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Investigando la «conciencia»

¿Es la muerte el final de todo? No lo sabemos. El argumento a favor de que la muerte es el final absoluto realmente no es tan sólido como parece. La hipótesis de que el cerebro produce la mente no es la única interpretación posible de los datos. Es la única compatible con el materialismo, sí, claro, pero eso no quiere decir que sea la correcta.

  1. Hay dos cuestiones fundamentales sobre las cuales pivota e indaga la ciencia actual más avanzada: cuál es el fundamento último de la realidad y qué es la conciencia (su origen y su naturaleza esencial). Y una de las preguntas más fundamentales de la existencia: ¿qué es la conciencia y de dónde surge?
  2. Al igual que el siglo XIX fue el siglo del descubrimiento de las ondas electromagnéticas que son portadoras de información y que en el siglo XX se produjo el descubrimiento de la física cuántica que ha dado un vuelco total al conocimiento… el siglo XXI es el siglo de la conciencia. Será el siglo de la conciencia porque por un lado se descubrirán aparatos que podrán detectar esa energía que somos y que sale de nosotros en el momento de la muerte y podremos demostrar que la vida sigue después de la muerte, o sea que es una muerte tan solo de la parte física. Tal vez el enigma de la conciencia sea la clave para comprender algo aún más grande: la naturaleza misma de la realidad. (Dra. Luján COMAS, impulsora del portal de Youtube: Somos alma)
  3. ¿Qué es «Consciencia»?: «Consciencia»=(cum scentia), con ciencia o conocimiento. Vivir con pleno conocimiento. Conocimiento que el individuo tiene de sí mismo y sus cambios, y del medio que lo rodea y sus transformaciones. La «consciencia» es un ingrediente esencial de la mente humana, aunque también hay toda otra parte inconsciente que queda en la penumbra. La «consciencia» es la llave para el autoconocimiento. Tenemos la capacidad para ser conscientes de nosotros mismos y del mundo. La consciencia puede haber abierto el camino en la evolución humana hacia un nuevo tipo de creaciones humanas que no hubieran sido posibles sin ella: consciencia, autoconocimiento, religión, organización política y social, arte, ciencia, tecnología…
  4. El ser humano básicamente está constituido por «cuerpo físico» y «Alma». El cuerpo físico, y concretamente el cerebro, contiene el «consciente» y la «consciencia» (consciencia "neuronal"), por su parte el «Alma» contiene la «conciencia» ("Supraconciencia"). Los seres humanos tenemos «consciencia» («consciencia neuronal o local») y «conciencia» «conciencia no-local», dos dimensiones que nos dotan de verdadera humanidad. Conviene distinguir entre «consciencia» de base neuronal y «conciencia» (Conciencia / alma / supraconciencia). En cada uno de nosotros existe una conciencia neuronal o local y una «conciencia no-local» o «supraconciencia». La conciencia no-local o supraconciencia está por encima de la conciencia neuronal. Cuando morimos desaparece la conciencia neuronal o local, pero persiste esta otra conciencia (llamada no-local o supraconciencia).
  5. La «conciencia» es la herramienta por la cual el alma se expresa en el mundo… es muy importante conocer la conciencia, conocer la mente, las emociones y el cuerpo físico como herramientas de la conciencia, como aspectos a través de los cuales la conciencia se manifiesta, porque en el fondo cada ser humano es un todo unificado (Dr. Salador ALONSO).
  6. La experiencia subjetiva. De la «experiencia cotidiana» a la «toma de consciencia». El problema de la relación que existe entre la mente y el cerebro ha estado presente en la reflexión filosófica occidental desde sus orígenes, y en el epicentro de dicho problema, al menos desde la modernidad, está nuestra experiencia consciente. ¿Cómo es posible que un conjunto de átomos organizados en forma de neuronas dé lugar al tipo de experiencias que tenemos al ver una rosa, oler el café o tener un orgasmo? Porque parece que, sin importar el conocimiento científico que acumulemos sobre ellas, hay un aspecto esencial de las experiencias conscientes: la manera en que sentimos tenerlas. Solo las entendemos cuando estamos experimentando directamente ese tipo de estados (experiencia subjetiva).
  7. La conciencia no es solo este proceso mediante el cual nos vamos dando cuenta de las cosas que antes ignorábamos, sino que es mucho más que eso… es lo que está detrás del proceso de hacernos conscientes, esa es la verdadera conciencia. Cuando nos hacemos con-s-cientes, lo que hacemos en realidad es recuperar la conciencia de algo que ya existe, que es inteligente, armónico, bello, sustentable y extraordinario. Lo que hacemos los seres humanos es, pues, hacernos conscientes de la «conciencia».
