Caída de la religiosidad, anemia espiritual y atrofia de la interioridad
Despreocupación por el cultivo de la dimensión interior del ser humano.
Empecemos diferenciando conceptos como «religiosidad», «espiritualidad», «interioridad» (ver aquí)... Entre ellos existen ciertos matices diferenciadores, pero también un cierto nexo común en el camino que nos conduce a la «trascendencia» de nosotros mismos y la búsqueda de nuestra unión con el «Absoluto», la «Fuente», el «Origen», «Dios». Entre nosotros existe una especie de «ceguera» que nos impide percibir ciertas dimensiones de la Realidad: La cultura técnica en la que nos desenvolvemos es unilateral. No habla al centro del ser humano, a su corazón. La mirada interior corre el peligro de quedar atrofiada. El mundo se ve exclusivamente en sus aspectos periféricos. Las dimensiones interiores quedan ocultas, parecen irreales. Existen ciegos que no saben que sus ojos podrían ver.(Ana María Schlüter)
Hace algunos años, el gran teólogo alemán Karl Rahner se atrevía a afirmar que el principal y más urgente problema de muchos creyentes era su «mediocridad espiritual». La sociedad moderna ha apostado por lo «exterior». Todo nos invita a vivir desde fuera. Todo nos presiona para movernos con prisa, sin apenas detenernos en nada ni en nadie. La paz ya no encuentra resquicios para penetrar hasta nuestro corazón. Vivimos casi siempre en la corteza de la vida. Se nos está olvidando qué es saborear la vida desde dentro. Para ser humana, a nuestra vida le falta hoy una dimensión esencial: la interioridad. Muchos no saben lo que es el silencio del corazón, no se enseña a vivir desde dentro. Privados de experiencia interior, sobrevivimos escuchando palabras con los oídos y pronunciando oraciones con los labios, mientras nuestro corazón está ausente. (J. A. PAGOLA)
- C.G. Jung: “De poco sirve alabar y predicar la luz cuando nadie la puede ver. Lo que haría falta, por el contrario, es enseñar al ser humano el arte de ver.”
- El occidental al huir de su propia alma, pierde conciencia de lo que en ella está depositado.
- Jung exige el redescubrimiento del alma humana y con ello una disposición psíquica que esté orientada hacia el conocimiento de Dios.
- El alma con su rica gama de sentimientos, fantasías y vivencias hay que transformarla de tierra abandonada y estéril en fructífera tierra de cultivo.
- No se presta suficiente atención a todo lo que tiene que ver con la huida del alma.
- El occidente tecnificado ha arrebatado el alma al ser humano y a las cosas.
- La necesidad de educar el ojo capaz de ver las dimensiones más profundas del mundo.
- Es hora de descubrir la dimensión religiosa como dimensión constitutiva del ser humano.
- La espiritualidad es el aspecto más noble del ser humano. (André Comte-Sponville, agnóstico)
Del Baròmetre sobre la religiositat a Catalunya al 2023
Importància de Déu en la vida. Un 33% de les persones enquestades afirma que Déu no és gens important en la seva vida. En canvi, un 23% declara que és molt important. Globalment, en una escala de l’1 al 10, els enquestats situen la importància de Déu en les seves vides en una mitjana de 5. Les dones majors de 64 anys és el grup que declara que Déu és més important en les seves vides. A l’altre extrem, se situen les dones menors de 24 anys. Les persones nascudes fora d’Espanya és el col·lectiu que declara en una major proporció que Déu és més important en les seves vides;
Influència de la religió en la seva vida quotidiana. U n 42% de les persones enquestades afirma que la religió no té gens d’influència en les decisions que pren en la seva vida quotidiana. En canvi, un 14% i un 20% reconeix que té molta i bastanta influència respectivament. Els musulmans i, a una major distància, els cristians evangèlics/protestants sobresurten per tenir molt o bastant present les creences religioses en les decisions que prenen en la seva vida quotidiana.
