Quizás sea un sueño, una ilusión… pero, ¿y si fuera realidad?
¿La gran corriente de conocimiento sapiencial transmitida de generación en generación por las más ilustres y preclaras mentes de todos los tiempos, la visión sobre la Realidad intuida por sabios, filósofos, contemplada por los místicos y transmitida por los profetas - la sabiduría perenne -, es mero esoterismo o tiene algún fundamento? ¿Es tan solo un sueño o una ilusión…? El esoterismo busca entender el mundo y a las personas a través de sus causas internas, a diferencia del conocimiento exotérico, que busca los efectos y las causas externas.
La imagen de una realidad estratificada en múltiples niveles constituye la principal hipótesis esbozada por la humanidad a lo largo de su historia.
La ciencia no es solo compatible con la espiritualidad; es una fuente profunda de espiritualidad.
La ciencia ha dejado de ser un modelo adecuado para explicar el conjunto de la Realidad. La modernidad ha permanecido atrapada en una visión supuestamente científica de la Realidad. Ha considerado que la realidad era tan sólo lo que nos decía la ciencia. La realidad excede a aquello que es capaz de registrar la ciencia. Hay una gran «unanimidad humana» en la visión que despierta todos los acordes del arco completo de la sensibilidad humana. Ésta es, en suma, la visión soñada por los filósofos, contemplada por los místicos y transmitida por los profetas (ver aquí).
La vieja ciencia de estos últimos tres siglos nos ha enseñado que todos los fenómenos son fenómenos de cosas formadas por materia. Es un monismo basado en la idea de que la materia es la base de todo lo que existe. En cambio, el nuevo paradigma postula un monismo basado en la primacía de la Conciencia: que la «Conciencia» (llamada Espíritu, Dios, Mente de Dios, Ain Sof, Tao, Brahman, etc., en las tradiciones populares y espirituales), y no la materia, es la base de todo lo que existe; un monismo basado en una conciencia unitiva y trascendente, pero que se vuelve múltiple en seres sintientes como nosotros. Nosotros somos esa Conciencia. Todo el mundo de la experiencia, incluida la materia, es la manifestación material de formas trascendentales de conciencia.
El materialismo es pura metafísica. No hay otra forma de comprobar objetivamente que todo, incluida la mente y la conciencia, surge de la materia. La filosofía perenne de los antiguos era lo que podemos llamar metafísica experimental, ya que los grandes maestros espirituales de todas las tradiciones siempre han afirmado haber establecido directamente que la existencia se basa en una conciencia ilimitada, trascendente y unitiva. (A. GOSWAMI: La física del alma )
La Biblioteca Oculta: La ciencia no es solo compatible con la espiritualidad; es una fuente profunda de espiritualidad. (Transcripción)
- La «Conciencia» podría ser una propiedad fundamental del Universo. Los estudios más recientes sobre la «conciencia» han comenzado a explorar esta posibilidad.
- La «conciencia» de alguna manera influye en la realidad.
- Experimentos en laboratorios han mostrado que el estado mental de una persona puede influir en sistemas físicos de maneras que desafían la explicación convencional.
- Investigaciones sobre la meditación han revelado que las ondas cerebrales de personas en estados profundos de concentración pueden sincronizarse con las de otros incluso a grandes distancias.
- Si todo esto es cierto significa que cada pensamiento, cada emoción y cada intención tienen un impacto real en el mundo. Que la manera en que percibimos la realidad puede moldear no solo nuestra experiencia personal sino la estructura misma del Universo.
- Cada uno de nosotros es una extensión de la «Conciencia» universal.
- Quizás nuestra misión no es simplemente sobrevivir o acumular riquezas materiales, sino despertar a nuestra verdadera naturaleza.
- Tal vez la búsqueda de Dios no sea una cuestión de fe ciega, ni de seguir dogmas impuestos, sino un proceso de redescubrimiento interno, una manera de recordar quiénes somos realmente y cuál es nuestro papel en esta vasta inteligencia universal.
- Si Dios no es un ser separado sino la «Conciencia» misma, entonces nuestra conexión con lo divino no se encuentra fuera de nosotros sino dentro: cada pensamiento, cada emoción, cada acto de amor y compasión podría ser una forma de alinearnos con esa «Conciencia» infinita.