  8. Tras la muerte, ¿qué pasa con la «conciencia»?  Es un lugar común la creencia, muy extendida entre nosotros, que la muerte supone el final de nuestra existencia. Hay otro punto de vista que rechaza la noción de que la muerte sea la aniquilación definitiva de la conciencia. Según esta tradición algún aspecto del ser humano sobrevive cuando el cuerpo físico deja de funcionar y acaba por destruirse. Este aspecto ha recibido muchas denominaciones, como psique, alma, mente, espíritu, ser y conciencia. Con uno u otro nombre, la noción del paso a otra esfera de existencia tras la muerte física es una de las más venerables de las creencias humanas. La investigación de vanguardia en mecánica cuántica ofrece evidencias de que esa dimensión que denominamos «conciencia», «supraconciencia» o «alma» podría continuar después de que se detiene el corazón y el cerebro deja de funcionar.
  9. Algunas características. Esa «conciencia», «supraconciencia» o «alma» no es temporal, no necesita al cerebro, se expresa a través de él, lo utiliza como instrumento… la ciencia oficial cree que son las conexiones neurológicas las que han creado la conciencia, sin embargo, se está comprobando científicamente que la conciencia existe independientemente de la actividad cerebral… La conciencia se expresa y opera no solamente a través del plano biológico, sino que se desenvuelve en otros planos… Los nuevos modelos de la conciencia la retratan como una entidad capaz de traspasar los límites físicos de todo tipo. La conciencia es autoconsciente, es decir, se reconoce a sí misma, tiene múltiples dimensiones y, como recoge la literatura científica al respecto, es multiexistencial, es decir atraviesa por diversas existencias.
  10. La «Conciencia» podría ser una propiedad fundamental del Universo. Cada uno de nosotros es una extensión de la «Conciencia» universal. Para la vanguardia de la ciencia hoy la «Conciencia cósmica» o universal se contempla como una realidad fundamental del Universo, el marco donde se produce toda manifestación de lo existente. Se habla acerca de la primacía de la conciencia en la manifestación del mundo. La Conciencia es primaria en el mundo; la materia es secundaria. La conciencia es la base de todos los objetos materiales, y éstos son posibilidades de la conciencia.
  11. A nivel de ser humano, la «conciencia» individual o particular participa de esa conciencia universal o cósmica y hoy se la concibe no tanto como un producto directo del cerebro, sino como una cualidad fundamental del Cosmos de la que el ser humano es partícipe. La «conciencia» es un rasgo esencial de la naturaleza del ser humano, por tanto, conocer qué es la «conciencia», cómo se origina, si procede o no de la materia, si permanece más allá de nuestra existencia terrenal han sido cuestiones objeto de estudio de muchos investigadores Lo que está por averiguar es si el cerebro capta parte de la conciencia universal, ese campo cero, campo cuántico, campo akáshico como lo llama Ervin Lászlo, o «vacío».
  12. Pim Van LommelPIM VAN LOMMEL. Uno de los grandes estudiosos de estas cuestiones es el cardiólogo PIM VAN LOMMEL   Pim van Lommel (15 de marzo de 1943, Países Bajos) es un cardiólogo y científico holandés. Estudió medicina hasta 1971 en la Universidad de Utrecht, Países Bajos. Desde 1971 y hasta 1976 se desempeñó como médico en el Hospital Antonius en Utrecht. A partir de 2003, Pim van Lommel ha trabajado principalmente en el área de la investigación de las experiencias cercanas a la muerte y los temas científicos afines. Es conocido por su trabajo científico sobre las experiencias cercanas a la muerte y la conciencia, incluyendo el famoso estudio prospectivo publicado en la revista médica The Lancet. Es también el autor del best seller holandés de 2007 titulado Consciencia sin fin: una aproximación científica a la experiencia cercana a la muerte), que ha sido traducido al alemán, inglés, francés y castellano (traducción al castellano: Consciencia más allá de la vida). En sus obras trata sobre la conciencia infinita; sobre experiencias de una lucidez excepcional y de una conciencia expandida que pueden seguir al cese de toda función cerebral; sobre el cerebro y la conciencia; sobre la mecánica cuántica y la conciencia; sobre la conciencia no local; sobre ser consciente. La tesis central del discurso de Van Lommel es que la «conciencia» es ilocalizable, existe sin lugar y espacio determinados. De este modo para Van Lommel la muerte sería algo así como un cambio de conciencia, ya que pasaría a formar parte de una conciencia no-local, donde el espacio-tiempo no existiría.