Pràctica religiosa actual. La majoria mai va a actes de culte. Entre les persones enquestades creients d’alguna confessió, un 57% assenyala que mai va a actes de culte. Un 13% reconeix que hi va un cop per setmana o més. Des del punt de vista de la confessió religiosa, els musulmans i, en menor mesura, els cristians evangèlics/protestants són els més practicants. En canvi, únicament un 7% dels catòlics acudeix un cop a la setmana o més als actes de culte de la seva religió.
Activitats religioses en la vida quotidiana. Algunes activitats religioses com pregar, anar a un centre de culte o llegir textos sagrats són característiques de les persones que es defineixen com a practicants. Però les dades mostren que d’altres activitats com encendre una espelma o fer una ofrena amb finalitats espirituals, parlar amb els éssers estimats difunts o fer ioga o meditació són tant o més populars entre el conjunt de la població, independentment que es considerin practicants o no.
Dades del Baròmetre sobre la religiositat i la gestió de la diversitat de 2023, a Catalunya:
https://www.catalunyareligio.cat/sites/default/files/2024-03/BarometreReligiositatDGAR2024.pdf
Del Barómetro sobre la religiosidad en Catalunya, en el 2023
Importancia de Dios en la vida. Un 33% de las personas encuestadas afirma que nada es importante en su vida. En cambio, un 23% declara que es muy importante. los encuestados sitúan la importancia de Dios en sus vidas en una media de 5. Las mujeres mayores de 64 años es el grupo que declara que Dios es más importante en sus vidas. sitúan a las mujeres menores de 24 años. Las personas nacidas fuera de España es el colectivo que declara en una mayor proporción que Dios es más importante en sus vidas;
Influencia de la religión en su vida cotidiana. Uno 42% de las personas encuestadas afirma que la religión no tiene ninguna influencia en las decisiones que toma en su vida cotidiana. que tiene mucha y bastante influencia respectivamente. Los musulmanes y, a una mayor distancia, los cristianos evangélicos/protestantes sobresalen por tener muy o bastante presente las creencias religiosas en las decisiones que toman en su vida cotidiana.
Práctica religiosa actual. La mayoría nunca acude a actos de culto. Desde el punto de vista de la confesión religiosa, los musulmanes y, en menor medida, los cristianos evangélicos/protestantes son los más practicantes. En cambio, únicamente un 7% de los católicos acude una vez a la semana o más a los actos de culto de su religión.
Actividades religiosas en la vida cotidiana. Algunas actividades religiosas como orar, ir a un centro de culto o leer textos sagrados son características de las personas que se definen como practicantes. Pero los datos muestran que otras actividades como encender una vela o hacer una ofrenda con fines espirituales, hablar con los seres queridos difuntos o hacer yoga o meditación son tanto o más populares entre el conjunto de la población, independientemente de que se consideren practicantes o no.
Convertir el «alma» de tierra abandonada en tierra fértil
Por Ana María Schlüter Rodés. Tesis doctoral: “Por qué unos ven y otros miran y no ven”. (1)
En un alma subalimentada no puede vivir ni Dios
El número de personas que se apartan de la Iglesia en que fueron bautizados ha ido aumentando desde el siglo XX, sobre todo desde la segunda mitad. La razón de este alejamiento no hay que buscarla solo en circunstancias, periféricas por graves que sean. En el fondo se aprecia una incapacidad para creer. Sin embargo, la “ausencia de Dios” o “eclipse de Dios”, que el ser humano experimenta en el mundo técnico, puede ser un bien si contribuye a un descubrimiento más profundo de la dimensión propiamente religiosa y de Dios. Es un llamamiento a la purificación de nuestra fe, si no se quiere perder la capacidad de tener fe. Esa purificación puede ser dolorosa y difícil. El ser humano se encuentra ante la exigencia de aprender a ver el mundo no solo con sus ojos exteriores, sino también con la mirada interior.
