Consideraciones sobre el «Manifiesto para una Ciencia Post-Materialista»
Hacia la necesidad de un nuevo paradigma. Entre nosotros conviven dos grandes miradas o perspectivas sobre la realidad: la materialista y la post-materialista. Existen una diversidad de fenómenos que el materialismo científico no es capaz de justificar. Para el materialismo científico, la mente no es más que el producto de la actividad cerebral y nuestros pensamientos no tienen ningún efecto sobre el cerebro, nuestras acciones o el mundo físico. Tal y como se viene exponiendo, el conocimiento médico y científico actual no puede explicar todas las experiencias subjetivas relatadas por supervivientes de ataques cardíacos que han tenido una ECM. Por ello es necesario encontrar un marco explicativo diferente al propuesto por el materialismo.
Gracias a la mecánica cuántica es posible un cuestionamiento de las bases materiales del mundo tal como se ha entendido a partir del método científico tradicional de base cartesiana-newtoniana. La mecánica cuántica ha revolucionado la ciencia tradicional y ha planteado un serio cuestionamiento de las bases materiales del mundo tal como han sido explicadas por el paradigma científico cartesiano-newtoniano, materialista, dominante en los últimos siglos:
- Los átomos y las partículas subatómicas no son realmente objetos sólidos y no existen con certidumbre en localizaciones espaciales y temporales definidas.
- La consciencia del observador es fundamental para la producción de los eventos físicos que estén siendo observados. Las actividades mentales afectan al mundo físico. Conclusión: no podemos comprender la realidad si hacemos abstracción de las actividades de la mente.
En la realidad se producen una diversidad de fenómenos que el materialismo científico no es capaz de explicar. Será necesario, pues, encontrar un marco explicativo diferente al propuesto por el materialismo. La percepción extrasensorial como telepatía, clarividencia, precognición y presentimiento, la interacción mente-materia, la sobrevivencia después de la muerte corporal, las experiencias fuera del cuerpo, las experiencias cercanas a la muerte, las apariciones y comunicaciones después de la muerte, las curaciones espirituales… no pueden ser catalogados como anómalos o excepciones de las leyes naturales.
La actividad mental consciente puede ser observada en las experiencias cercanas a la muerte (ECM). A pesar de que los individuos están inconscientes o clínicamente muertos, se producen eventos conscientes… Durante estos eventos la conciencia continúa activa y se expresa… y puede ser experimentada en una dimensión diferente a nuestro espacio-tiempo convencional (no-localidad cuántica).
Las experiencias cercanas a la muerte sugieren que el cerebro actúa como receptor y transmisor de la actividad mental; es decir, la Mente puede actuar a través del cerebro, pero no es producida por éste. Los fenómenos psíquicos y la actividad cerebral están correlacionados, pero no existe una relación causa-efecto entre ellos porque esos fenómenos parecen tener un origen extracerebral. En consecuencia, la consciencia no es un epifenómeno sino la base del ser, la realidad última, en la cual todas las posibilidades materiales, incluyendo el cerebro, están incluidas. Además, la conciencia individual no se desvanece cuando cesan las funciones del cerebro, sino que persiste y puede ser contactada a través de médiums. Es capaz de recibir información y responder al mundo manifestado aun cuando ya no está asociada a un cerebro.Los fenómenos psíquicos y la actividad cerebral están correlacionados, pero no existe una relación causa-efecto entre ellos porque esos fenómenos parecen tener un origen extracerebral. En consecuencia, la consciencia no es un epifenómeno de la actividad cerebral, sino la base del ser, la realidad última, en la cual todas las posibilidades materiales, incluyendo el cerebro, están incluidas. Además, la consciencia individual no se desvanece cuando cesan las funciones del cerebro, sino que persiste y puede ser contactada a través de médiums. Es capaz de recibir información y responder al mundo manifestado aun cuando ya no está asociada a un cerebro.
Por Ernesto Bonilla, Venezuelan Institute for Scientific Research
Beauregard(*) y col. en su Manifiesto para una Ciencia Post-Materialista analizaron el impacto científico de la ideología materialista y la emergencia de un paradigma post-materialista de la ciencia, la espiritualidad y la sociedad. Según el materialismo científico, ideología dominante durante el siglo XX, la mente no es más que el producto de la actividad cerebral y nuestros pensamientos no tienen ningún efecto sobre el cerebro, nuestras acciones y el mundo físico. Es indudable que esta ideología materialista ha sido muy exitosa en la investigación de los fenómenos naturales y en el avance de la tecnología. Sin embargo, su mismo éxito ha obstaculizado el desarrollo del estudio científico de la mente y de los fenómenos religiosos, espirituales y místicos lo cual ha conducido a la poca comprensión de la vida y su rol en la sociedad y la naturaleza.
El surgimiento de la mecánica cuántica en las primeras décadas del siglo XX ha planteado un serio cuestionamiento de las bases materiales del mundo al demostrar que los átomos y las partículas subatómicas no son realmente objetos sólidos y no existen con certidumbre en localizaciones espaciales y temporales definidas. Adicionalmente, la mecánica cuántica introdujo a la mente en su estructura conceptual básica al demostrar que las partículas observadas y el observador están íntimamente relacionados. Es decir, la consciencia del observador es fundamental para la producción de los eventos físicos que estén siendo observados y las actividades mentales afectan al mundo físico, lo que nos lleva a la conclusión de que no podemos comprender la realidad si hacemos abstracción de las actividades de la mente.