  13. Pim van Lommel, famoso por haber dirigido la mejor investigación científica sobre las experiencias cercanas a la muerte (ECM), se muestra convencido de que la conciencia es no local –que no se encuentra en ningún lugar físico concreto–, de modo que el cerebro actúa como un interfaz, un medio de comunicación entre nuestro cuerpo y esa conciencia no local, que sería independiente de nuestro cerebro y, por lo tanto, inmortal. En definitiva, conciencia sería sinónimo de alma o espíritu.
  14. La investigación de Van Lommel indica que varios aspectos de una ECM corresponden o son análogos a algunos de los principios básicos de la teoría cuántica, como la no localidad, el entrelazamiento, la interconexión y el intercambio instantáneo de información en una dimensión atemporal y aespacial, fuera del espacio físico. Se ha demostrado científicamente que durante las ECM la conciencia aumentada fue experimentada de forma independiente de un funcionamiento cerebral. Según Van Lommel: «La conciencia perduraría más allá de la tumba. Lo muerto ha resultado no estarlo, sino ser otra forma de vida». Según la gente que ha pasado por una ECM, la muerte no es sino un modo diferente de existir, con una conciencia mejorada y ampliada, presente en todas partes al mismo tiempo, dado que ya no está atada al cuerpo. Basado en la investigación científica sobre las ECM -afirma-, uno no puede evitar llegar a la conclusión de que la conciencia infinita ha sido y será independientemente del cuerpo. No hay principio ni habrá nunca un fin a nuestra conciencia. Nuestra conciencia reforzada no reside en nuestro cerebro y no se limita a nuestro cerebro, porque nuestra conciencia es no-local, y nuestro cerebro tiene una función de facilitador, no una función de productor de la conciencia. Pim van Lommel defiende que la Conciencia no tiene una base material, que el espacio no local “es un espacio metafísico en el que la conciencia puede ejercer su influjo porque posee propiedades subjetivas de conciencia". Según esta hipótesis, la conciencia es no-local y funciona como origen o base de todo, incluido el mundo material. La experiencia de las ECM ha dado lugar al concepto de conciencia no local e infinita. A partir de ella no podemos evitar llegar a la conclusión de que la conciencia infinita siempre ha existido y siempre existirá, independientemente del cuerpo. No existe un comienzo y nunca habrá un punto final para nuestra conciencia.
  15. PIM VAN LOMMEL, para ayudarnos a comprender cómo actúa la conciencia utiliza una analogía entre conciencia y comunicación y cómo ésta se realiza a través campos electromagnéticos: como sucede con la radio, TV, etc. la información transmitida permanece presente en los campos electromagnéticos. Si se interrumpe la conexión, la información no se desvanece y puede ser recibida en otro equipo receptor (no-localidad cuántica). Pim van Lommel en un artículo publicado en la prestigiosa revista científica “The Lancet” utiliza esta analogía para comprender cómo actúa la conciencia a través de campos electromagnéticos… Según este símil, la conciencia actuaría de modo semejante a como puede hacerlo cualquier electrodoméstico que maneje información… la conciencia, con la información que alberga, se manifiesta a través de un campo vibracional sutil, generando un campo electromagnético que puede ser captado por un aparato “receptor” adecuado... y aunque el aparato “receptor” se apague (radio, TV o nuestro cerebro…) la información no desaparece, continua ahí disponible…, esta idea tiene que ver con la no-localidad de la conciencia... Este símil nos presenta la conciencia como una serie de campos electromagnéticos, presentes en todo entorno, que contienen información, y para sintonizar con ella se necesita un aparato adecuado (llámese radio, tv, o nuestro propio cerebro…), teniendo en cuenta que aunque el aparato receptor se estropee, se apague (o muera), esa información no desaparece, continúa existiendo, continúa estando ahí, permanece, no se esfuma… otros posibles “receptores” podrán continuar sintonizando con ella… Así es cómo la información de la conciencia ‘desciende’ a nuestro físico y la de nuestros sentidos ‘sube’ a esa conciencia universal o campo akáshico. Veamos con más detalle qué nos indica este incansable estudioso e investigador sobre algunas de estas cuestiones.