- Y si comprendemos esto, nuestra percepción de la vida cambia por completo. Esto significa que no somos víctimas de un Universo frío y mecánico, no estamos aquí por accidente, ni somos simples máquinas biológicas sin propósito. Somos parte de una Inteligencia cósmica y tenemos el poder de influir en la realidad, de elevar nuestra «conciencia» y de transformar nuestro mundo desde dentro.
Imagina por un momento que un grupo de científicos en un intento de explorar los misterios más profundos de la «conciencia» y la realidad terminaran tropezando con una verdad que la humanidad ha buscado durante milenios… sin pretenderlo, sin siquiera imaginarlo, descubren algo que podría redefinir lo que entendemos por Dios… algo que no fue buscado con intenciones espirituales, pero que en su esencia toca las fibras más profundas de nuestra existencia…
Ahora piensa en lo siguiente: y si la respuesta a la cuestión más antigua de la humanidad no estuviera en un templo, en escrituras sagradas o en antiguas revelaciones místicas, sino en el corazón de la ciencia y si en un laboratorio se hubiera encontrado evidencia de una fuerza que sostiene la realidad misma, una fuerza que algunos podrían llamar la esencia de Dios. Lo que estás a punto de descubrir no es solo un experimento más dentro del mundo de la física, no es solo un conjunto de ecuaciones complejas o una teoría sin aplicaciones, es una información que podría cambiar la manera en que comprendemos la vida el Universo y nuestro papel dentro de él, algo que podría hacerte replantear todo lo que creías saber sobre la existencia y la divinidad.
A lo largo de la historia la humanidad ha tratado de comprender el concepto de Dios de muchas maneras: para algunos Dios es un ser omnipotente una inteligencia suprema que creó el Universo y todo lo que existe en él. Para otros, Dios es una fuerza impersonal una energía que fluye a través de todas las cosas y que da origen a la existencia. Y para otros más, Dios es simplemente una invención humana una idea creada para dar sentido a lo desconocido… Pero ¿y si la ciencia sin quererlo hubiera tropezado con una pista que nos lleva a una comprensión más profunda de lo divino? ¿Y si en lo más profundo de la realidad hubiera un principio fundamental que conecta la «conciencia» con la materia la mente con el Universo y que sugiere que hay algo más allá de la simple casualidad?
¿La «conciencia», principio fundamental de la Realidad?
Para entender esto debemos sumergirnos en el mundo de la física cuántica, un campo de estudio que ha desafiado nuestra comprensión de la realidad en formas que hasta hace poco parecían impensables. A diferencia de la física clásica que nos muestra un mundo ordenado y predecible, la física cuántica nos sumerge en un Universo lleno de paradojas y misterios un Universo en el que las partículas pueden existir en múltiples lugares al mismo tiempo, en el que la observación misma cambia el comportamiento de la materia y en el que la «conciencia» parece desempeñar un papel fundamental en la creación de la realidad.
Uno de los experimentos más impactantes dentro de este campo es el famoso experimento de la doble rendija, una prueba que a pesar de su simplicidad ha sacudido los cimientos de la física y ha llevado a preguntas que rozan lo filosófico, lo espiritual e incluso lo divino. Imagina una pantalla con dos pequeñas rendijas y un dispositivo que dispara partículas como electrones o fotones hacia ella. Si estas partículas se comportaran como pequeñas bolitas de materia esperaríamos que atravesaran una de las dos rendijas y se acumularan en la pantalla posterior en un patrón predecible... pero lo que realmente ocurre es algo mucho más extraño y perturbador: cuando nadie observa el experimento las partículas parecen comportarse como ondas, es decir, atraviesan ambas rendijas al mismo tiempo y generan un patrón de interferencia en la pantalla de fondo, como si fueran una ola dividiéndose y volviéndose a unir. Sin embargo, en el momento en que un observador intenta medir por cuál rendija pasa cada partícula su comportamiento cambia radicalmente; deja de actuar como una onda y se convierte en una partícula eligiendo un solo camino… Este hallazgo ha desconcertado a los científicos durante décadas porque la simple observación cambia la realidad. ¿Cómo es posible que una partícula actúe de una manera cuando no la observamos y de otra completamente distinta cuando lo hacemos? Las implicaciones de esto son profundas. La observación misma afecta el comportamiento de la materia. La «conciencia» de alguna manera influye en la realidad. Y esto nos lleva a una pregunta aún más grande: si la observación es lo que determina el comportamiento de las partículas ¿qué o quién es el observador definitivo? Si la realidad en su nivel más fundamental necesita ser observada para manifestarse ¿podría esto ser evidencia de una «Conciencia» universal, un campo de «conciencia» primordial que sostiene la existencia del Universo? Muchos físicos y filósofos han reflexionado sobre esta cuestión. Algunos argumentan que esto podría indicar que la «conciencia» humana es más poderosa de lo que imaginamos, que nuestra mente no es solo un producto de la materia, sino una parte activa en la creación de la realidad. Otros sugieren que esto apunta a la existencia de un Observador supremo, una Inteligencia cósmica que sostiene la existencia de todo lo que es.