Parece que al ser humano inmerso en un mundo técnico, racionalizado y consumista le resulta especialmente difícil descubrir las dimensiones invisibles. La mentalidad técnica desarrolla de manera especial el sentido por lo que se puede medir, pesar, calcular, por lo que es útil, por lo que se puede percibir directamente por medio de los sentidos exteriores. Todo esto tiene importancia, pero se está desarrollando en una grave desproporción con los demás aspectos de la persona.
La cultura técnica es unilateral. No habla al centro del ser humano, a su corazón. La mirada interior corre el peligro de quedar atrofiada, como de hecho ocurre muchas veces. Entonces el mundo se ve exclusivamente en sus aspectos periféricos. Las dimensiones interiores quedan ocultas, parecen irreales.
No es extraño que muchos autores hablen ya desde hace tiempo de ceguera como, por ejemplo, Karl Rahner (1904-1984): la verdadera realidad de lo espiritual no logra manifestarse bien al ser humano ciego y cegado de hoy en día. Es lo que debería volver a aprender a percibir antes de que se haga demasiado tarde, a no ser que su órgano capaz de presentarle la verdadera realidad, no esté ya irremediablemente atrofiado.
C.G. Jung (1875-1961) ha escrito: “Mientras la religión no sea sino creencia y forma exterior y mientras la función religiosa no sea una experiencia de la propia psique, nada fundamental se ha conseguido. Falta por entender que el mysterium magnum no solo existe en sí mismo, sino que a la vez y de modo principal está anclado en el alma humana. El que no sabe esto por experiencia propia, puede que sea un teólogo muy erudito, pero de lo que es religión no sabe nada y menos todavía de educación del ser humano (...) En una ceguera, se puede decir que trágica, estos teólogos no se dan cuenta de que no se trata de la demostración de la existencia de la luz sino del hecho de que existen ciegos que no saben que sus ojos podrían ver. Habría que darse cuenta que de poco sirve alabar y predicar la luz cuando nadie la puede ver. Lo que haría falta, por el contrario, es enseñar al ser humano el arte de ver.”
C. G. Jung acusa en el mundo occidental una disposición exageradamente extravertida descuidando de manera preocupante el aspecto interior del ser humano. Esto explica el éxito de las religiones orientales, donde el occidental intuye una respuesta a una necesidad intrínseca descuidada. Al huir de su propia alma, pierde conciencia de lo que en ella está depositado en forma de potencial en cuanto a sentimiento religioso. Pierde contacto con los arquetipos y los símbolos, que anidan en el corazón y que según Jung constituyen la disposición necesaria para poder acoger la revelación de Dios. Por tanto, exige el redescubrimiento del alma humana y con ello una disposición psíquica que esté orientada hacia el conocimiento de Dios.
J. Rudin, en su libro Psicoterapia y Religión, subrayaba con insistencia esta concepción básica de Jung, añadiendo que todavía no se presta suficiente atención a todo lo que tiene que ver con la huida del alma. El alma con su rica gama de sentimientos, fantasías y vivencias hay que transformarla de tierra abandonada y estéril en fructífera tierra de cultivo. Otro autor llamaba la atención sobre lo mismo: “Un punto considerado todavía demasiado poco por pedagogos y psicólogos es (...) el declive de la capacidad de tener vivencias íntimas, lo cual constituye un aspecto de la destrucción psíquica del ser humano moderno desarraigado.” Se postula, pues, desde diferentes ángulos, el abandono de la huida del alma y la necesidad de educar el ojo capaz de ver las dimensiones más profundas del mundo. Para Victor Frankl la conciencia, el amor y el arte son columnas del alma.
“Esto significa sin duda un intento vigoroso de saneamiento cultural”, juzga Han Fortmann. Considera que “el occidente tecnificado ha (...) arrebatado el alma al ser humano y a las cosas”. Y en otra parte: “Hemos descuidado (...) la base humana de la religión”. Se trata de recuperar aquello de que depende la capacidad para ver el mundo en sus dimensiones invisibles. “Llegar a ser hombres y mujeres de fe significa cambiar de mirada. Vemos el mundo que es capaz de ver nuestro ojo.”