Para mí el mayor desafío es encontrar una explicación al hecho de que una conciencia expandida pueda ser experimentada independientemente del cuerpo durante una interrupción temporal de toda función del córtex y el tronco del encéfalo. (PIM VAN LOMMEL, cardiólogo investigador de la conciencia)

Dificultad a la hora de intentar definir la «conciencia»

Provisionalmente podemos definir la conciencia como mente, una experiencia y un darse cuenta internos. Por ejemplo: tu conciencia está experimentando la lectura de estas palabras justo ahora. La conciencia es la sensación de ser tú y tu sensación de experimentar la vida. Cuando dices: «Yo estoy leyendo estas palabras», podrías considerar ese «yo» como la conciencia. La parte más innegable y obvia de nuestra existencia es que tenemos la experiencia interna, subjetiva, de sentirnos vivos, y todavía no sabemos explicarlo. ¿Produce el cerebro la conciencia?».

Hay quienes opinan que «el cerebro crea la conciencia». La ciencia sabe poco acerca de la materia y la conciencia. Gran parte de los especialistas en la investigación de la conciencia, incluyendo a neurocientíficos, psicólogos, psiquiatras y filósofos, son aún de la opinión de que hay una explicación materialista y reduccionista para la conciencia. La ortodoxia actual sostiene que la conciencia es producida por reacciones electroquímicas en el cerebro, y que las experiencias mentales cumplen alguna función esencial en el procesamiento de datos.

Aunque las redes neuronales desempeñan un papel determinante en la manifestación de pensamientos, sentimientos y recuerdos, no implica necesariamente que estas células fabriquen y almacenen nuestros pensamientos y emociones. No disponemos de pruebas fehacientes que demuestren si las neuronas generan la esencia subjetiva de nuestra conciencia ni de qué manera podrían hacerlo. Lo que sí sabemos es que las tres estructuras cerebrales, así como los estrechos vínculos entre ellas, nos permiten experimentar la conciencia. Sin embargo, nadie tiene ni idea de cómo una acumulación de reacciones bioquímicas y corrientes eléctricas en el cerebro produce la experiencia subjetiva de sufrimiento, ira o amor [ . . .] No tenemos ninguna explicación y sería mejor que fuésemos claros al respecto. El hecho es que no sabemos cómo la materia física, aparentemente inconsciente, crea una conciencia no física. No sabemos de dónde procede la conciencia. ¡Todavía no sabemos de dónde proceden nuestras mentes!

En 1898 W. James escribió que el rol del cerebro en la experiencia de la conciencia no es productivo, sino más bien permisivo o transmisor; es decir, admite o transmite información. Según esta teoría, la conciencia no se origina en este mundo físico, sino que ya existe en otra esfera trascendental; el acceso a diferentes aspectos de la conciencia depende del «umbral de conciencia» personal, que para algunas personas es más bajo que para otras y les permite experimentar diversos niveles de la conciencia expandida. James se basa en experiencias anormales de conciencia para apoyar su teoría. Habla de la continuidad de la conciencia.

