Sabiduría para la vida cotidiana
Hay costumbres que aunque añejas conviene no olvidar... Imaginémonos en cualquier posible gran ciudad de nuestro entorno, tal vez en una mañana apacible y soleada, escudriñando entre los deslucidos y pálidos estantes de alguna posible vetusta librería, cuyo nombre se nos aparece ya casi desdibujado por el implacable paso del tiempo… Inspeccionando entre los abarrotados estantes, de pronto la mirada se ve atraída por uno de los títulos y queda fijada en él: «Mensajes para el alma...». Interpelado por tan sugerente título no espera, de repente coge el libro entre sus manos y comienza a escrutarlo... En semejantes circunstancias no siempre tenemos la suerte de toparnos inesperadamente con pequeñas joyitas literarias seguramente a la espera de ser rescatadas por algún anhelante lector, joyitas quizás no tanto por su cultivado y esmerado estilo literario sino por su enriquecedor, provechoso y aleccionador contenido, pequeñitas alhajas forjadas paciente y cuidadosamente en el taller de la paciente y trabajosa orfebrería personal, embellecidas a partir de la propia experiencia, saber y conocimiento, extraídos del propio bagaje personal atesorados a lo largo de toda una vida, diminutos tesoros repletos de sabiduría. Una larga hebra tramada a partir de menudas perlas sapienciales, seguramente forjadas a lo largo de toda una vida de ejercitación, práctica y reflexión en la laboriosa senda de desarrollo personal de la autora que se van desgranando a lo largo de las sucesivas páginas del libro… Obras por sus años posiblemente olvidadas ya en la memoria de los más voraces y empedernidos lectores y seguramente durmiendo el plácido sueño de los tiempos, tal vez esperando sigilosa y calladamente ser rescatadas del olvido y caer en las anhelantes manos de algún que otro afanoso e insaciable lector… Por eso, tal vez sea oportuno, en tiempos como los que corren, rescatar el sugerente contenido y las reflexiones rebosantes de sabiduría personal, destiladas a lo largo de años de forja personal, que se van presentando, hilvanadas en pequeñitas porciones de sabiduría, a lo largo de las páginas del libro de Mónica Esgueva.
Como muestra y para despertar el apetito de posibles personas interesadas, inquietas de plenitud y anhelantes de sabiduría, se ofrecen unas pequeñitas muestras ilustrativas del atractivo libro de Mónica ESGUEVA: MENSAJES PARA EL ALMA. Sabiduría para la vida cotidiana en tiempos difíciles.
Dedicatoria: Dedicado a todos los seres que con su abnegación y sacrificio se han encarnado en esta Tierra para mostrarnos el camino de la sabiduría, el amor incondicional y la paz. Sin vuestras enseñanzas y vuestro ejemplo la humanidad no habría podido crecer.
Enmarcaquemos brevemente la obra entresacando algunas ideas del prólogo e introducción: Para empezar, una pequeña discrepancia con el título. El lector no tiene en sus manos «mensajes», sino lecciones de vida. Sin embargo, entiendo que «lecciones de vida» sería un título demasiado pretencioso para una autora coherente con lo que dice y lo que hace y, por consiguiente, humilde. Son lecciones de vida que no nos enseñaron en la escuela. La autora se pregunta cómo podemos ser felices en un mundo lleno de guerras e injusticias: «Tú eres tu única esperanza para el mundo. La humanidad no mejorará hasta que tú no lo hagas». Una variación de la famosa frase de Gandhi: «Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo»
En su introducción cuenta la autora: Me trasladé una temporada al monasterio de Shechen, en Nepal, donde ya me he retirado otras veces a escribir alguno de mis libros. Cada día dedicaba un tiempo a conectarme con esa sabiduría interior con la que todos contamos, que iba sugiriéndome perspectivas diferentes, más profundas, posiblemente más espirituales... pero, a la vez, eminentemente prácticas y directamente aplicables. Este libro trata de sencillas respuestas a esas cuestiones que quedan en ocasiones pendientes durante nuestro caminar en esta Tierra y que a menudo nos cuesta considerar cuando los problemas nos abruman y los obstáculos nos parecen insalvables. Son opciones y miradas distintas a esas dificultades y desafíos que debemos encarar, antes o después, a lo largo de nuestra existencia.