Pero esto es solo el comienzo, lo que viene a continuación es aún más asombroso y desafiante: si la «conciencia» tiene el poder de afectar la realidad en su nivel más fundamental, entonces la pregunta que surge es inevitable: ¿existe una «Conciencia» suprema que lo observe todo? ¿podría ser esta la manifestación de lo que las religiones han llamado Dios? Durante siglos los grandes místicos y filósofos han afirmado que la realidad es una ilusión, un velo que cubre la verdadera esencia del Universo. Textos antiguos como los vedas en la India, el Corpus herméticum en el Egipto helenístico y las enseñanzas de grandes pensadores como Platón han sugerido que lo que percibimos con nuestros sentidos es solo una pequeña fracción de la realidad última y ahora la ciencia parece estar acercándose peligrosamente a esa misma conclusión.
El problema difícil de la «conciencia»
Para entender la magnitud de este descubrimiento debemos explorar lo que algunos científicos llaman el problema difícil de la «conciencia». Durante mucho tiempo la ciencia ha tratado de explicar la «conciencia» como una simple función del cerebro. Según esta visión materialista la mente es solo el resultado de procesos bioquímicos dentro de nuestra cabeza. Sin embargo, los hallazgos de la física cuántica han puesto en duda esta idea.
Algunos de los más grandes físicos de la historia han sugerido que la «Conciencia» podría ser una propiedad fundamental del Universo; algo que no puede reducirse únicamente a la actividad neuronal. Max Planck, el padre de la teoría cuántica dijo una vez: “considero la «conciencia» como fundamental. Considero la materia como derivada de la «conciencia»”. Esta declaración es revolucionaria porque implica que la mente no es un mero subproducto del cerebro, sino algo mucho más profundo, algo que tal vez sea la base misma de la existencia. Si esto es cierto, entonces significa que la «conciencia» no está confinada a los seres humanos o a los seres vivos. Significa que la «conciencia» podría estar en todas partes, en la misma estructura del cosmos. Y si la «conciencia» está en todo, entonces la frontera entre lo que llamamos Dios y lo que llamamos Universo comienza a desdibujarse. Pero hay más, experimentos recientes han demostrado algo aún más desconcertante: la existencia de entrelazamiento cuántico, un fenómeno en el que dos partículas sin importar cuán separadas estén pueden influirse instantáneamente la una a la otra. Einstein llamó a esto acción fantasmal a distancia porque parecía violar todo lo que sabíamos sobre la física clásica. Lo que esto significa es extraordinario: si dos partículas pueden estar conectadas más allá del tiempo y el espacio entonces, ¿qué impide que toda la realidad esté conectada en un nivel profundo? y ¿si todo en el Universo estuviera entrelazado de una manera que la ciencia apenas está comenzando a comprender? Algunos científicos han comenzado a especular que este entrelazamiento no se limita a la materia, sino que también se aplica a la «conciencia», es decir, que nuestras mentes podrían estar conectadas a un campo mayor de información, una red de conocimiento que trasciende el espacio y el tiempo. Este campo ha sido llamado de muchas maneras: el inconsciente colectivo de Carl Jung, el campo akáshico en la tradición esotérica o incluso el campo cuántico en términos modernos. Si esto es cierto, entonces podríamos estar participando en una «Conciencia» mucho más grande de lo que imaginamos, una «conciencia» universal que lo conecta todo, que lo observa todo y que de alguna manera podría ser lo que llamamos Dios.