La conciencia de la experiencia subjetiva

Según algunos físicos cuánticos, la física cuántica concede a nuestra conciencia un papel decisivo en el proceso de crear y experimentar la realidad perceptiva. Dicha interpretación, que aún no es ampliamente aceptada, postula que nuestra imagen de la realidad se basa en la información recibida por nuestra conciencia. La experiencia de ciertos aspectos de la conciencia durante una ECM es comparable o análoga a conceptos de la física cuántica. Por supuesto, la teoría cuántica no puede explicar la conciencia, pero al combinarla con los resultados y conclusiones de los estudios acerca de las ECM puede contribuir a una mejor comprensión del tránsito o interconexión entre la conciencia y el cerebro. Esto transforma la ciencia moderna en una ciencia subjetiva en la que la conciencia desempeña un rol fundamental.

En mi opinión, la ciencia actual debe reconsiderar sus suposiciones acerca de la naturaleza de la realidad perceptible, puesto que estas ideas han provocado que se desatiendan o nieguen importantes áreas de la conciencia. La ciencia vigente, por lo común, parte de una realidad basada únicamente en fenómenos perceptibles. Sin embargo, al mismo tiempo podemos sentir (de modo intuitivo) que más allá de la percepción sensorial, objetiva, desempeñan un papel nada desdeñable factores subjetivos como las emociones, la inspiración y la intuición. Las técnicas científicas actuales son incapaces de cuantificar o demostrar el contenido de la conciencia. Resulta imposible obtener la evidencia científica de que alguien se ha enamorado, o de que alguien está disfrutando de una pieza musical concreta o de una determinada obra pictórica. Lo que puede medirse son los cambios químicos, eléctricos o magnéticos en la actividad cerebral; el contenido de pensamientos, sentimientos y emociones, no. Si no tuviéramos la experiencia directa de nuestra conciencia a través de nuestros sentimientos, emociones y pensamientos, no seríamos capaces de percibirla.

Es más, la gente ha de comprender que su imagen del mundo material únicamente se deriva de la percepción y se construye con base en ésta. Sencillamente, no hay otro modo. Todos nosotros creamos nuestra propia realidad en función de nuestra conciencia. Cuando nos enamoramos el mundo es hermoso, mientras que cuando estamos deprimidos ese mismo mundo es un tormento. En otras palabras, el mundo «objetivo», material, no es más que una mera imagen fabricada en nuestra conciencia. De este modo, la gente preserva su propia visión del mundo. Éste es precisamente el tipo de idea que a una gran parte de la comunidad científica le cuesta aceptar.

Nuestra conciencia y la realidad

Normalmente, nuestro sentido de la identidad, del yo, procede de nuestro cuerpo, aspecto, familia, historia, roles (padre, madre, niño, abuelo, abuela, amante), trabajos, estatus social y económico, posesiones, la opinión que los demás tienen de nosotros, etcétera. También derivamos nuestra identidad de nuestros pensamientos, sentimientos e ideas. ¿Qué es lo que da forma a nuestra conciencia, qué es lo que determina cómo experimentamos esa conciencia? La conciencia ¿es una propiedad primaria del universo, algo que ha tenido siempre una presencia no local, o es el producto o la consecuencia de algo?

