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El sistema: fortalezas y vulnerabilidades

Nuestra forma de vida actual edificada sobre intereses materiales, tecnológicos, económicos, sobre el éxito y la fama, las apariencias, el consumismo, la banalidad y superficialidad, sobre el «tener» y menos sobre el «ser» ... ha depauperado y empobrecido radicalmente al ser humano, lo ha envuelto en un espejismo, en una falaz e ilusoria idea de «libertad», pero un tipo de libertad falsa, esclavizante, dramáticamente sumisa al sistema imperante y para nada «emancipatoria».

Retazos de nuestro «sistema» de vida contemporáneo.

Un «sistema» (como cualquier otro sistema social) con sus potencialidades y fortalezas, pero también con sus falacias, falsedades, debilidades. Enumeremos algunos trazos de la situación en la que nos encontramos.

Hemos creado un «sistema» productivista, consumista, hedonista, liberticida, individualista, egocéntrico, desequilibrado ecológicamente, armamentista, desigual… injusto socialmente, insostenible humanamente. Es el sistema que las fuerzas dominantes van creando.

El «sistema» tiene sus propios mecanismos de reproducción y mediante sus instrumentos de manipulación (sutil o descarada) abduce las mentes de las masas e impone el predominio de ese tipo determinado de ideas y valores. Valores que con su deslumbre fascinan, ciegan, hipnotizan y fácilmente obnubilan nuestras mentes… y nos hacen obviar, los valores naturales, atemporales, enraizados en la propia naturaleza humana.

"En la convicción de darle todo, esta sociedad reduce al ser humano a la nada y lo arroja al infierno del nihilismo" (G. Reale).

Esas ideas, el sistema «ideológico» imperante, la superestructura ideológica creada, generan en todos los miembros de la sociedad una determinada visión del mundo (ideología dominante). En su seno cada individuo es adoctrinado y modelado, encauzado psicológicamente, adiestrado con sofisticadas y refinadas técnicas (imponiendo al común de los ciudadanos un «marco mental» determinado (marco mental dominante). Así se va imponiendo y va calando socialmente el predominio de ese conjunto de valores impuestos por el sistema, penetrando a menudo inconscientemente hasta lo más hondo del tuétano de nuestros huesos.

Ante esta situación… solamente una pequeña parte de ciudadanos, aquéllos que mantienen una sostenida actitud crítica, son conscientes de ello. La ignorancia es uno de los males de los que el hombre se tiene que liberar si no quiere permanecer en un estado de anhelo crónico y expuesto fácilmente a la vulnerabilidad...

Una sociedad en la que la reflexión crítica no tiene un lugar central y explícito, es siempre una sociedad vulgar, mediocre, adocenada, un caldo de cultivo de toda forma de manipulación.

Cómo actúa el sistema

El poder del «sistema» es formidable. Su mayor logro es la colonización del pensamiento de los ciudadanos, de nuestra mente, y de los actos cotidianos de cada uno, la «conversión», transformación, de cada uno de nosotros en súbditos, siervos, vasallos, esclavos de su «sistema». En este «sistema», como en cualquier otro «sistema social», para bien o para mal, la superestructura ideológica con sus correspondientes mecanismos de control y dominación juega un papel muy importante. Veamos cómo actúa.

Al común de las personas, las pautas de pensamiento imperantes en su sociedad les parecen simples, normales y lógicas (es decir, naturales, lo más lógico, racional y natural del mundo: ¿cómo podría ser sino de otra manera… se preguntan?).

A las pautas de pensamiento fundamentalmente distintos, críticas, alternativos al sistema dominante (es decir, a los modos de pensar y de hacer distintos, críticos con el «sistema» imperante, alternativos al «sistema»), por parte del ciudadano acrítico y por el propio sistema se las considera absurdas, ridículas, erróneas, ilógicas, impensables, trasnochadas, definitivamente carentes de sentido.

¿Revertir el sistema imperante? Imposible, inadmisible, ilícito, retrógrado… razonan los afectos al sistema dominante. Hay quienes consideran, pues (mentalidad dominante), que determinadas «conquistas sociales», que determinados «derechos implantados» de última generación, que determinadas «reformas» introducidas a través de la correspondiente legislación, son irreversibles, inamovibles, (definitivamente establecidas), intocables y que nada se puede hacer para revertirlas, que resultar ilegítimo, injusto, ilícito ponerlas en tela de juicio; es decir, que sería regresivo cuestionarlas, criticarlas, discutirlas, contradecirlas, y por tanto retrógrado ir en contra de la opinión mayoritaria establecida.

