. De ahí que la ignoremos por completo. O que a pesar de conocerla decidamos obviarla, mirando hacia otro lado y pasando de ella.
- Ya sea por un motivo u otro, la segunda fase tiene que ver con la «transgresión de la ley». Ocurre en el instante en el que el ego nos lleva a desobedecerla. Es lo que coloquialmente se llama «cometer un error», algo necesario e inevitable a lo largo de nuestro proceso evolutivo. Eso sí, como consecuencia cosechamos un resultado en forma de bloqueo, limitación, conflicto, violencia, perturbación, sufrimiento, dolor, insatisfacción o enfermedad.
- En la medida en la que llegamos a una saturación de malestar provocado por el incumplimiento de dicha ley, empezamos a darnos cuenta de su existencia. Solo entonces pasamos a la tercera fase: la «consciencia de la ley». De pronto nos damos cuenta del principio universal que rige el funcionamiento de un área en concreto. Esto es lo que nos aporta el desarrollo espiritual: crecer en sabiduría con respecto a estos principios universales. Es entonces cuando comprendemos que todo es perfecto tal y como es porque todo está en su proceso hacia la perfección. La única imperfección reside en nuestra equivocada manera de mirar e interpretar lo que está sucediendo.
- Finalmente entramos en la cuarta y última fase: la «obediencia de la ley». Dado que no queremos ni necesitamos sufrir más en relación con dicha norma existencial, empezamos a obedecerla de forma consciente y voluntaria. Al respetarla, logramos cosechar resultados mucho más satisfactorios en ese ámbito. De este modo no solo culminamos un proceso de aprendizaje, sino que además cambiamos por completo nuestra experiencia de vida. Y es que al actuar así vamos debilitando el ego, pues no hay nada que lo lime más que obedecer las leyes que rigen el universo.
Una analogía que se suele emplear para comprender nuestro proceso evolutivo es la de un niño pequeño que nunca ha visto fuego. Al no saber lo que es, ignora qué pasa cuando lo tocas. Solamente en el instante en el que le arden los dedos descubre que el fuego quema. Gracias a esta experiencia nunca más vuelve a pasar su mano por encima de una hoguera. Esa es la función del dolor: advertirnos de que hemos violado algún límite. En este caso en relación con la sensibilidad de la piel.
Exactamente lo mismo sucede con el sufrimiento. Su función es transmitirnos que nos estamos equivocando en nuestra manera de ver, interpretar y de relacionarnos con la realidad. Así, cada vez que nos sintamos desdichados es un claro indicador de que hemos desobedecido alguna ley universal. O de que no estamos aceptando ni fluyendo con este orden perfecto. Y no es que dicha norma nos esté penando. ¿Cómo podría sancionarnos una ley? Somos nosotros mismos quienes nos estamos castigando al ir contra ella. De igual modo, si decidimos obedecerla tampoco nos da ningún premio. ¿De qué manera una ley podría recompensarnos? No tiene esa clase de poder. Somos nosotros quienes nos beneficiamos cuando fluimos con ella. Si bien la desobediencia de estos principios universales nos instala en el infierno-sufrimiento, la obediencia nos conduce al cielo-felicidad. (*Fragmento extraído del libro Borja VILASECA “Las casualidades no existen. Espiritualidad para escépticos”).
Conocerlas, aprenderlas, fluir con ellas…
Para nuestra evolución como seres humanos nos conviene conocerlas, captarlas, aprenhenderlas y fluir con ellas… son las que nos pueden ayudar a encontrar un mayor sentido a nuestras vidas y a nuestra existencia… Al hombre moderno le asusta el futuro que él mismo está creando, un mundo incierto, contradictorio, inestable. Aunque en ciertas latitudes planetarias se encuentra rodeado de abundancia, riqueza y bienestar, que aparentemente le reconfortan y le trasmiten seguridad, el estrés lo carcome, la incertidumbre le agobia y en ocasiones experimenta dramáticamente en sus propias carnes nuestra vulnerabilidad constitutiva, no importando lo inmerso que esté en sus avances tecnológicos (catástrofes naturales, guerras, enfermedades...).