Por qué y dónde se origina la conciencia siempre será probablemente un misterio, pues en mi opinión la respuesta a esta pregunta es incognoscible. La conciencia no es visible ni tangible, perceptible, mesurable o verificable. Y, sin embargo, es lo que emplea todo ser vivo para dar forma y sentido a la vida. Sin la conciencia no existiría ningún organismo vivo. Incluso en la más diminuta célula, la vida se manifiesta como una expresión del deseo de (aspectos inconscientes de) la conciencia. Sin conciencia no hay percepción, ni pensamiento, sentimiento, o memoria. La conciencia es omnímoda; la realidad tal y como la experimentamos sólo existe en nuestra conciencia. De hecho, se ve influenciada y, en última instancia, condicionada por nuestra conciencia. Dado que el cuerpo restringe nuestra capacidad para percibir la «verdadera realidad», esta verdadera realidad es por definición incognoscible. No podemos percibir nada si no es a través de la conciencia. Durante la conciencia en vigilia podemos percibir el mundo que nos rodea mediante nuestros sentidos. No se trata de un registro objetivo y pasivo en nuestra consciencia, sino de una creación activa de nuestra conciencia: depende de nuestra intención y de nuestra atención. Todo existe únicamente dentro de nuestra conciencia, y todo cuanto se encuentra fuera de ella, como esa «verdadera realidad objetiva», es incognoscible. La electricidad, por ejemplo, no es perceptible de forma inmediata, sino que son sus manifestaciones físicas las que lo son: la luz en el ojo, el dolor en la piel» el sonido en el oído, el sabor en la lengua. De un modo similar, las fuerzas, por sí mismas, tampoco son cognoscibles: tan sólo sus efectos físicos, como el movimiento de los objetos o la experiencia del peso, son visibles o medibles. Nuestra conciencia tampoco es visible. Tan sólo los aspectos físicos de nuestra conciencia en vigilia pueden ser observados y registrados. Contrariamente a los aspectos físicos y visibles de la realidad que experimentamos en nuestra conciencia la realidad que nos rodea es incognoscible. Esta era la opinión del filósofo Immanuel Kant, que argumentaba que sólo podemos conocer la realidad tal y como aparece ante nosotros y no tal y como es en sí misma. La percepción es posible gracias a nuestro poder de razonamiento (un aspecto de la conciencia), ya que nuestra conciencia da forma a la realidad tal y como aparece ante nosotros. Pero la verdadera realidad {Das Ding an Sich o «la cosa en sí»), de acuerdo con Kant, es incognoscible.

Pero realmente ¿qué es la conciencia?

El término es extremadamente difícil de definir, porque a menudo se utiliza para describir formas muy diferentes de conciencia. Alguien en un estado de sueño profundo sin ensoñaciones normalmente no experimenta la conciencia, mientras que de alguien que está despierto puede decirse que está consciente. Esto se conoce como conciencia en vigilia, la cual requiere un sujeto que observe, una persona que esté consciente. Uno puede ser consciente de pensamientos, sentimientos, emociones y recuerdos; de todo cuanto se conoce como objetos de la conciencia. La capacidad de una persona para percibir o experimentar un objeto durante la conciencia en vigilia depende de la intención selectiva y de la atención: alguien puede andar tan enfrascado en sus pensamientos que apenas sea consciente de sí mismo o de cuanto le rodea. El hecho de que no sea consciente de «ser consciente» no quiere decir que no haya conciencia en ese momento. La conciencia de que existimos, la experiencia del sentido de la subjetividad (nuestra autoconciencia), es otro aspecto de la conciencia. Pero en mi opinión la conciencia engloba más cosas.

Tal y como he mencionado, la conciencia es subjetiva y no verificable de un modo científico. La capacidad de experimentar la conciencia es distinta a la naturaleza o a la intensidad de cualquier otra experiencia subjetiva. El físico y psicólogo Peter Russell la compara con la luz de un proyector de cine. A medida que el proyector arroja luz sobre la pantalla, las imágenes proyectadas van cambiando sin cesar. Todas esas imágenes proyectadas, como percepciones, sentimientos, recuerdos, sueños, pensamientos y emociones, conforman el contenido de la conciencia. Sin la luz del proyector no habría imágenes, por eso la luz puede compararse con nuestra capacidad para experimentar la conciencia. No obstante, las imágenes no constituyen la conciencia por sí mismas. Cuando todas las imágenes han concluido y sólo permanece la luz del proyector, nos queda la pura fuente de la conciencia. Esta conciencia pura sin contenido, denominada samadhi por los filósofos y los iniciados hindúes, puede llegar a experimentarse después de muchos años de meditación. Se dice que conlleva la iluminación. Durante una ECM, el encuentro con «la luz» es sentido como la más intensa y esencial parte de la experiencia. Este encuentro siempre va acompañado por un sentimiento abrumador de amor incondicional y aceptación. En ese instante, el individuo se siente completamente envuelto por la iluminación y la conciencia omnímoda.