Así, el «sistema» va imponiendo sus criterios, sus ideas, sus valores, sus prácticas, sus pautas de pensamiento y conducta, sus valores, sus perspectivas y sus ritmos… así va modelando el comportamiento de los individuos y vigilando, velando, controlando a fin de que todos ellos puedan ser integrados, aceptados y asumidos lo más acríticamente posible por una mayoría de la sociedad. (…)

Pero contra ese estado de cosas se puede luchar

Empecemos partiendo de una constatación: el «sistema» actual y sus contradicciones. Todo «sistema social» es necesariamente defectuoso, erróneo y aunque el mismo «sistema» lo intente impedir u obstaculizar puede ser cuestionado, reajustado, transformado (es vulnerable)... Cada «sistema» en su seno tiene sus propias falacias y contradicciones, sus sesgos y sus propios filtros que imposibilitan que en su interior afloren determinados «contenidos» alternativos, críticos, novedosos y creativos» ... pero no hay que perder la esperanza, a pesar de ello, el «sistema» es perfectible y mejorable (también empeorable, deteriorable, degradable… si no se vigila).

Nuestra forma de vida actual edificada sobre intereses materiales, tecnológicos, económicos, sobre el éxito y la fama, las apariencias, el consumismo, la banalidad y superficialidad, sobre el «tener» y menos sobre el «ser» ... ha depauperado y empobrecido radicalmente al ser humano, lo ha envuelto en un espejismo, en una falaz e ilusoria idea de «libertad», pero un tipo de libertad falsa, esclavizante, dramáticamente sumisa al sistema imperante y para nada «emancipatoria».

Deslumbrados la ideología dominante, por determinado tipo de «progresismo» (mal entendido) y acompañado de su correspondiente farragosa verborrea, hemos perdido, abandonado, olvidado, los grandes valores y sólidos referentes culturales… y ante esa situación nos encontramos desconcertados, nos hallamos confusos, perplejos, indecisos… estamos desorientados… siendo sobre todo las nuevas generaciones las que sufren las peores consecuencias de ello.

Ese es el tipo de «sistema social» que entre todos hemos ido creando, en el que nos desenvolvemos, en el que vivimos inmersos y nos movemos y al cual el común de los mortales nos encontramos inconscientemente sometidos, sojuzgados, subyugados. Son muchas y muy diversas el tipo de esclavitudes que nos atenazan, y entre ellas destacan como muy nocivas aquéllas que permanecen inconscientes, aquellas que se originan en la mente y que permanecen en el ambiente en forma de autoengaño. Y también las que generan señales ficticias de seguridad, libertad, emancipación falsas, peligrosas y difíciles de erradicar a menudo por inconscientes e irreflexivas (éxito, fama, dinero, poder, posición social, prestigio, narcisismo, hedonismo, pensamiento débil…)

Actitud crítica

Las distintas sociedades occidentales son formalmente «plurales» (ideológica, política, religiosamente...) poseen diferentes clases de «sentido común», distintas categorías de pensamiento y distintos sistemas de lógica. Pero es también cierto que toda sociedad tiene su propio «filtro social» a través del cual sólo permite pasar ciertas ideas, conceptos y experiencias. Los pensamientos que no logran pasar a través del filtro social de una determinada sociedad en una cierta época, son considerados «impensables» y, desde luego, también «indecibles». (E. FROMM)

Pensamiento crítico. Pero en su seno siempre suele emerger un pensamiento «crítico, novedoso, creativo» que pugna por superar los errores, los defectos del «sistema» imperante… El pensamiento «creativo» es siempre pensamiento crítico, porque elimina ciertas falacias e ilusiones y se acerca más a la toma de conciencia de la realidad. Amplía el dominio de la conciencia del individuo y vigoriza el poder de su razón. El pensamiento crítico, y por ende creativo, tiene siempre una función «liberadora», verdaderamente «emancipadora», por su negación del pensamiento ilusorio (E. FROMM)

  • «Elimina ciertas ilusiones
  • Se acerca más a la toma de conciencia de la realidad, se aproxima más a la verdad
  • Amplía el dominio de la conciencia del individuo
  • Vigoriza el poder de su razón
  • Tiene siempre una función «liberadora» y «emancipadora»
  • Hay, pues, que superar el perverso «marco mental» en el que el «sistema» nos tiene atrapados.
  • Es necesario destruir las ilusiones - falacias, engaños, ignorancias - para cambiar las circunstancias que las hacen posibles (K. Marx)

Esa es la situación actual, seamos conscientes o no de ello, en la que nos encontramos inmersos… Eso es lo que el «sistema» dominante y el «poder establecido» intentan hacer con nosotros, lo que estamos viviendo en el presente en tantas sociedades.

Elaboración a partir de algunos epígrafes de la obra de E. FROMM: Grandeza y limitaciones del pensamiento de Freud

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