Manifiesto sobre la consciencia planetaria
Nos hallamos en el umbral de una nueva etapa de evolución social, espiritual y cultural. Nos enfrentamos con el reto de elegir nuestro destino. Estamos sentando las bases para una sociedad global pacífica y cooperadora o para el fin de la ocupación humana de este planeta. Nos encontramos al borde del colapso ecológico. Se sigue gastando mil millardos de dólares al año en armas y ejércitos, y sólo una diminuta fracción de esta suma en mantener un entorno habitable. Necesitamos percibir los problemas en su compleja totalidad. Nuestra respuesta ha de ser global, holística e integral. Debemos poner en acción nuestras responsabilidades individuales y colectivas. Los seres humanos necesitamos un ideal que alcanzar o una responsabilidad que aceptar. El camino: la evolución del espíritu y la consciencia humanos en busca de un mundo en el que todos podamos vivir en paz, libertad y con dignidad. La consciencia planetaria implica conocer y sentir la interdependencia vital y la unidad esencial de la humanidad. Su evolución es el imperativo básico de la supervivencia humana en este planeta.
Manifiesto redactado por Ervin Laszlo en colaboración con el Dalai Lama y
adoptado por el Club de Budapest el 26 de octubre de 1996
- En los últimos años del siglo xx hemos llegado a una disyuntiva crucial de nuestra historia. Nos hallamos en el umbral de una nueva etapa de evolución social, espiritual y cultural. La manera en que lidiemos con las sacudidas presentes y futuras determinará nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos y nietos.
- El desafío al que ahora nos enfrentamos es el reto de elegir nuestro destino. Nuestra generación, de todos los miles de generaciones anteriores, está llamada a decidir el destino de la vida sobre este planeta. Los procesos que hemos iniciado en nuestra vida y en las vidas de nuestros padres y abuelos no pueden continuar en las de nuestros hijos y nietos. Sea lo que fuere lo que hagamos creará o bien el marco para alcanzar una sociedad global pacífica y cooperadora, continuando la gran aventura de la vida, el espíritu y la consciencia en la Tierra, o bien sentará las bases para el fin de la ocupación humana de este planeta.
- Las pautas de actuación en el mundo actual no son esperanzadoras. Millones de personas están sin trabajo. La brecha entre naciones ricas y pobres, y entre personas ricas y pobres en el interior de las naciones, es grande y sigue aumentando. Aunque la comunidad está amenazada por el colapso ecológico. Se sigue gastando mil millardos de dólares al año en armas y ejércitos, y sólo una diminuta fracción de esta suma en mantener un entorno habitable.
- Hoy en día se requiere algo más que una actuación fragmentada y la solución de problemas a corto plazo. Necesitamos percibir los problemas en su compleja totalidad y comprenderlos, no sólo con nuestra razón e intelecto, sino también con todas las facultades de la intuición y la empatía. Más allá de los poderes de la mente racional, las notables facultades del espíritu humano incluyen el poder del amor, la compasión y la solidaridad.
- Si mantenemos valores y creencias obsoletos, una consciencia fragmentada y un espíritu egoísta, también estamos manteniendo objetivos y comportamientos obsoletos. Tenemos la obligación de sentir el mar de fondo subyacente a los sucesos y percibir la dirección que están tomando: evolucionar el espíritu y la consciencia que nos permitan percibir los problemas y las oportunidades ... y actuar sobre ellos.
- Para vivir y actuar de manera responsable la condición necesaria es una nueva manera de pensar. Para evolucionarla es necesario fomentar la creatividad en todas las personas, en todas las partes del mundo. La creatividad no es un atributo genético sino cultural de los seres humanos. La cultura y la sociedad cambian con rapidez, mientras que los genes lo hacen lentamente.
- La diversidad sostenida es otro requisito de nuestra era. La diversidad cultural y espiritual en el mundo humano es tan esencial como en la naturaleza y el arte.
- El mundo del siglo XXI sólo será viable si mantiene elementos esenciales de la diversidad que siempre han caracterizado a las culturas, credos y a los órdenes económicos, sociales y políticos, así como a las maneras de vivir. Crear un mundo diverso pero equitativo e intercomunicado requiere algo más que limitarse a hablar de igualdad y a tolerar las diferencias que existen entre nosotros.
- En el transcurso del siglo XX, hay gente en muchas partes del mundo que ha sido consciente de sus derechos, así como de las muchas y persistentes violaciones de ellos. En este siglo también debemos ser conscientes del factor sin el que ni los derechos ni los valores podrán salvaguardarse con eficacia: nuestras responsabilidades individuales y colectivas.
- Los seres humanos necesitamos algo más que alimentos, agua y refugio; incluso más que el trabajo remunerado, la autoestima y la aceptación social. También necesitamos algo por lo que vivir: un ideal que alcanzar o una responsabilidad que aceptar. En el mundo actual, todas las personas, vivan donde vivan y hagan lo que hagan, son responsables de sus actos como: individuos particulares, ciudadanos de un país, colaboradores en negocios y en la economía, miembros de la comunidad humana, personas dotadas de mente y consciencia. Y como personas dotadas de mente y consciencia, nuestra responsabilidad radica en fomentar la comprensión y el aprecio de la excelencia del espíritu humano en todas sus manifestaciones, y en inspirar asombro y maravilla por un cosmos que ha manifestado la vida y la consciencia y que ofrece la posibilidad de su continua evolución hacia niveles superiores de inspiración, comprensión, amor y compasión.
- En muchos lugares del mundo, el auténtico potencial de los seres humanos está tristemente atrofiado. Eliminar los males y frustraciones sociales y económicos requiere un considerable desarrollo socioeconómico, y eso no es posible sin una mejora en educación, información y comunicación. A menos que los espíritus y consciencias de las personas evolucionen hacia la dimensión planetaria, los procesos que alientan el sistema social-natural globalizado se agravarán y crearán una onda expansiva que podría hacer peligrar toda la transición hacia una sociedad pacífica y cooperadora global. Ello podría representar un revés para la humanidad y un peligro para todos. La evolución del espíritu y la consciencia humanos es la primera causa vital compartida por la familia humana en su integridad.
- En nuestro mundo la estabilidad estática es una ilusión; lo único permanente es el cambio sostenible y la transformación. Existe una necesidad constante de orientar la evolución de nuestras sociedades a fin de evitar el colapso y progresar hacia un mundo en el que todos podamos vivir en paz, libertad y con dignidad. Esa orientación no proviene de maestros y escuelas, ni siquiera de líderes políticos o empresariales, aunque sus compromisos y papeles sean importantes. Esencial y crucialmente proviene de cada persona. Cada uno de nosotros debemos empezar con nosotros mismos a la hora de evolucionar nuestra consciencia hacia esta dimensión planetaria. Sólo entonces podremos ser agentes responsables y eficaces en el cambio y transformación de nuestra sociedad. La consciencia planetaria es conocer y sentir la interdependencia vital y la unidad esencial de la humanidad y la adopción consciente de la ética y el ethos que ello implica. Su evolución es el imperativo básico de la supervivencia humana en este planeta.
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