Una conciencia infinita: bases y caracterísitcas

La investigación de vanguardia en mecánica cuántica ofrece evidencias de que la conciencia podría continuar después de que se detiene el corazón y el cerebro deja de funcionar. El cardiólogo holandés Pim van Lommel, famoso por haber dirigido la mejor investigación científica sobre las experiencias cercanas a la muerte (ECM), se mostró convencido de que la conciencia es no-local –que no se encuentra en ningún lugar físico concreto–, y que el cerebro actúa como un interfaz, un medio de comunicación entre nuestro cuerpo y esa conciencia no-local, que sería independiente de nuestro cerebro y, por lo tanto, inmortal. En definitiva, conciencia sería sinónimo de alma o espíritu. Pim van Lommel defiende que la Conciencia no tiene una base material, que el espacio no-local “es un espacio metafísico en el que la conciencia puede desenvolverse y ejercer su influjo. Según esta hipótesis, la conciencia es no-local y funciona como origen o base de todo, incluido el mundo material”, un espacio metafísico en el que la conciencia puede ejercer su influjo porque posee propiedades subjetivas de conciencia. La tesis central del discurso de Van Lommel es que la conciencia es ilocalizable, existe sin lugar y espacio determinados. De este modo para Van Lommel la muerte sería algo así como un cambio de dimensión de la conciencia, ya que pasaría a formar parte de una conciencia no-local, donde el espacio-tiempo no existiría.  Estos enfoques aún no son ampliamente aceptados por toda la comunidad científica y deberían reunir más evidencias para respaldarlos.

Y si no es el cerebro? Algunos especialistas han ido más allá del cerebro en un intento por explicar la consciencia de pacientes muertos. Es el caso del cardiólogo holandés Pim Vam Lommel, que durante 25 años investigó las experiencias de personas recuperadas tras un estado de muerte clínica. En su libro Conciencia más allá de la vida, Van Lommel se planteaba cómo puede darse una consciencia en una situación de total inactividad cerebral. Lommel aventuraba la posibilidad de que la consciencia no se encuentre en el cerebro, sino en todas partes, en forma de ondas de probabilidad de las que el cerebro –activo- participaría. La consciencia individual, por tanto, podría ser según Lommel una parte de una consciencia universal no local; una parte en la que, como sucede en las holografías, se encuentra el Todo. Cabría deducir, según las ideas de este investigador que, si el cerebro se detiene, la consciencia de algún modo “seguiría”. Según esta hipótesis, la conciencia es no-local y funciona como origen o base de todo, incluido el mundo material”, y continúa afirmado que el aspecto físico de nuestra conciencia en el mundo material, que experimentamos como conciencia en vigilia, y puede ser comparado al comportamiento de la luz como partícula, proviene del aspecto ondulatorio de la conciencia “completa” e “infinita” generada por el colapso de la función de onda en el espacio no local. Aunque especulación, el concepto de Lommel recuerda en parte a la estructura cuántica ‘protoconsciente’ de la que han hablado los científicos Sir Roger Penrose (Profesor Emérito de Matemáticas en la Universidad de Oxford) y Stuart Hameroff‎ (anestesista y profesor de la Universidad de Arizona), especializados en el estudio de la consciencia en el cerebro.

Estudios prospectivos sobre la experiencia cercana a la muerte, así como recientes resultados de investigaciones neurofisiológicas y diversos conceptos de la física cuántica, me han llevado a estar firmemente convencido de que la conciencia no puede ser localizada en un tiempo y un espacio concretos. Esto se conoce como no localidad o no localización. La conciencia plena e infinita está presente en todas partes, en una dimensión que no está ligada al tiempo ni al espacio, donde el pasado, el presente y el futuro existen y son accesibles a la vez. Esta conciencia infinita está siempre en nosotros y alrededor nuestro. No tenemos teorías para probar o cuantificar el espacio no local ni la conciencia no local en el mundo material. El cerebro y el cuerpo funcionan solamente como una interfaz o como un repetidor que integra en nuestra conciencia despierta parte de nuestra conciencia total y parte de nuestros recuerdos. La conciencia no local abarca mucho más que nuestra conciencia despierta. Nuestro cerebro puede ser comparado tanto a un aparato de televisión, que recibe información de campos electromagnéticos y los descodifica para transformarlos en sonido e imagen, como a una cámara de televisión, que convierte y codifica sonido e imagen en ondas electromagnéticas. Nuestra conciencia transmite información al cerebro y a través de éste recibe la información del cuerpo y los sentidos. La función del cerebro puede compararse a la de un transceptor; nuestro cerebro cumple más bien la función de facilitar que la de producir: posibilita experimentar la conciencia. Asimismo, existen cada vez más indicios de que la conciencia tiene un efecto directo sobre el funcionamiento y la anatomía del cerebro y del cuerpo, y es muy probable que el ADN desempeñe un importante papel en ello.