Nos ha tocado vivir en una época compleja, plagada de contradicciones y también de posibilidades, una era de cambios continuos que requieren gran flexibilidad y adaptación a un entorno en el que se ha de convivir con la incertidumbre y la falta de seguridad permanentes. Todas estas circunstancias, que constituyen el marco y el telón de fondo que encuadran nuestra vida, provocan numerosas dudas sobre nosotros mismos, sobre cómo afrontar los crecientes retos que nos acechan y nos llevan a cuestionarnos certezas, porque nuestras antiguas verdades ya no nos funcionan como esperábamos.
Por otra parte, las grandes lecciones que aprendemos en la vida provienen de las relaciones que mantenemos con otras personas, y a menudo nos ponen a prueba y nos sacuden en lo más hondo. Las grandes cuestiones existenciales siguen más presentes que nunca, tras haber comprobado que la persecución de lo material apenas nos consuela un rato ni puede rellenar los vacíos, y que la premisa que nos han inculcado de que un poco más de todo nos brindará la satisfacción duradera que anhelamos es una mera falacia.
Este libro está estructurado en torno a los tres vértices que permiten construir el gran triángulo de la vida —uno mismo, las relaciones con los demás y entender el mundo en el que nos movemos— y que constituyen los tres capítulos de la obra. Mi deseo y esperanza es que Mensajes para el alma resulte para ti, querido lector, una especie de brújula que te facilite cavilar desde otras perspectivas para poder descubrir nuevos recursos internos que conforten tu alma y acompañen tu corazón, dotando de un poco más de profundidad y sentido a algo tan complicado y tan bello como es vivir como ser humano en esta Tierra.
Algunas de las múliples y diversas reflexiones contenidas en la obra
He conseguido muchas de mis metas, pero me sigo sintiendo vacío.
El objetivo de la mayoría de la gente es precisamente alcanzar las metas del ego. Pero ¿qué hay después de tener el coche, la casa, la familia y una cierta autoestima? ¿Qué queda una vez que has acumulado los bienes materiales y alcanzado el reconocimiento profesional? Cuando a la historia se le escurre el significado del alma, cuando la persecución de lo material en el mundo exterior empieza a tener un atractivo plano, entonces parece que sólo resta esperar la muerte.
Encontrar significado para el ego equivale a hacer algo en la vida, y hasta cierto punto esto es pertinente. Pero más allá del ego, el significado procede más del ser y menos del hacer. Entonces se abre toda una nueva vía de exploración para conectarse con la radiante luz inherente que fluye a través de nosotros hacia el mundo, los amigos, la humanidad en su conjunto y la infinitud.
¿Qué tengo que hacer para progresar?
Empieza por mirar hacia el horizonte en lugar de centrarte en tu ombligo. Sueña, imagina, crea, disfruta con tus planes. Entusiásmate, ilusiónate, alégrate hoy, sin esperar a que el mañana te regale todo lo que deseas.
Y después trabaja en tus tareas, construye, mima tus proyectos, ten disciplina, no escatimes esfuerzos, concentra tus energías, y prepárate para soltarlo todo si fuera necesario. Si eres capaz de hacer todo lo que estuvo en tu mano y luego te desapegas de los resultados, sin duda, habrás progresado
¿Por qué es tan mala la «sombra» del inconsciente?
«Malo» no es el concepto adecuado, sería más bien perjudicial, y lo es porque las consecuencias que produce acarrean sufrimiento debido a la resistencia. Resistencia a acoger como parte integrante de uno mismo aquello que nos distorsiona la propia imagen construida, aquello que suponga un cuestionamiento de las conclusiones alcanzadas y lo que aparente una posible amenaza respecto a lo que nos parece que tenemos controlado.
El individuo lleva a cabo este mecanismo sin percatarse lo más mínimo de ello, intentando soslayar todo atisbo de dolor, tensión o tristeza. Para ello, niega, rechaza, reprime y proyecta fuera lo que le disgusta e irrita de sí mismo. Para deshacer este nudo que nosotros hemos creado debemos empezar por aceptar nuestros síntomas, permitir sentirnos depresivos, ansiosos, rechazados, heridos, aburridos, rabiosos... Ya que, abrazando los síntomas, aceptamos una gran parte de la sombra oculta tras ellos. Al integrar las diferentes facetas de nuestro yo —incluyendo las menos favorecedoras— los problemas subyacentes empiezan a disolverse.
Entender el mundo.
Vivimos en un mundo fascinante y complicado, y el ser humano siempre ha intentado desvelar sus secretos, entender las paradojas, resolver los problemas, justificar las ideas, inventar nuevas hipótesis, racionalizar la magia, integrar la aparente falta de sentido, penetrar los misterios que rodean el nacimiento y la muerte, analizar las raíces de nuestros comportamientos, desenmascarar las realidades paralelas, elucubrar sobre el alma...