¿Co-creadores de la realidad?
Y esto nos lleva a otra pregunta fascinante: si la «conciencia» influye en la realidad ¿podemos aprender a usar esta conexión para transformar el mundo que nos rodea? ¿podemos de alguna manera interactuar con esta «Conciencia» universal?
Las tradiciones espirituales han hablado de esto durante siglos; los místicos han afirmado que a través de la meditación, la oración o ciertos estados alterados de «conciencia» es posible acceder a un nivel más profundo de realidad, un nivel en el que el tiempo y el espacio dejan de ser barreras y en el que la mente se funde con el todo. Pero ¿qué dice la ciencia sobre esto?: es posible que el acto de la observación consciente no solo cambie la trayectoria de una partícula cuántica, sino que también pueda alterar la realidad a escalas más grandes. Las investigaciones más recientes han demostrado que la intención humana puede afectar sistemas físicos de maneras que aún no comprendemos completamente. Experimentos realizados en laboratorios han mostrado que la atención y la intención pueden influir en procesos aleatorios como la caída de electrones en un experimento cuántico. Esto ha llevado a algunos científicos a preguntarse si nuestra «conciencia» tiene un papel activo en la creación de la realidad, si no solo somos observadores sino también participantes en la construcción del mundo. Si esto es cierto, las implicaciones son enormes. Significa que nuestras creencias, nuestros pensamientos y nuestras emociones pueden tener un impacto real en la estructura de la realidad. Significa que no somos simples pasajeros en este Universo sino co-creadores de nuestra propia experiencia.
Pero esto es solo una parte del rompecabezas. La información más impactante de todas es algo que podría cambiar por completo nuestra comprensión de lo que significa ser humano. Si nuestra «conciencia» tiene el poder de influir en la realidad, si nuestros pensamientos y emociones pueden alterar el mundo material de maneras aún no comprendidas… entonces, nos enfrentamos a una de las preguntas más profundas de la existencia: cuál es nuestro verdadero papel en el Universo.
Cada uno de nosotros es una extensión de la «Conciencia» universal
A lo largo de la historia las tradiciones espirituales han afirmado que los seres humanos no solo somos observadores pasivos de la realidad, sino co-creadores de la misma. En textos antiguos de diversas culturas desde los manuscritos védicos hasta los evangelios gnósticos encontramos la idea de que la mente humana tiene la capacidad de dar forma a la existencia. Lo que ahora la física cuántica sugiere con ecuaciones y experimentos, los sabios de la antigüedad lo expresaban en metáforas y enseñanzas ocultas. La ciencia moderna apenas está comenzando a reconocer el poder de la «conciencia», pero esta idea no es nueva. En la cábala se dice que el Universo es una emanación de la mente divina y que los humanos creados a imagen de esa Inteligencia suprema también poseemos la chispa de la creación dentro de nosotros. En el hermetismo encontramos el principio de mentalismo que afirma que el todo es mente, sugiriendo que la realidad misma es producto de una «Conciencia» primordial. Y ahora la física cuántica parece estar diciéndonos lo mismo con un lenguaje diferente: la «conciencia» afecta la materia. La mente influye en la realidad. Y si esto es cierto, entonces la idea de Dios podría ser mucho más cercana a lo que imaginamos. Pero hay algo aún más sorprendente: si la «conciencia» es un principio fundamental del Universo, entonces podría estar en todo y en todos, no solo en los seres humanos sino en cada átomo, en cada partícula de luz, en cada rincón del cosmos. Lo que llamamos Dios podría no ser un ente separado sino la totalidad misma de la existencia, la red infinita de «Conciencia» que impregna todo lo que es. Esta idea aunque revolucionaria para la ciencia moderna ha sido explorada por místicos y filósofos durante siglos. B. Espinosa, el filósofo del siglo XVII, hablaba de un Dios que no era un ser distante, sino el propio tejido del Universo. Para él Dios y la Naturaleza eran lo mismo, una única realidad infinita y eterna que se manifiesta en todas las cosas. Albert Einstein influenciado por esta visión dijo que su idea de Dios era muy similar, un orden cósmico tan asombroso que la única respuesta posible era la reverencia y el asombro.