El ser humano con el progreso histórico ha ido perfeccionando todo, pero no siempre se ha interesado por perfeccionarse a sí mismo. Ha descubierto las leyes que gobiernan su entorno y las ha aplicado a la creación de una sofisticada maquinaria tecnológica que le proporciona confort, aunque que en ocasiones con su potencial destructivo también apunta a su propia aniquilación... sin embargo, no se ha ocupado en igual medida en descubrir las leyes que rigen su destino. Debemos tomar conciencia que formamos parte realmente de un Universo con infinitas potencialidades y energías que se agitan de acuerdo a leyes inexorables, de acción y reacción, que siempre obran y nunca fallan; en un proceso evolutivo en el que todo está orientado hacia un objetivo grandioso de esperanza y plenitud y Amor absoluto.
Si no nos desviamos de la senda correcta, de la senda trazada por el Universo, nuestra dimensión más esencial vibra en perfecta armonía con el Universo y se rige por leyes inflexibles y eternas que son, al mismo tiempo, físicas y morales, y han permanecido ocultas para la mayoría de los hombres. Los sabios aseguran que cada ser humano es como un Gran Universo en miniatura y como tal también regido por leyes infalibles, las cuales, al ser descubiertas, se pueden encauzar para trazar una ruta cabal para caminar con cierto grado de esperanza por la enmarañada selva de la vida. La aceptación de la realidad y el fluir con ella nos proporcionará paz, tranquilidad y confianza en que en el Universo y nosotros en su seno todo está bien, es perfecto y camina orientado hacia la Plenitud y el Absoluto.
Estar en armonía con las «leyes universales» produce sensación de paz, armonía, tranquilidad, sosiego, contentamiento, felicidad, alegría, satisfacción, regocijo, gozo, amor… estar fuera: desasosiego, pena, pesar, intranquilidad, inquietud, sufrimiento, tristeza, disgusto, enfado, dolor…
Responsabilidad personal. Hoy no es tiempo de tutores, de maestros que lo saben todo y te lo enseñan según su doctrina. Hoy es tiempo de cultivar el verdadero maestro, el maestro interno, nuestro propio GPS personal que nos lleva allá donde debemos estar. Para no “desorientarnos” necesitamos tener un buen “programa” y estar bien conectados a nuestros niveles internos, ser coherentes y consecuentes con nosotros mismos y no desear a nadie aquello que no deseamos para nosotros. Esto nos va a dar coherencia y autenticidad, va a unir nuestra Psique, con nuestra Physis y con nuestra Espíritu, es decir nuestra individualidad humana con sus dimensiones: física, mental, emocional y espiritual. El conocimiento que necesitamos para nuestra evolución personal llega cuando estamos preparados, a todos los niveles, para recibirlo. No es suficiente con saber en el sentido académico. Hay que aprender experiencialmente. Para evolucionar progresando hay que conocer, experimenta, verificar, y encarnar aquello que se ha conocido y verificado. Entonces podremos entender la razón de ser de nuestra existencia en este planeta, y darle un profundo sentido a todas las experiencias que vivimos en él. No hay nada al azar, sino que todo lo que sucede está regido por Leyes perfectas. El Universo es perfecto, completo, en él «está bien». Por eso no hay que temer al «traspaso»... Confiemos en «sabiduría» y «Amor» que permea todo el universal...
El que ha despertado, el verdadero sabio, el que ha abandonado la inopia, no el ignorante, sonreirá en silencio y probablemente no se molestará en dar demasiadas explicaciones, pues, a pesar de ser agudamente consciente del claroscuro que compone el cuadro de la existencia, sabe que el corazón de las cosas está en paz, y que la existencia, en su totalidad y en su más íntimo fondo, está en paz. Sabe que, más allá del nivel que alcanzan nuestros juicios y valoraciones, del bien y del mal relativos y duales, todo sencillamente es, es decir, es completo en sí mismo. Y, por eso, «está bien». Un Bien, en este caso, sin opuesto, no-dual, pues ¿con qué comparar o medir el «Todo» si este no deja «nada» fuera de sí? (Mónica CAVALLÉ)
Elaboración a partir de materiales diversos
(*) Borja Vilaseca es escritor, conferenciante, difusor del desarrollo personal, promotor de La Akademia un proyecto educativo gratuito que ayuda a jóvenes de 18 a 23 años a desarrollar su potencial a través del autoconocimiento, el desarrollo personal y la vocación profesional.
Ver también:
El hálito que todo lo informa. El aliento del Cosmos, del mundo, de la Vida
Sección: COSMOS