La percepción extrasensoria (telepatía, clarividencia, precognición y presentimiento), la interacción mente-materia y los fenómenos sugestivos de la sobrevivencia después de la muerte corporal (las experiencias fuera del cuerpo, las experiencias cercanas a la muerte, las apariciones y comunicaciones después de la muerte, las curaciones espirituales o mediante entidades incorporadas por médiums, las tendencias y marcas de nacimiento observadas en niños que refieren una vida anterior a la actual y las personas que reciben consejos de entidades desencarnadas) han sido objeto de una gran atención por parte de ciertos círculos científicos porque se trata de eventos comunes que no pueden ser catalogados como anómalos o excepciones de las leyes naturales, sino como indicadores de la necesidad de un marco explicativo diferente al propuesto por el materialismo.
En el Manifiesto para una Ciencia Post-Materialista se afirma que la actividad mental consciente puede ser observada en las experiencias cercanas a la muerte, durante las cuales se producen eventos conscientes, a pesar de que los individuos están inconscientes o clínicamente muertos. Durante estos eventos la consciencia puede ser experimentada en una dimensión diferente a nuestro espacio-tiempo convencional, en la cual todos los sucesos pasados, presentes y futuros ocurren simultánea e instantáneamente (no-localidad cuántica). La persona puede estar conectada con sus memorias y los campos de consciencia propios y los de otros individuos, incluyendo a amigos y familiares fallecidos. Las experiencias cercanas a la muerte (ECM) sugieren que el cerebro actúa como receptor y transmisor de la actividad mental; es decir, la mente puede actuar a través del cerebro, pero no es producida por éste.
Según el paradigma post-materialista, la mente es un aspecto de la realidad tan importante como el mundo físico con el cual está profundamente interconectada. Los pensamientos y emociones pueden afectar la conducta y la actividad de los sistemas inmune, endocrino y cardiovascular, además de influenciar significativamente la actividad del cerebro. Igualmente, la mente puede modificar el mundo físico y no puede ser confinada a puntos específicos en el espacio (cerebro, cuerpo) o en el tiempo (pasado, presente y futuro). Por estas razones, las intenciones, las emociones y los deseos de un experimentador no pueden ser aislados de los resultados experimentales, aún en los experimentos controlados y doble ciego. Aparentemente, las mentes no tienen límites definidos y pueden unirse de tal forma que constituyen «Una Mente Única» que es la sumatoria de todas las mentes individuales.
La influencia de la mente sobre el cuerpo se manifiesta claramente en el efecto placebo, definido como la respuesta fisiológica o psicológica a un medicamento o a una intervención quirúrgica que no puede ser atribuido a las propiedades del tratamiento suministrado sino a la creencia del paciente en la efectividad del mismo. La hipnosis, la biorretroalimentación, la meditación, las visualizaciones, el manejo de las emociones y la oración están siendo utilizados por millones de personas para canalizar el potencial de la actividad mental para tratar numerosas condiciones patológicas (dolor, psoriasis, asma y otras alergias, herpes, ictiodermia, gastritis, hipertensión arterial y migraña). Estos procedimientos demuestran que los pensamientos, sentimientos, creencias, deseos e intenciones producen descargas de mensajeros químicos que se difunden en todas las células del cuerpo y actúan sobre el sistema nervioso autónomo, debilitan o fortalecen el sistema inmune y originan cambios hormonales. Por otra parte, la mente de una persona puede producir efectos repetibles y medibles en el cuerpo de otra. Tales efectos son conocidos como telesomáticos. Una modalidad de ellos es la curación a distancia durante la cual el sanador y el paciente pueden estar en contacto cercano o separados por grandes distancias.
La propuesta post-materialista de Beauregard y col. nos induce a cambiar el paradigma que afirma que los fenómenos psíquicos representan epifenómenos de la actividad cerebral. Los hallazgos científicos reportados en la segunda mitad del siglo XX y en el XXI demuestran que los fenómenos psíquicos y la actividad cerebral están correlacionados pero no existe una relación causa-efecto entre ellos porque esos fenómenos parecen tener un origen extracerebral. En consecuencia, la consciencia no es un epifenómeno sino la base del ser, la realidad última, en la cual todas las posibilidades materiales, incluyendo el cerebro, están incluidas. Además, la consciencia individual no se desvanece cuando cesan las funciones del cerebro, sino que persiste y puede ser contactada a través de médiums. Es capaz de recibir información y responder al mundo manifestado aun cuando ya no está asociada a un cerebro.
El post-materialismo no excluye a la materia, la cual es percibida como un constituyente básico del universo. El paradigma post-materialista promueve los valores positivos tales como el respeto por los seres sensibles y el medio ambiente, el amor, la compasión y la paz. Es de esperar que futuros estudios se centren en la comprensión de los mecanismos mediante los cuales se producen los fenómenos psíquicos y se confirmen los postulados de la propuesta post-materialista, lo cual sería un paso trascendental en la escala evolutiva del ser humano.
Fuente: Invest. clín vol.57 no.2 Maracaibo jun. 2016
(*) El neurocientífico Beauregard a través de sus investigaciones demuestra que un enfoque materialista de la relación entre mente y cerebro ya no es sostenible en la neurociencia. Basado en su investigación y la de otros, sostiene que las experiencias religiosas, místicas y espirituales y las ECM no pueden ser producto del cerebro. También está convencido de que el cerebro simplemente facilita la experiencia de la conciencia.
Ver también:
Manifiesto por una Ciencia Postmaterialista
Secció: CONEIXENT LA REALITAT
Secció: LA CONCIÈNCIA