Pero si todo el Universo es consciente, si la realidad misma es un campo de inteligencia Infinita, entonces surge una pregunta inevitable: ¿cuál es nuestro lugar en todo esto? La respuesta podría estar en la interconexión entre la «conciencia» individual y la «conciencia» universal: si nuestra mente es parte de este campo infinito, entonces nuestras intenciones pensamientos y emociones podrían ser mucho más poderosos de lo que creemos, no solo en un sentido psicológico o metafórico sino en un nivel fundamental de la realidad. Piensa en esto: si cada uno de nosotros es una extensión de la «Conciencia» universal, entonces el acto de pensar, sentir y percibir no es algo aislado, sino una contribución a la red infinita de la existencia. Lo que creemos y experimentamos no es solo un fenómeno interno sino un eco en el entramado del cosmos.
Esto explicaría por qué las tradiciones espirituales han enfatizado tanto la importancia de la meditación, la oración y la intención consciente. Si nuestra mente está conectada a un campo mayor, entonces nuestros pensamientos pueden resonar en la estructura misma del Universo. Esto podría ser la base de fenómenos que la ciencia aún no comprende del todo como la sanación a distancia, la telepatía o las experiencias místicas en las que las personas sienten una profunda unidad con el Todo. Los estudios más recientes sobre la «conciencia» han comenzado a explorar esta posibilidad. Experimentos en laboratorios han mostrado que el estado mental de una persona puede influir en sistemas físicos de maneras que desafían la explicación convencional. Investigaciones sobre la meditación han revelado que las ondas cerebrales de personas en estados profundos de concentración pueden sincronizarse con las de otros incluso a grandes distancias.
Si todo esto es cierto, significa que cada pensamiento, cada emoción y cada intención tienen un impacto real en el mundo. Que la manera en que percibimos la realidad puede moldear no solo nuestra experiencia personal sino la estructura misma del Universo.
Y si esto es así, entonces la búsqueda de Dios no es una cuestión de fe ciega, ni de dogma religioso sino de exploración profunda. No se trata de encontrar una figura en el cielo sino de descubrir la presencia de la «Conciencia» en todo lo que existe.
La muerte existe, pero no es el final
Pero hay una información final, una verdad aún más impactante que lo que hemos explorado hasta ahora, algo que podría cambiar por completo la manera en que entendemos la vida, la muerte y el propósito de la existencia. Si la «conciencia» no es un mero subproducto del cerebro, si no está confinada dentro de nuestros cráneos, entonces debemos preguntarnos ¿qué sucede con ella cuando el cuerpo muere? Esta es una de las cuestiones más antiguas y profundas de la humanidad.
Las tradiciones espirituales han hablado durante milenios sobre la inmortalidad del alma, la existencia de otros planos de realidad y la continuidad de la «conciencia» más allá de la muerte física. ¿Pero podría la ciencia estar acercándose a la misma conclusión? Los avances en el estudio de la «conciencia» han comenzado a desafiar la visión tradicional de la muerte como un punto final absoluto. En los últimos años numerosos científicos han explorado las llamadas experiencias cercanas a la muerte (ECM), episodios en los que personas clínicamente fallecidas han reportado percepciones extraordinarias: la sensación de abandonar el cuerpo, la revisión de su vida en un instante, la entrada en un estado de luz y amor incondicional, y en muchos casos el retorno con una nueva comprensión de la existencia. Uno de los estudios más impactantes fue realizado por el doctor Bruce Grayson, un psiquiatra que dedicó décadas a analizar estos casos. Sus hallazgos sugieren que las experiencias cercanas a la muerte (ECM) no pueden explicarse simplemente como alucinaciones o efectos del cerebro moribundo. De hecho, en muchos casos los pacientes han sido capaces de describir eventos ocurridos a su alrededor mientras estaban inconscientes, incluso en momentos en que no había actividad cerebral detectable.
Esto nos lleva a una idea revolucionaria: si la «conciencia» puede existir fuera del cuerpo, si puede persistir incluso cuando la actividad cerebral ha cesado, entonces es posible que lo que llamamos muerte no sea más que una transición, un cambio de estado dentro de un campo de «conciencia» mayor.