La experiencia cercana a la muerte: un puente entre la ciencia y el más allà…

A partir de la investigación científica se están creando nuevos presupuestos sobre la conciencia en relación con el cerebro. Aún carecemos de respuestas definitivas a las muchas preguntas de relevancia sobre nuestra conciencia y sobre su relación con el cerebro. Sin duda, muchas de estas incógnitas acerca de la conciencia y del misterio de la vida y la muerte permanecerán sin resolver. A pesar de todo, al enfrentarnos a hallazgos excepcionales o anormales no tenemos otra opción que cuestionar un paradigma científico puramente materialista. Una experiencia cercana a la muerte (ECM) constituye uno de estos hallazgos excepcionales. Aunque la conciencia siga siendo un enorme misterio, las nuevas teorías científicas basadas en las investigaciones de las ECM se presentan como una contribución clave en la búsqueda de respuestas.

El efecto físico de nuestra conciencia en vigilia es observable y demostrable en el cerebro mediante la tecnología de EEG, MEG, IRMf y escáner PET, mientras que la conciencia en el espacio no-local no es directamente demostrable por motivos teóricos (cuánticos): todo lo que es visible emana de lo invisible”. Pero se ha demostrado científicamente que durante la ECM la conciencia aumentada fue experimentada de forma independiente de un funcionamiento cerebral. El doctor Van Lommel afirma: ahora creo que la muerte, como el nacimiento, puede ser un mero paso de un estado de conciencia a otro. Sin embargo, debemos reconocer que la investigación sobre la ECM no nos puede dar la prueba científica irrefutable de esta conclusión, porque las personas con una ECM no acababan de morir, pero todos estaban muy cerca de la muerte, y sin un funcionamiento cerebral.

Basado en la investigación científica sobre las ECM, uno no puede evitar la conclusión de que la conciencia infinita ha sido y siempre existirá independientemente del cuerpo. No hay principio ni habrá nunca un fin a nuestra conciencia. Nuestra conciencia no reside en nuestro cerebro y no se limita a nuestro cerebro, porque nuestra conciencia es no-local, y nuestro cerebro tiene una función de facilitador, y no una función producción de experimentar la conciencia.

La experiencia cercana a la muerte (ECM) ha dado lugar al concepto de conciencia no local e infinita, que nos permite comprender un amplio espectro de estados especiales de conciencia, como las experiencias místicas y religiosas, las visiones en el lecho de muerte (experiencias terminales), las experiencias perimortem y postmortem (comunicación no local), los sentimientos intuitivos incrementados (intercambio de información no local), los sueños premonitorios, la visión remota (percepción no local) y el influjo de la mente en la materia (perturbación no local). En última instancia, no podemos evitar llegar a la conclusión de que la conciencia infinita siempre ha existido y siempre existirá, independientemente del cuerpo. No existe un comienzo y nunca habrá un punto final para nuestra conciencia. Por esta razón estamos obligados a considerar seriamente la posibilidad de que la muerte, al igual que el nacimiento, no sea más que un simple tránsito de un estado de conciencia a otro, y que en vida el cuerpo funcione como una interfaz o una caja de resonancia.

Elaboración a partir de materiales diversos

Ver también:

¿Qué es la conciencia?

La «Conciencia», vista actualmente por la ciencia

Conciencia local y no-local

Sección: DE LA CONSCIÈNCIA A LA «CONCIÈNCIA»




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