Lo que antes estaba reservado a unos pocos seres con disposición filosófica o espiritual se abre en esta nueva era a un número creciente de personas que empiezan a interesarse por cuestiones que van más allá de los aspectos físicos de la existencia, deseando despertar de esa especie de letargo en el que la humanidad ha estado sumida durante largo tiempo.
En verdad, gran parte de nuestra dicha y de nuestras frustraciones depende de nuestra comprensión del mundo. Sin atravesar los velos de la ignorancia, nos quedamos atrapados en los brillos de lo trivial, en esas rutinas diarias que nos absorben y enredan sin posibilidad de ampliar nuestra visión, en esa cultura en la que hemos nacido y nos impone las reglas, en ese entorno que dicta las modas, los cánones y las creencias que adoptamos sin demasiado cuestionamiento y que suelen limitarnos y constreñirnos con nuestro beneplácito al ser adoptadas de forma automática.
La célebre cita de Sócrates «El conocimiento te hará libre» aludía a la necesidad de ser consciente plenamente de la realidad en la que se vive como primer paso hacia la libertad individual y, por tanto, colectiva. El conocimiento permite una acción correcta, siempre que no se quede en mera teoría. El siguiente paso para lograr una cierta sensación de plenitud y autorrealización personal se asienta en la sabiduría, es decir, en el conocimiento filtrado por el tamiz de la experiencia y la magnanimidad del corazón. Sólo desde esa base podremos contribuir a una verdadera transformación del mundo en el que vivimos, que se conseguirá cuando cada uno de los individuos que lo integran crea en él y se comprometa a llevar a cabo su parte en esa ingente tarea.
¿Cuál es la diferencia entre conocimiento y sabiduría?
El conocimiento es importante para derribar las barreras de la ignorancia y evitar ser manipulados. El conocimiento es útil porque penetra las superficialidades y contribuye al entendimiento. El conocimiento bien empleado ayuda a la humanidad a progresar. Sin embargo, el conocimiento puramente intelectual puede endurecer el corazón y alimentar el orgullo y la vanidad si no va acompañado de bondad y empatía.
La sabiduría es un paso mucho más avanzado porque abraza desde la comprensión que traspasa las barreras y acaricia las profundidades del alma humana.
¿Cómo puedo desarrollar la compasión?
Se empieza por percibir en las palabras y los ojos del otro su desazón y dolor, sabiendo que él también carga con cruces a su espalda, secretos inconfesables, cariños rechazados, esperanzas rotas y promesas incumplidas. Que también se siente sobrecogido, tiene miedo y quiere ser aceptado y abrazado sin condiciones.
Básicamente no existen demasiadas diferencias entre tú y él. Cuando puedas captar y sentir los sufrimientos del otro y desees aliviar sus penas y tratarlo con verdadera calidez, surgirá el impulso hacia la compasión de manera natural y profunda.
¿Debemos venerar a los grandes Maestros que han pasado por la Tierra como Jesús o Buda?
Debemos maravillarnos de que seres tan sabios y avanzados hayan realizado tremendos sacrificios para mostrar a la humanidad el camino hacia la espiritualidad, la libertad y la realización. Pero no tiene sentido adorarlos como dioses porque todos formamos parte de la divinidad. La única diferencia es que algunos son más conscientes de la Unidad que otros.
Ellos y otros muchos son guías que muestran el sendero y nos sirven de modelo de las proezas que el ser humano puede llegar a alcanzar, de lo que es posible para todos nosotros. Simplemente lleva mucho esfuerzo conseguir tal grado de desarrollo interno. Esperar que los grandes Maestros nos salven de nuestros propios errores sin poner de nuestra parte y sin aprender la lección es absurdo.
Me gustaría dejar un legado en este mundo.
La intención de dejar una huella positiva en la Tierra engrandece. Las almas grandes son las que anhelan inspirar con su ejemplo, y están dispuestas a ser menos para que otros puedan ser más. Es loable tu deseo de impactar positivamente. No pierdas ninguna oportunidad de llevarlo a cabo en tu vida diaria, sin esperar a las grandes demostraciones históricas. Un día mirarás atrás y te sentirás orgulloso de haber cumplido con tu misión.
M. ESGUEVA: MENSAJES PARA EL ALMA. Sabiduría para la vida cotidiana en tiempos difíciles
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