Esta idea también encuentra eco en la física cuántica: algunos científicos como el doctor Stewart Gemrof y el físico Roger Penrose han propuesto que la «conciencia» no es generada por el cerebro, sino que es recibida por él como una antena capta señales de radio. Según esta teoría, la información cuántica que compone nuestra «conciencia» no se destruye con la muerte, sino que se reintegra en el tejido mismo del Universo.
Si esto es cierto, entonces nuestra esencia no está limitada a esta vida, ni a este cuerpo. Somos parte de algo más grande, de una red infinita de «Conciencia» que trasciende el tiempo y el espacio. Y esto de hecho es lo que muchas tradiciones espirituales han enseñado desde tiempos inmemoriales: que la muerte no es el fin, sino una puerta hacia otra forma de existencia.
Nuestro verdadero papel en el Universo
Pero hay algo aún más profundo en todo esto: si la «conciencia» sobrevive a la muerte, si somos más que materia y nuestra existencia no se reduce a unos cuantos años en este planeta, entonces la verdadera pregunta es: ¿qué estamos haciendo aquí? Las grandes tradiciones espirituales han afirmado que la vida en este mundo es una escuela, un proceso de aprendizaje y evolución. Si la «conciencia» es eterna, entonces cada experiencia, cada desafío, cada sufrimiento y cada alegría podrían tener un propósito mucho más profundo del que imaginamos. Quizás nuestra misión no es simplemente sobrevivir o acumular riquezas materiales, sino despertar a nuestra verdadera «naturaleza».
Tal vez la búsqueda de Dios no sea una cuestión de fe ciega, ni de seguir dogmas impuestos, sino un proceso de redescubrimiento interno, una manera de recordar quiénes somos realmente y cuál es nuestro papel en esta vasta inteligencia universal. Si Dios no es un ser separado sino la «Conciencia» misma, entonces nuestra conexión con lo divino no se encuentra fuera de nosotros sino dentro: cada pensamiento, cada emoción, cada acto de amor y compasión podría ser una forma de alinearnos con esa «Conciencia» infinita. Y si comprendemos esto, nuestra percepción de la vida cambia por completo. Esto significa que no somos víctimas de un Universo frío y mecánico, no estamos aquí por accidente, ni somos simples máquinas biológicas sin propósito. Somos parte de una Inteligencia cósmica y tenemos el poder de influir en la realidad, de elevar nuestra «conciencia» y de transformar nuestro mundo desde dentro.
La ciencia apenas está comenzando a rasgar la superficie de esta verdad. Lo que los antiguos sabios sabían por intuición y experiencia directa hoy comienza a encontrar respaldo en la física cuántica, en la neurociencia y en los estudios de la «conciencia». La frontera entre lo espiritual y lo científico se está desvaneciendo y nos estamos acercando a una comprensión unificada de la realidad. Y aquí está la mayor información de todas:
Si la «Conciencia» es la base de la realidad, si todo está conectado en un vasto campo de inteligencia, entonces cada uno de nosotros es una manifestación de esa «Conciencia» universal.
En otras palabras, la respuesta a la pregunta qué es Dios podría ser mucho más simple y poderosa de lo que jamás imaginamos: Dios no es algo externo, lejano o inalcanzable. Dios es el Universo consciente, el campo infinito del que todos formamos parte. Dios es la «Conciencia» que observa, la Inteligencia que sostiene la existencia, la chispa divina que reside en cada uno de nosotros.
Y cuando despertamos a esta verdad nos damos cuenta de que nunca hemos estado separados de lo divino, siempre hemos sido parte de ello. El verdadero despertar no es encontrar a Dios en el cielo, sino reconocerlo en nuestro interior y en todo lo que nos rodea. Y ahora que has escuchado esto, la pregunta es: ¿cómo cambiará esto la forma en que ves la vida?
Fuente: La Biblioteca Oculta (Transcripción) https://www.youtube.com/watch?v=0aUBaeWTWXk&t=39s
Ver también:
Una Inteligencia cósmica única
La conciencia, dimensión sublime del ser humano
La «Conciencia», vista actualmente por la ciencia
El poder del pensamiento humano: somos co-creadores de la realidad
Secció: LA CONCIÈNCIA