Hace años he visto como una joven se resistía a llamar una experiencia profunda que había tenido experiencia religiosa, pues lo religioso le sonaba a algo artificial, impuesto desde fuera, todo lo contrario a algo que surge de lo más profundo del corazón, que es simple y verdadero. El maestro Eckhart, citando a una autoridad pagana, seguramente griega, dice en uno de sus sermones: “Percibo algo en mí que brilla en mi espíritu; me doy cuenta que es algo, pero qué es no lo puedo entender; pero me parece, que si pudiera captarlo, comprendería toda la verdad.” Entonces le dijo otra autoridad: “Anda, persíguelo. Porque si lo pudieras captar, tendrías la esencia de toda bondad y la vida eterna.”
Sin experiencia no hay fe, solo creencias
Sin experiencia no hay fe, solo creencias. Se llega a la fe-experiencia respondiendo a un anhelo interior, con ayuda de pistas orientadoras y una práctica.
Filósofos como Heidegger, teólogos como Karl Rahner y psicólogos como C. G. Jung, además de diferentes pensadores y pedagogos occidentales, en parte citados más arriba, hablan de la necesidad de abrirse a una dimensión nueva y antiquísima para ser plenamente humanos. Decía un teólogo: es hora de descubrir la dimensión religiosa como dimensión constitutiva del ser humano.
Es ahí donde de un modo natural se puede experimentar la unidad de cuanto existe y de la que forma parte la vida humana. Sin esa conciencia de unidad una tercera parte de los habitantes del planeta hunde en la miseria a las otras dos terceras partes y se explotan los recursos de la Tierra de una manera que llega a ser suicida. Antonio Machado decía que para superar el hambre en la Tierra hacía falta una revolución espiritual.
El agnóstico André Comte-Sponville, afirma abiertamente que “la espiritualidad es el aspecto más noble del ser humano”. El olvido de esta dimensión profunda conduce a una “anemia espiritual” insoportable (Mónica Cavallé), que ha conducido a que “la epidemia más grave del mundo moderno sea la superficialidad” (Raimon Panikkar).
Elaboración a partir de materiales diversos
(1) Ana María Schlüter Rodés nació en Barcelona en 1935 de padre alemán y madre española. Debido a las guerras, desde el segundo año de vida hasta los catorce vivió en Alemania, desde 1949 de nuevo en España. Estudió Filosofía y Letras en Barcelona, Hamburgo y Friburgoi. Br. (Alemania), Nimega y Utrecht (Países Bajos), doctorándose en Barcelona con una tesis en torno al tema “Por qué unos ven y otros miran y no ven”. Desde 1958 es miembro del instituto de vida consagrada “Mujeres de Betania”, viviendo de 1958 a 1965 en los Países Bajos, donde se fundó. A partir de un encuentro ecuménico organizado con una periodista sueca en Sigtuna en 1968, por invitación de un profesor del Instituto Superior de Pastoral de Madrid, hasta 1987 fue profesora de ecumenismo en varias universidades españolas, mientras vivía comprometida socialmente en un barrio periférico de Madrid, siendo secretaria de una Asociación de Vecinos. Desde 1976 fue asistente y traductora del jesuita y maestro zen Enomiya-Lassalle. En 1985, después de estancias prolongadas en Japón, Yamada Kōun Roshi la nombró maestra zen en Kamakura. Creó con sus discípulos zen el centro Zendo Betania en Brihuega (Guadalajara), donde reside desde 1988. Acompaña en el camino del zen a numerosas personas en España y México. Da conferencias, publica artículos y libros.
Ver también:
Religión, religiones, interioridad y espiritualidad
La importancia fundamental de la vida del espíritu
Situación postmoderna: del materialismo al cultivo de la interioridad
secció: INTERIORITAT, ESPIRITUALITATS, SAVIESA